Mi primera vez en Crossfit

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  He escrito este post con la lengua porque es lo único que no me duele. Ante todo quiero haceros saber que yo era una tía deportista, con quince años como todo hijo de vecino, corría como un galgo, saltaba como un gamo y nadaba como un tiburón pero, fue darme a los placeres de la vida y echar, no ya la curva de la felicidad sino la cadera de la felicidad. No obstante nunca he cejado en mi empeño de combatir esta genética tan maravillosa con la que he sido agraciada y echar músculo. He probado casi todos los deportes que os podáis imaginar : Mountainbike cuando las bicis pesaban 30 kilos y no llevaban marchas. Spinning con sus cullotes y su música de spinning y todo. Natación con su gorro oficial y sus gafas de bucear, sin aletas, salpicando, ala! a lo bruto. Marcha, esta disciplina la dejé pronto porque me aburría como una ostra, como una ostra coja eso si. Aerobic, lo mismo, no coordino aunque lo intente y las mallas rosas me quedan fatal, aparte de eso es que el Aerobic requiere de unas habilidades sociales de las que yo carezco, no puedo llamar a la gente cari mientras sudo, lo siento, siempre he sido más de cagarme en lo más sagrao cuando algo no me sale. Baloncesto, con mi estatura lo único que podía hacer era correr de un lado a otro de la pista con la esperanza de que me cayera algún rebote. Éramos un equipo infantil de lo más entusiasta, peleábamos como leonas y perdíamos todos los partidos. Quedamos las últimas cada año hasta que dejamos la EGB atrás pero, allí estábamos cada fin de semana para darlo todo. Después me dió por la vida cinegetica, así llegué al senderismo, la pesca deportiva y la recogida de setas de temporada y espárragos trigueros, esquivando jaras, cardos, árboles, bichos y todo lo que se ponía en mi camino, porque si algo he tenido claro en la vida, es que camino que empiezo, camino que termino. Eso de cambiar cada dos minutos de perspectiva en la vida, y querer ser hoy pescadero y mañana un unicornio blanco no me va nada, así que ahí estábamos yo, con mi caña y mi nevera llenita de cervezas y la naturaleza con su vasta capacidad de venganza para recodarme que no era más que otra simple mortal. Al final descubrí que mi sangre era un manjar para los mosquitos y tábanos y tuve que abandonar mis aficiones campestres. También sucedió que me atacaron un par de panales de avispas alcarreñas furiosas por el calor de agosto y por que les había pisado su panelito y tuve que correr como alma que lleva el diablo. Eso y que me volví megaurbana, tanto silencio estaba empezando a ponerme nerviosa.  

Tengo que reconocer que tras dejar cada deporte me tomaba un tiempito de descanso, que siempre iba acompañado de sus correspondientes comilonas y cuando ya vi, que pasaba los ochenta kilos de largo en un último acto de desesperación por no seguir cogiendo más me inicié de forma poco inteligente en el running, disciplina que practiqué con mucho afán durante casi un año, de forma más o menos irregular y teniendo como objetivo correr la Mitja con mis primas de Barcelona. Objetivo que finalmente nunca llegué a conseguir tras dejar de entrenar después de reventarme un sábado con una tirada de 11 km y mis ochenta kilos de peso. Y es que ese siempre ha sido el problema fundamental, el sobrepeso. Me he resistido con ahínco a ponerme a dieta, confiando en que mi alma luchadora y fuerza muscular natural me ayudarían a ponerme a tono y perder la barriguita (y el resto de cosas que sobresalen). Eso está muy bien cuando una es constante pero, cuando vas tres veces al mes porque no te da la vida para más y lo acompañadas con todo tipo de gastronomía sin medición ni tino, cuando tienes una fantástica vida social que incluye viajes al norte, copas por la noche con los amigotes y tapas a todas horas con sus Cañas, vas de culo, contra el viento y cuesta abajo.  

