Trademark

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trademarkAhora debería estar concentrada en el nuevo trabajo que tengo pendiente, ¿cómo una puede tener un nuevo trabajo pendiente si el trabajo que tenía hasta hace quince días era el que debería, en este momento y no en otro ser el foco de atención? Fácil, hay que enfocarse. Enfocarse en teclear una palabra y después otra y más adelante, puede que en ese universo paralelo que imaginamos que son las cosas, dejar que el estilo se vaya o vuelva o haga las dos cosas y se encuentra una, que no otra que no es una, haciendo una cosa distinta a la que estaba haciendo.

Y que le permite satirizar sobre lo que le rodea desde que era chiquitita y las cosas le hacían más o menos gracia. Satiriza porque sí, porque puede. Y no sobre nada o nadie en particular sino sobre lo que lleva viendo con sus dos ojillos desde el principio de los tiempos y ahí, en ese punto, se ve fuera de la zona de confort literario. Se ve arriba de las letras que escribe, que no abajo y nada vuelve a ser a lo mismo. Porque la banalidad le otorga el poder de fraccionar su estilo como le plazca. Y ya no siente la presión de hacer algo serio, pero si la satisfacción de haberlo terminado.

Dije el viernes pasado que para mí un libro comienza a escribirse justo en el momento en el que uno – o una, vaya– empieza a imaginar que lo escribe. Lo mismo pasa con los relatos, y con los poemas, son todo lo mismo. Sentimientos que en algún punto de tu cerebro se transforman en palabras. Que se puede hacer con mayor o menor pericia, que si, que estamos seguros de que lo ponemos todo en el traductor de nuestra cabeza cuando nos ponemos a ello, que si. Que se puede traspapelar la minoría absoluta de las cosas en tu cabeza y de pronto encontrarte frente a un grupo de personas que te escuchan atentamente mientras intentas explicar : que el libro nace no se hace y que es el derecho y la obligación del escritor defender su trabajo. Hacer las cosas como quiera, porque se puede vivir a base de trademarks, mínimas ideas en la cabeza, sentimientos encontrados, registros emocionales y favores personales. Pero de quién siempre nos acordamos fue de la persona que nos fue honesta y nos dijo la verdad sobre lo que lo estábamos escribiendo. Se puede vivir a base de la ilusión de que vas a hacer una cosa y sabes que otra cosa muy distinta es que sabes que la haces. Dónde sea. Porque eso dentro de cien años no importara demasiado, eso dentro de cien años serán meras anécdotas que una quería decir y que no dijo o que traspapelo en algún punto de su cerebro, en el momento en el que quiso empezar a calentar los dedos y escribir y solo encontró el granizo de una tarde fría en un verano raro, rarísimo, en el que tenía demasiado tiempo libre para poder cambiar de registro, de personajes, de idea, de Smoking.

¿Sabéis lo que son las palabras para un escritor? Las palabras lo son todo. ¿Y los silencios, lo sabéis? Los silencios significan todavía más que las palabras y que el orden que se le dieron al traspapelarlas.

Por si no quedó claro lo del viernes, que el libro se escribe al pensarlo y que la habilidad del escritor se mide al plasmarlo en el papel.

Y ahora me vuelvo a lo mío, pues eso, a escribir.

2 comentarios sobre “Trademark

    entendemos escribió:
    julio 5, 2014 en 2:43 pm

    ¡¡Buenos días!!
    Te escribo para avisarte que he seleccionado tu blog para concederle el Lovey Blog Award, pásate!
    Por cierto, enhorabuena🙂

    http://entendemos.wordpress.com/2014/07/05/lovely-blog-award/

    Noemi (Murcia) escribió:
    julio 7, 2014 en 9:45 am

    🙂

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