Amor

Como sobrevivir a la nochevieja (y al día siguiente y a los planes venideros)

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imageOkey. Pues hemos llegado al final de este año. Así, sin quererlo y esperarlo y con doce kilos de más en nuestro cuerpo serrano después de pasar por la casa materna, la casa de la suegra, la casa de los amigos, la chocolatada del trabajo, la cena de grupo de la promoción de EGB, la noche loca de madres de vástagos menores de un año, la quedada de viejos amigos del barrio, la de todos los antiguos compañeros de trabajo por los que has pasado y el arrejunte golosinero de los motivaos de gimnasio que te quitan la vez en la cinta de correr en cuánto te descuidas y que se quieren volver locos una vez al año sin barritas de cereales energéticas de por medio. Seeeeeehhhh… aquí te dejo unos consejillos, porque nena es el momento de enfundarse un vestido negro de lycra, ponerse tacones e ir rumbo directo a la cena más larga del año con doce uvas y botella de Champán como colofón final.

  • Primer práctico e inevitable consejo: Estas buena y lo sabes.

Nada importa, de verdad, son nuestras costumbres. ¿Tienes la lorza? Si, ¿Estarás deseando salir a correr la maratón de NY para quemarla? Si, pero… ¿Es el momento de tocar esa masa con forma de roscón de reyes que se ha pegado a tu cintura y que hace que te veas como un flotador gris de un barco transatlántico? Noooooo. Este es un mensaje de ánimo de una gordita. En la vida hay muchas cosas que te hacen feliz, una de ellas es la comida y eso no impide que puedas disfrutar de la otra “cosa” que todos sabemos. Vamos que los gorditos ligamos un montón, te lo digo yo. Y ¿por qué? Porque el no tener ya complejos de nada y haberte acostumbrado a tu cuerpo, hace que todo tu potencial sexual se emita por los poros de tu piel. Simplemente: Tienes pinta de pasarlo muy bien (en la cama también) y la gente LO SABE.

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  • Segundo consejo: Be Water my friend.

No nos engañemos. Esta va a ser una noche chunga. Muy chunga. Ten en cuenta que el 2014 ha sido un mal año en casi todos los sentidos posibles para casi todo el mundo menos para quién le ha tocado la lotería, es decir, cada uno en su cabeza estará haciendo balance de sus cosas y con cuatro horas de cena (y bebida libre) por delante, la cosa se puede complicar y mucho, así que lo mejor es que vayas preparada mentalmente como si fueras un marine… Cuerpo, mente, alma y un fusil de largo alcance o junco hueco, respira y … tomate un par de vinitos antes para que vayas relajada.

  • Tercer consejo: Deja la mitad

Porque la cena consistirá en un remake de la cena de nochebuena (me hiciste caso y quedaste con tu amigo/a después y te diste el alegrón, ¿no?... tarde para enmendar. Esta va a ser una mala noche para localizarlo/a) A saber, habrá un plato de cada cosa más las diecisiete ocurrencias que habrán migrado hasta tu mesa desde algún programa lejano de cocina emitido en la galaxia exterior. Aun así prueba sin engullir cada cosa, menos lo que se mueva, y sonríe, sonríe hasta que te salgan las comisuras de la boca por las orejas.

  • Cuarto consejo: Vacía tu Smartphone (otra vez) y llénalo de material inflamable…

Te van a sentar otra vez con tu cuñao y lo sabes, así que para contraatacar el despropósito de la cena de Nochebuena, llena tu Smartphone de “memes” de Jota punto Iglesias, de videos de mamas Noeles dando saltitos, de niños andaluces contando chistes y así hasta que no te quede espacio y que la suerte te acompañe. Hazte también un video megalargo de FaceBook, con mil fotos contando tu año, enséñaselo cada vez que te diga “ah ah ah ah mira mira mira…” y no borres ese material hasta que sea día dos de enero.

  • Quinto consejo: prepara una frase de felicitación y cópiala al portapapeles de tu teléfono.

¿Qué queremos que Guachap explote esa noche y no nos invadan miles de mensajes Spam en cadena? Sí.

¿Qué no va a suceder? También.

Copia / pega.

Todo (TODO) el mundo lo hace.

  • Sexto Consejo: No olvides tu ropa interior de color rojo.