Así pasó el tiempo, mucho, me dio tiempo a escribir unos cuantos libros, casarme, cambiar de trabajo y pasar por unas cuantas Navidades más, en las que iba sumando más volumen a mi castigado cuerpecito. Hasta que fuimos madres, hasta el día en que nació Daniella y la sombra de la responsabilidad de cuidarme más para poder cuidar de ella y de Raquel cayeron sobre mi y decidir dejarme guiar a una vida más sana y tomamos la decisión de visitar a un dietista profesional y que pusiera en orden nuestros hábitos alimentarios. Tengo que reconocer que he pasado gran parte de estos meses acordándome de él y de toda su familia hasta tres generaciones venideras pero que el esfuerzo ha merecido la pena (casi ocho kilos menos) porque ya no pienso en desayunarme diecisiete Donuts y cenarme dos huevos fritos con su chorizo y su barra de pan, ahora sé que lo que entra tiene que estar medido y que de alguna manera tiene que salir cuando sobra y la forma en la que entra pueda ser de lo más placentera pero, la forma en la que sale, ay amigo aquí es donde viene el Crossfit,  puede ser de lo más dolorosa. 

  Huelga decir que llegué a conocer el #Crossfit por Raquel punto G, que es adicta a todas las disciplinas de gym que os podáis imaginar y que estaba rumiando en su cabeza cual sería el siguiente paso atlético que daría para no aburrirse levantado pesas frente al espejo mientras sus compañeros sacaban la siguiente foto que mandar a instamgram. Un día me enseño un video de un nuevo deporte que quería probar. Ya os he comentado lo de mis habilidades sociales por lo que no es de extrañar que tras ver como gente como yo (bah un poco más cachas pero apenas hay diferencia) se levantaba en anillas o saltaba cajones flamenco como mi patio de grandes me dije: “Ostia! Esta es la mía, a levantar ruedacas! A gritar y a levantar pesas como loca en plan militar. Y me vi allí  levantado mi peso, sudando, marcando músculo, terminando el circuito y no caí en la cuenta de que hacia casi dos años que ni corría en serio. No obstante allí me planté. Seguí las instrucciones del monitor y os juro que mientras me explicaba como hacer una sentadilla al estilo espartano, pensaba : “Que fácil”. Hasta qué me vio la moral con la que me enfrentaba a la sentadilla y me calzó una barra de veinte kilos para “practicar la técnica” . Fui una ingenua, pensé que practicar la técnica era hacer el ejercicio y para sacar pecho repetí varias veces la técnica y “tres veces” por unas cuantas más con los veinte kilos encima mío pues eso…De pronto noté una voz grave que me emplazó a no quemarme, puesto que sólo estábamos “aprendiendo”. Fuimos después al cajón a saltar (cosa que ya no pude hacer porque me temblaban las piernas como sí fuera un cervatillo) y a colgarnos de la barra para hacer “dominadas” . Para el alma cándida que no lo sepa, la dominada es aquella práctica atlética en la que mientras cuelgas como un jamón tienes que levantar tu peso por encima de la barbilla con la única ayuda de tus brazos. Es decir, si te queda alguna fibra sana a esas alturas te la rompes y ya sí eso te haces un torso nuevo. Cuando me colgué la barra sentí como me crujían tres vértebras y sólo pude decir “ah, que peso un huevo” y me solté. No lloré porque estaba mi mujer delante. Creo que el monitor vio los pucheros y se apiadó de mi, me llevó a las anillas y me perdonó lo de colgarme como un jamón por lo de levantarme haciendo como si remara, actividad que me levantó bastante la moral y que repetí también  hasta el agotamiento como una gilipollas.

De pronto escuché un silbido. Nos reunimos junto a la pizarra. El reloj del cronómetro marcaba veinte minutos. Me temblaban los brazos y las piernas pero pensé que íbamos a estirar o algo así, hasta que el monitor me pregunto si tenía claro el circuito  y anotó que había que repetirlo diez veces. Con mirada de pena miré el reloj y comenzó la cuenta atrás, quería huir, salir haciendo la croqueta pero las llaves del coche las tenía Raquel. Aún así respiré hondo y lo di todo, porque al final tanto con tanto esfuerzo físico me pegó una especie de subidón que sólo puedo comparar a comer queso de cabrales. Con orgullo puedo afirmar  que terminé seis rondas completas, en la número siete aunque mi cabeza lo intentara mi cuerpo no podía moverse estaba como bloqueado, en el nivel físico es un entrenamiento de alto rendimiento y en el nivel  psicológico   te pone  constamente a prueba . Te das cuenta de la cantidad de miedo que tenemos a todo: a caernos, a levantarnos, a no poder levantarnos, a no poder estar a la altura, a saltar ¿Os habéis preguntado cuánto tiempo hace que no saltáis? ¿Qué no hacéis el bruto con otros compañeros de juegos sin que parezca que estáis zumbados? ¿Os habéis preguntado cuánto tiempo hace que nos ponéis un límite digno , tanto que parezca imposible de alcanzar?

