Ay! Cortázar

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texthere

Lo busco, desde hace meses. Se ha convertido en una pesadilla, su búsqueda digo. Creo que podría ser lo más grande del universo micro nuclear y en ese punto y no otro, me gustaría empezar a practicar la ruptura de los cordones umbilicales que me enseñó mi bruja: “Tienes que imaginarte en un escenario, frente a ese sentimiento, persona o cosa a la quieres desligarte”… Está mal decirlo pero, no he visto muchos teatros en mi vida, quizá por eso el Teatro Salón Cervantes de Alcalá de Henares sea lo primero que aparece en mi mente cuando cierro los ojos. Rojo terciopelo sobre negro iluminado, deficiente sistema de sonido y sin embargo, vivo. Estoy yo y esta vez sí que soy yo, ni más alta, ni más baja, ni más delgada, ni más gorda, ni más rubia, ni más morena y por qué no, ni siquiera más guapa. Tan solo yo, bueno yo y se me olvidaba, mi Alter Ego. No había reparado en él y eso que no para de observarme en la distancia.

Coloco mi Alter Ego frente a mí, porque así lo mandan los rituales de las brujas perversas. Tiene forma de oreja desdibujada con piernas y brazos, pero sin ojos, ni boca. ¿Qué otra cosa podría ser sino el Ego sin Alter, que una enorme oreja que le gusta que le acaricien las curvas enceradas? Una ve un Alter ego, bueno imagina un Alter ego y, piensa que será deslumbrante, resplandeciente y carismático, bonito, pero la realidad es tan distinta y a menudo tan distante. En el fondo es un pabellón auditivo que se arruga ante cualquier cacofonía protuberante que nace de la ausencia de público. Es un gran órgano y está preparado para recibir las odas de ondas sonoras que vienen de las masas de personas que acuden a regalarle una ovación tras otra. Por eso se arruga, ante el silencio de la sala vacía, se arruga. Barre 180 grados desde el escenario, como un sonar perdido en medio de la inmensidad de un océano pero, no escucha nada. Cree que está solo y se sienta en la posición de flor de loto porque piensa, cree con fervor, que los ríos de bárbaros fieles llegarán tarde o temprano y, él podrá recibir audiencia de cada uno de ellos. No hace otra cosa desde que lo saqué a paseo que sentarse frente a un estadio de público vacío esperando que alguien le diga lo hermoso, exuberante, magnifico y maravilloso que es, esa cosa, yo Alter-Ego, Alter-Hada, Alter-Nada y después historias descabelladas de hormigas que salen brotando de la tierra viva.

Va, lo confieso, me gusta Cortázar. Me gusta hasta escuchar como relataba sus “cósicas” inéditas para el futuro. Me gusta como ha venido a mí su planteamiento de no escribir desde el ayer sino desde el presente para el mañana. Creo que él tenía una idea en mente que se parece un poco a la mía, darle al futuro algo. Ser un poco actor, un poco gañan, un poco cruel. Lo suficiente, como para que te recuerden sin demasiado esfuerzo. Claro, que con su talento se podía permitir tantas cosas, hasta hablar de bestiarios, de hormigas, de bebes y de velorios.

Sin embargo, igual, incluso no tenía Alter-Ego. Porque tenía barba no como yo, que me miro y encuentro que hay un cordón umbilical que nos une en vez de una barba negra y masculina. Me impide abandonar la sala y ser yo misma. Lo siguiente sería marcharme por la puerta, cubierta por las sombras de la noche, paseando una hormiga en mi corbata amarilla y buscar entre las piedras de una ciudad antigua, trozos de palabras y teatros que me recuerden la sonora “vocacidad”. Si “vocacidad” , término que no existe y que a partir de ahora define la vocación por desgaste, en lugar de por bonanza. Me vais a permitir que sin utilizar las equis también yo, me invente alguna palabra.