Okey. Doscientos treinta y ocho platos han pasado por delante de ti y no has explotado. Quedan quince minutos para que den las campanadas y alguien, por ejemplo tu bisabuela o tu tía lejana de Alpedrete, te pregunta : ¿te has puesto las bragas rojas? Si la respuesta es no, prepárate para calzarte una bragas del cajón de tu madre, tía o abuela de cuello vuelto de color rojo intenso. Luego no me digas que no te lo advertí.

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  • Séptimo Consejo: Las uvas a puñaos.

Ni dios se entera como se comen las uvas en España y menos los que presentan las campanadas. Yo las meto a puñaos en la boca y así acabo antes. Procuro sentarme frente a alguien que no me haga reír para no liarla parda y listo!! Feliz año!! Con mis quince o veinte uvas en la boca.

  • Octavo consejo: ¿Te vas de cotillón?

 Good!! Prepara cien pavos y unas manoletinas de 3 euros para tus castigados pies. El cotillón de nochevieja es ese sitio en el que pagas por entrar cien euros, te dan garrafón, un gorro de papel, un matasuegras y en el que no hay ni una mesa libre para sentarse, así que si elegiste ir allí con tacones mala suerte. Ni ligarás, ni te darán una copa en condiciones, ni volverás a sentir tu metatarso. Hazte con unas manoletinas del Primark baraticas, anda y por lo menos sentirás tus pies al día siguiente.

  • Noveno consejo: ¿Churros? Si , por favor…

La nochevieja termina cuando te has comido la media docena de churros de rigor, tras siete horas bailando chunda-chunda y con los pies moraos. Es tu momento, sal de la disco acompañada por los zombies que quedan a esas horas y vete a la churrería del barrio. Tu cuerpo necesita esa grasilla extra para dormir las diez horas del tirón que necesitarás para volver a ser persona.

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  • Décimo consejo: Pon el modo avión.

Inmediatamente después de salir de la churrería pon el modo avión en el teléfono y no vuelvas a tocarlo hasta el día tres de enero. El momento en el que estás ahora es un momento de cansancio y debilidad extremo y puedes ser víctima de la suscripción a un año de gimnasio o master de Ingles por internet. Al día siguiente (a este) no recordarás haberte suscrito y empezarán a gotear las cuotas en tu cuenta corriente.

Bender-aplausos… Y hasta  aquí mis diez consejos. Feliz salida y entrada de año.

Te espero en el 2015, no dejéis de venir por aquí (o por tuiter eso ya tú mismo) y contarme si tuvieron resultado.

Beeeeesoooosss

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La ternura de un domingo

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estacion

Los domingos son los días de las despedidas. Los días en los que la gente va a los trenes y los aeropuertos, a las estaciones de autobuses, con la mochila colgada del hombro y espera. Espera a que el sol se vaya y a que llegue el maldito tren, el maldito autobús, el maldito avión que les devolverá a una rutina que odian. Lo sé, porque durante mucho tiempo tuve que coger un tren que me dejaba a cuatrocientos kilómetros de mi casa, para volver a ella cinco días después. Recuerdo la tristeza que despertaban en mi las esperas y los domingos. Recuerdo como ese simple hecho cambió mi vida de una forma que no podía imaginar, y es que, en el trasiego de ir y venir, comencé unos diarios en los que contaba como estaba enamorándome en secreto de una amiga. Fue esa escuela, esos viajes en tren, esos momentos en los que me sentí en soledad y desarraigo, en los que descubrí dos cosas sobre mi misma, la primera que estaba conociendo el amor de una manera que no había imaginado y la segunda que me gustaba escribir, y releer lo que escribía, porque ello me daba formas de explorar mi interior que hasta aquel momento no conocía.

Hoy, han pasado unos doce años. Vuelvo a una estación de tren. Allí no tengo mochila pero también me despido. Aunque sé que no serán más que unos días. Tengo lágrimas en los ojos, porque me resulta duro volver a sentir el desarraigo de nuevo y porque la estación está llena de gente que va y viene, que también escribe sus cosas y que espera a que llegue el maldito tren para sumirles en una carrera que a lo mejor no es la que les hace más felices. Tengo lágrimas en los ojos, porque resulta que la vida es así, y cada vez que visito una estación de tren y tengo que despedirme de alguien pienso, que a lo mejor no vuelvo a verlo y eso me parte el corazón. Me hace cuestionarme si somos conscientes de la fragilidad de nuestra propia existencia, de nuestro propio tiempo. Hace que me estremezca, en parte porque hiela, en parte porque no cae una gota de lluvia en las despedidas y en parte, por lo absurdo de las despedidas en las que recordamos al que se va, que revise sus billetes. Para que se asegure bien de no perder el viaje, aunque este viaje nos despierte una melancolía que en el fondo, no tiene ninguna explicación lógica pero, que duele.