Todo eso es el Crossfit.

  
Yo iba a hablaros de las agujetas que me persiguen desde hace cuarenta y ocho horas, del dolor que siento mientras duermo. De la rabia que me da no poder levantarme del sillón con mi hija encima porque tengo las piernas bloqueadas y de que nunca he deseado más en mi vida tener pene que en este momento solo por no tener que sentarme en el baño. Iba a hablaros de que he tenido que dejar parado el coche todo el fin de semana porque no puedo meter las marchas, de que mi mujer me ha apodado velociraptor porque llevo los brazos doblados y no puedo estirarlos. Iba a hablaros del dolor que me ha perseguido durante todo el puente pero en lugar de eso voy a hablaros del orgullo que siento de no haberme dejado vencer y de haberlo intentado hasta el final. De eso y de que no pienso parar hasta que me dejen levantar las ruedas de tractor de fuera!!!

Auuuuu

  

12 comentarios sobre “Mi primera vez en Crossfit

    Virginia escribió:
    mayo 18, 2015 en 4:52 am

    Jajajajajaja, genial, Moni, sencillamente genial, ánimo, que tú puedes!

    Noemi escribió:
    mayo 18, 2015 en 9:45 am

    Jejejeje…
    Yo veo desde hace tiempo cómo hacen #Crossfit en mi gimnasio y no se me ha ocurrido la loca idea de meterme a hacer el bestia con ejercicios cortos y muy potentes sin apenas calentar. (Aparte de que ni se me pasa por la cabeza intentar saltar con las 2 piernas a la vez a una plataforma que está casi a la altura de las caderas, porque llegar ya sé que no voy a llegar y no tengo ganas de partirme las tibias y los dientes…) Yo creo que el crossfit es para gente que está realmente en forma, y aún así, tengo mis dudas de que no sea lo más parecido a intentar lesionarte en el menor tiempo posible.
    Y eso que yo no he dejado nunca de hacer deporte y se supone que más o menos estoy medio en forma. Que no lo estoy. No lo estás nunca porque en cuanto cambias lo más mínimo de ejercicio, agujetas que te crió! Lo que demuestra que nunca se está en forma a no ser que dediques 4 h. diarias a ejercitar un poco todos los músculos. Cosa que prácticamente nadie tiene el tiempo y la fuerza moral de hacer.
    Me solidarizo contigo totalmente con el tema de las agujetas porque ya te digo que yo en el fondo soy una flojucha y me salen por una cosa u otra casi todas las semanas. Pero yo insisto. Como tú. No quiero ni imaginar si me dejara vencer por el miedo a las agujetas y flojeara en el poco ejercicio semanal que hago. El truco está en calentar bien, estirar después, y en variar un poco cada semana, tomárselo con tranquilidad y ajustarse cada uno a sus posibilidades y objetivos.
    Y por supuesto, no dejar nunca de hacer deporte, moderado si es posible, y si no, pues aunque sea poco. Igual así no se adelgaza pero al menos te sientes estupendamente después de una buena sudada. Eso es innegable.
    Así que mucho ánimo! Y vente para la huerta de Murcia que ruedas de tractores hay las que quieras, jajajaja….
    #BESOTESSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!!!!!!

    monicamartin respondido:
    mayo 18, 2015 en 9:54 am

    Esta genial. Seguro que muero en el intento, el tiempo que lo practique pero lo utilizo como complemento a la dieta 😆😆😆. A la huerta murciana voy pero a meterme esos vinos y arroces que tenéis. En cuanto nos organicemos claro esta. Prometo no venirme arriba y adaptarme a mis posibilidades … Luego verás como veo las anillas y me tiro a por ellas como una loca!!! 😂😂😂😒😂

