Familia

Carta para Daniella

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Nunca había imaginado que escribir para otros podría convertirse en algo que me produjese temor. Siempre me había abanderado de todo lo que había considerado oportuno, pero al convertirme en madre y enamorarme de nuevo de todo lo que me rodea, me he dado cuenta que nadie está preparado para ahondar tanto en un sentimiento del que no tenemos la menor idea cuando nos embarcamos en la aventura de traer nuevas vidas a este cruel mundo.

Al principio no quería que nadie lo leyera, había pensado en guardar esta carta que he escrito en una circular de su escuela de idiomas, durante veinte o treinta años, a ver si así reunía el valor suficiente para no llorar mientras le veía leerla pero luego he caído en la cuenta de que a lo mejor dentro de veinte o treinta años no puedo ver como la lee,  o a lo mejor resulta que sí y nos ponemos a leerla y ya no puedo descifrarla como me ha pasado tantas veces, no porque no conozca el contenido, ese no lo voy a olvidar mientras viva, sino porque mi letra será tan imposible de leer hoy como pueda serlo dentro de veinte o treinta años  y entonces me arrepentiré, me arrepentiré de no haberle dado esta carta que su otra mamá sabrá descifrarle mejor que yo.

Siento miedo al transcribirla, y también esperanza en que muchas madres de familias no convencionales, a las cuales hace unos años nos colgaron el cartel de rompe-familias-tradicionales-de-los-usos-y-costumbres-Españolas se verán reflejadas en lo que expresa y al mismo tiempo harán que otras madres, que no pertenecen a este colectivo de madres sino al colectivo de madres con otro sentir distinto, la lean y puedan a lo mejor verse también reflejadas en ella. Siento miedo al transcribirla, sobre todo porque tanta etiqueta y colectivo y grupo y no grupo y concepto o no de familia me produce dolor de cabeza y un cansancio tremendo. Me agota de verdad, esta lucha estúpida por ser el que más siente y el que mejor sabe hacer las cosas y el que respeta más y el que sabe cómo deshacerse en igualdades que ponen todas las evidentes diferencias encima de la mesa. Llevo un tiempo pensando que quién pierde tanto su tiempo en revisar la vida de los demás, igual es porque su vida no es lo suficientemente plena y necesita reorganizar a su alrededor todas las estratosferas y categorías distintas de madres que encuentra a su paso,  como su fuéramos libros que meter en una estantería del IKEA. Mirad, yo sobre el orden y lo feliz que puede hacerte decirle a cada uno como debe vivir su vida no sé nada, lo que sí sé es  que tengo un sentimiento de felicidad dentro cuando miro a mis hijos y un orgullo que me desarma por completo y eso es lo que creo que siente cualquier madre cuando los mira. No se es más madre ni menos madre, no existen las madres, las madrecitas y las madrazas y desde luego formar o no una pareja convencional y el estar solo, junto, separado, en grupo o en tribu, no te proporciona un estatus diferente frente a este sentimiento. Nadie te prepara para esa ola que te invade cuando día tras día ves como ellos crecen y tu menguas hasta que al final se han convertido en una parte tan enorme de ti, que tu misma preferirías desaparecer con tal de que fueran felices.

Pagarías cualquier precio, con tal de ver como sonríen.

Quién tiene el derecho de juzgar si eso es malo solo por compartirlo con una pareja de tu mismo sexo. Porque si me da una razón yo puedo darle veinte sobre lo contrario. Porque si me dicen que mis hijos no serán felices y normales, yo puedo demostrarle que lo son tanto o más que cualquier otro niño, pero no he vuelto a escribir para eso, para discutir sobre qué concepto de familia es la mejor o es la peor. He vuelto a escribir para transcribir estas letras, ahora que todavía no se han desdibujado. Ahora que aún conozco el contenido y de las cuales me siento a pesar de sus imperfecciones, orgullosa.

sombrero-de-copa

“ A Daniella le gustan los teatros de sombras,

Los cuentos que terminan bien,

Las arañas que cantan en inglés.

Le gustan los regalos, hacerlos.

Le gustan los bailes locos.

Los dedos de colores

Las formas que tienen las cosas para las que aún no encuentra palabras.

A Daniella le gustan los abrazos

Y que le susurres al oído.

Como todo niño le encanta el chocolate

Y ponerse en medio cuando sus dos madres se dan un beso.

Le encanta meterse bajo las cabañas de su manta mágica

Y hacer ratones con la plastilina.

Y que nadie le diga qué tiene que hacer

Y a quién debe querer y a quién no.

Ella sabe muy bien a quién echar de menos

Con quién tiene que pintar o comer un helado.

A Daniella le gustan los teatros de sombras

Pero no las sombras que tienen los teatros.”

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