“Revisalo bien. ¿Lo llevas todo?” Decimos temiendo que en ese mundo desconocido al que va no haya de nada y al acabarse el mar, una enorme catarata lo engulla y desaparezca para siempre.

Y en ese miedo, nos quedamos, haciéndonos muy chiquitos. Temiendo que tras esas largas horas de espera, nunca más vuelva a la estación en la que lo dejamos.

Odio las despedidas. Odio los domingos que traen despedidas.

Odio las lluvias que no caen para despertarnos del miedo absurdo a que la gente que queremos desaparezca en una catarata gigante.

Pero llega, siempre llega el domingo, con cataratas y sin ellas. Con sus pesados minutos cayendo sobre nosotros y nos toca separarnos. Salir despedidas cada una a su sitio. O a su lecho, o a su conformista y burgués existencia, en la que habrá lunes y frío y parques llenos de niños que echan de menos a sus padres. En la que habrá recuerdos de orgasmos, todos ellos sin culpa y de besos, llenos de amor, de deseo, de sexo y de futuro. Saciados del fin de semana, un tiempo en el que fuimos libres y no tuvimos puesta la ropa.

Habrá domigos y lunes, aparte de estaciones y resacas de obras de Teatro estupendas y mochilas llenas de Croisants de chocolate para el camino. Habrá un tiempo para estar con la gente que se quiere sin plantearse otra cosa más que es estupendo continuar juntos y es mejor que lo disfrutemos, porque puede que al día siguiente, por ejemplo un Martes, nos toque volver a una estación de tren repleta de gente que va y viene, todos con sus “cosicas” por dentro que se desarman y entonces, nos arrepintamos de todo el tiempo que perdimos pensando que “eso” -ir hacia ninguna parte- es lo que tocaba.

 

 

Sexual Healing

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Pensamiento azul sobre fondo blanco. Me hablas sobre el cerebro, su estructura, sus juegos, las pasadas que nos juega en la antesala de la recompesa. Me acomodo, ante mí se dibuja la palabra orgasmo y un sentimiento inanimado de vergüenza recorre mi espalda. Llegamos a la conclusión, ya sabes, la de que Vangok se amputó la oreja no en un ataque de ego artistico sino en un arrebato de dolor auditivo. Me creo perdida, envuelta en un papel celofan que recuerda a una canción de Jazz. La resaca es una poderosa arma de autoconocimiento.
Me escribe, me escribe mucho desde hace mucho tiempo. El pasado vuelve a mi como si yo quisiera abrirle la puerta. Cepillo con una escoba la arena de mi puerta. En mi sueños pesco camarones de colores, de nuevo extiendo redes, vuelvo a nadar entre las gambas de un estanque cristalino, de nuevo lloro de emoción y eso me hace feliz… vuelvo a sentirme viva.
Pensamiento azul sobre fondo blanco. Te sonrio, he vuelto a sentarme sobre mi hipotalamo. Ya no quiero ser nada, abandonar cualquier postura es lo unico que me importa. Te veo resplandecer, en el calor de la noche, me afilo los colmillos, me relamo buscando en la oscuridad tu abrazo incierto. Como una gata, sin saber que esquina de tu cuerpo es la más adecuada para restregarme, me apreto contra tu espalda quedandome dormida, soñando que ya haciamos el amor, sabiendo que reinventabamos el sexo. Me despiertas, de nuevo caes sobre mi, eres torre de babel que ha dejado de comprender el orden que existe en los archivos de la mente. De pronto eres aura que no se ve, marea que recorre acantilados gigantes, animal que ataca, mastil en el que hundirme, verso que no se scribe, beso que no se da, agua que ya no bebes.
Eres la sed que me empuja a beber.
Pensamiento blanco sobre fondo azul, tu saliva es la pagina en la que escribo que ya no puedo hacer promesas sobre el futuro desde que Dios me dijo que solo él controlaba el destino de todas las personas y las cosas.
En la medio de la noche sueño, que los lagos del planeta son infinitamente azules, que ya casi nadie muere por amor, que la noche fresca sigue al día templado. Que la lluvia es una promesa de recompensa y que en realidad nunca es demasiado tarde sino una sabe dejar atrás las cosas.