    Noemi escribió:
    mayo 18, 2015 en 10:03 am

    Loca! Jajaja…
    Yo seguiré con mi spinning, mi bodypump alguna vez que otra, mis abdominales, y mis pesitas para completar. Y a ver si consigo volver al tenis, que tengo el gemelo más “delicao” que… ains.
    Ya me contarás cómo evolucionan esas anillas😉

    monicamartin respondido:
    mayo 18, 2015 en 10:15 am

    Sep!! Y tú ya me contaras como evoluciona el verano, si estamos ya pegaicos al sol o no!!! 😂😂😂

    Noemi escribió:
    mayo 18, 2015 en 10:19 am

    Yo ya soy mulaaaaaaaata, mi amol, jajaja!
    Aquí ya vamos los findes a la playita así que ya estoy morena, que en Murcia hay 6 meses de verano, ¿no ves que estamos más cerca del sol que el resto del planeta?😉

    monicamartin respondido:
    mayo 18, 2015 en 10:49 am

    Jajajajaja aúpa Murcia!!!

    sonietasmv escribió:
    mayo 19, 2015 en 9:50 am

    Jajajaja. Me he reído mucho leyendo tu post. A mis “casicuarenta” también he hecho todo tipo de deporte. Siempre he sido malísima con las raquetas y balones, así que opté por temas atléticos y natación. Ahora con tres niñas, mi mujer y yo, vamos al gimnasio (los ratos que nos dejan). Nos encanta hacer cosas juntas, pero con las niñas es imposible, una se ha de quedar en casa, así que vamos a turnos, jajaja.
    Me gustaría probar esta disciplina, pero en mi gimnasio no hay, así que seguiré con mi bodycombat ( me gusta mucho eso de dar puñetazos, patadas, sentadillas, flexiones, saltos) y con lo que me dejen hacer los raticos que puedo ir. Hay días que hay suerte y hay algúuna clase que me gusta, y otros días, pues a correr en la cinta y máquinas…
    Arriba esa fuerza de voluntad, y cómete un platanico nada más terminar….algo hará con esas “abujetas” (que dice una de mis hijas, jejeje)
    un saludo desde Zaragoza

    monicamartin respondido:
    mayo 19, 2015 en 9:54 am

    Holaaaa!!! Encantada de leerte, espero verte más por aquí. Nosotras igual, nos turnamos con la nena. El crosfitt mola mogollón pero es durísimo, si en el futuro tienes ocasión pruébalo, ya veras como te enganchas. He probado de todo para las agujetas pero incluso hoy todavía, cuatro días después sigo sintiendo dolor incluso cuando duermo. Habrá que esperar a que se reconstruya el músculo. Bueno, un abrazo muy fuerte desde Madrid y encantada de leerte.

    sonietasmv escribió:
    mayo 19, 2015 en 9:55 am

    Otro abrazo!! Seguimos leyéndonos!!

    Noemi escribió:
    mayo 20, 2015 en 10:19 am

    Moniiiiiiiiiii, ¿cómo van esas piernas?
    Si no te atreves todavía a repetir con el Crossfit, anímate con el FitBoxe (muy parecido al BodyCombat).
    Anoche hice otra vez una clase de Fitboxe después del Spinning y el pobre saco las debió de pasar “canutas”. Te puede encantar, darle puñetazos de todo tipo y patadas al saco, al ritmo que te indica el monitor y con la música súper-motivadora a tope.
    Dale cañaaaaaaaaaaaa!
    Que eso prácticamente no da agujetas y si te lo tomas medio en serio te fundes!

    monicamartin respondido:
    mayo 20, 2015 en 10:51 am

    Pues hoy genial!! Todavía no he recuperado cien por cien, pero el algidol de por la noche me ayudo a dormir sin dolor y he recuperado bastante. El viernes vuelvo! Arriba tienen sala de entrenamiento de boxeo, algún día voy a pedir guantes y que me dejen subir para darle al saco un rato… A ver si me quedo suave suave. De momento, a ver si consigo terminar la clase de fundamentals sin desmayarme. Besacos!!!

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