La oreja, digo, me sostiene. O lo hace Cortázar y como arrastra las erres. Al principio me hacía gracia, escuchar como arrastraba las palabras pero, después el acento. No sé, todo lo que tiene de Argentino, me hizo quedarme quieta, quieta, en un coloquio absurdo con toda la realidad que me rodea. Me hizo buscar pupilas iridiscentes que me afiancen mis “cósicas” de escritora descerebrada, allí donde la seguridad en mi misma no llega. Quería sentirme bien y sin embargo, he comenzado a sentirme tan qué sé yo, ¿desbordada?  por lo que me llega a las Orejas Alter-Hadas, que incluso esta “vocacidad” que le canto al auditorio vacío me parece otra forma más de inventarme las cosas para “ello”, pues sí, es una oreja vacía.. Alter-Hada, Ego-Lada. Ahora tengo que romper, sí , romper. Esa cosa que nos une a mí, a la oreja, a Cortázar, al auditorio vacío y a la sensación de vértigo y pérdida. Sin miedo, sin prisa, sin nadie. Solo con un silencio tiznado de la bruma tonta de una noche fría.

En algún momento lejano del tiempo, cuando comenzaron a salirme arruguitas en los ojos me planteé ser Actriz. De las malas. De las que no salen en los TeleFilmes. De las que actúan ante los demás y todos se las creen. Pero, ya no. Ahora toca cortar. Será nada, solo un cortecito con la “vocacidad” y cuando este cúmulo de grasa de Hada y cera se haya marchado cabizbajo, podré definitivamente sentarme sola frente a un montón de butacones de tercera vacíos y entonces qué pasará.

Qué pasará. Qué seguiré teniendo arruguitas en los ojos.

Y a lo mejor descubro que me he hecho mayor.

Y ya no dibujo cosas en la arena, ni hago castillos. Ni hago nada.

Porque todo será un drama infernal en el que la gente finge dolores y amores que no existen.

Y habrá guerras terribles otra vez, por ver quién está en el primer puesto de las colas de los auditorios que en el fondo, oídme bien, están vacíos.

Y entonces alguien pensará que has hecho algo por dañarle mientras que tú lo hiciste porque todo te daba lo mismo y solo querías estar sentada en ese teatro bonito, lleno de negro, rojo y bruma tonta en el que estabas todas las noches, desde hacía tanto tiempo. Tanto. Que incluso aprendiste que escribir no era lo importante, no. No lo era.

Qué pasará.

¿Que habrá días y noches en los que no, no me encontraré el polvo de hadas en los bolsillos y seguiré fingiendo que eso era lo que quería, mientras se pierde mi propio bestiario?

No, no, no. Yo, no puedo. Y sin embargo, puedo. Tener “Vocacidad”. Hormigas que se pasean por corbatas amarillas, despedidas filmadas en París, y bebes que hablan de Guerras terribles en Rayuela. Yo puedo, tener a Cortázar y a mi Alter-Hada. Y todas las arruguitas en mis ojos que quiera, porque eso solo indica que me hallo viva, mirándoos a los ojos a vosotros, el auditorio que cada día lee mis bestiarios.

Atentos a los primeros minutos… impresionante Cortázar!

5 comentarios sobre “Ay! Cortázar

    Noemi (Murcia) escribió:
    noviembre 22, 2013 en 10:31 am

    !!!!!!!!!!!!!
    Qué paranoia, guapa! Has fumado algo?? Jejeje… Es bromita.
    Uf…

    Pd: Mi compi de despacho (de hace 20 años), tiene “frenillo” en la lengua y pronuncia las r’s muy parecidas, jejeje…😉

    monicamartin respondido:
    noviembre 22, 2013 en 10:33 am

    emmm… no…🙂 Me llamo la atención su obra y quería hablar sobre él, bueno y sobre otras muchas cosas… Besos , helados besos

    Noemi (Murcia) escribió:
    noviembre 22, 2013 en 10:51 am

    Si no es por lo de Cortázar, es por el speech completo😉
    Bstos.

    monicamartin respondido:
    noviembre 22, 2013 en 10:58 am

    Ahora es cuando Raquel punto G me daría una colleja y me diría… ¿Quieres dejar de escribir paranoias?!! que no hay quien cojones te entienda???!!!!

    Lo dejamos como literatura Experimental.. ea! y todo como amigos😉

    Noemi (Murcia) escribió:
    noviembre 22, 2013 en 11:04 am

    Jajajajajaja!!!!!!!
    Ganas de veros YA!

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