(3) I`ve got you… under my skin

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Deshago las promesas que te hice

con nudos invisibles de derrota,

me refugio en tus sombras inservibles

con la esperanza de que seas otra…

 

mujerfarolaEl camino de vuelta a casa se les quedó pequeño. Nunca había demasiado tiempo para mirarse, hablar, darse la mano o cogerse del brazo mientras paseaban pero, aquella noche… aquella noche fría, tempestiva y húmeda de invierno, se regalaban los secretos que no se habían dado hasta el momento.

 

No había suficientes adoquines en el suelo para saciar aquella intensa sed que parecía no querer esfumarse. Ni había bastante oscuridad para refugiarlas. Ni demasiados rincones alejados del inexistente tránsito que, a altas horas de la madrugada, tenía aquella desolada calle. No habría otro momento como ese que habían estado esperando sin todavía, saberlo.

 

Al escuchar su familiar voz, la escritora se giró petrificada.

Vas a cogerme de las manos, no sé si seré capaz de volver a entrelazar tus dedos.

Pensó y por un instante quiso salir corriendo. Huir de la familiaridad del abrazo fácil de la amistad. Deponer las armas. Darse por vencida. Correr calle arriba para no volver nunca más.

Pero no lo hizo, espero a que llegara a la altura de sus ojos y mientras tanto se convirtió en un inmenso interrogante, la pregunta previa a la derrota. Se convirtió en abandono, en el total y absoluto convencimiento de que debía escaparse por las rendijas de las puertas y por los quicios de las ventanas, con tal de no volver a pasar otra noche… otra noche como tantas noches pero, al final, tan distinta a esta.

 

Annais corrió hacia a ella y cuando estuvo a pocos centímetros se paro en seco, como esperando una respuesta, una absolución, una palabra, una acción distinta que no fuesen sus ojos llenos de lágrimas. Pero no la hubo, no hubo ni esa acción, ni esa palabra, ni esa respuesta, ni siquiera una leve manifestación de por qué se había marchado así.

 

Por qué se había marchado así.

 

Justo en el momento en el que sentía que había conectado con aquella pantera albina. Justo en el momento en el que todas las teclas que había tocado en su vida se habían unido en una sola canción y habían viajado hasta los oídos y las manos. Hasta los ojos y las palmas. Hasta los deseos, emociones, carencias y anhelos de todas las almas que se habían perdido cada noche con ella en aquel lugar… justamente en el lugar en el que ellas se encontraron.

 

Tocó la piel de su cara que resbalaba como un delfín recién salido del agua. Le pareció que tenía entre sus dedos parte de la vida que necesitaba sentir y que le había sido lluvia4negada. Parte del futuro que no era capaz de proyectar. Resbaló la punta de los dedos por la mejilla de la escritora, que permanecía quieta con la esperanza de que aquel instante no terminase nunca. Limpió las furibundas lágrimas que se mezclaban con la llovizna y sostuvo su cara entre las manos. Respiró, profundamente, mientras la persistente lluvia golpeteaba sus caras, sus labios, sus pestañas. El baho salió huyendo de sus bocas, mezclando sus alientos. Sus labios se tocaron bajo el frío de aquella noche. Se tocaron e hicieron como que no se conocían. Se quedaron quietas, tomando contacto de lo que en realidad estaba a punto de suceder y pronto sus lenguas se encontraron. Sabían a agua de la calle, a la sal de unos celos que habían delatado un incontinente deseo, sabían a fuego del infierno, a millones de palabras que no se han dicho. Sabían a furtividad y con esa cadencia, representación y culpa, se exploraron. Probaron a que sabía la saliva de la otra y en un frustrado intento por tocarse terminaron apoyándose en una solitaria pared que estaba sucia, mojada y fría.

 

Annais desabrochó inquieta su abrigo mientras ésta levantaba los brazos en señal de entrega. Buscó entre los pliegues de su jersey y de su cuerpo. Lo conocía. Lo había abrazado muchas veces. Lo había medido muchas veces, con las distintas formas que adopta la convivencia. Sus manos, sus piernas, su espalda, su cuello, su cara, su olor todas las noches. Se quedaba dormida mientras escuchaba su profunda respiración pero, aquella noche era distinto, Annais tenía las manos heladas y el cuerpo caliente. No quería dormirse, no podía dormirse. Levantó la ropa, lo suficiente para colar sus largos dedos en ella. Encontró una piel mansa, expuesta y erizada que la recibía de forma distinta a como lo había hecho hasta ahora. Se miraron, encontró sus pezones. Erectos, vivos, enormes e hizo presión sobre ellos.

Contra la pared.

Sus manos empujando su cuerpo, un cuerpo más corpulento que el de ella y también, más abierto, caliente, emocionado, inmenso y dispuesto.

Más tibio.

Más vivo.

Quiso que no terminara nunca.

Que su lengua no se detuviera.

Que sus manos no separaran sus pieles.

Que la lluvia no cesara jamás

y que el sabor de su boca se quedara para siempre con ella.

 

Muchas veces había imaginado a qué sabría su boca, hoy no podía procesar nada. Un millón de emociones despertaban a su cuerpo, a su mente y a su alma.

 

De pronto sintió algo, como si las palabras volviesen a su cabeza. Llevaba mucho tiempo sin poder hilar dos frases seguidas. Primero fue la soledad y luego el desconocimiento. Más tarde solo tuvo aliento para tumbarse a su lado y pasar una noche tras otra. Olvidó a qué sabía la pulsión de la palabra escrita, olvidó su belleza y como resbalaba por las noches en su incontinente demencia.

Se olvidó de si misma y salió a la calle a beber vino.

Ahora daría lo que fuera por tener una copa de vino entre sus manos. Quería compartirlo todo con ella, la bebida también.

 

Tiny- Toon las miró desde el otro extremo de la calle. Enfocó sus pupilas cristalinas en ellas mientras se calaba hasta los huesos. Sin entender muy bien qué era lo que estaba viendo avanzó unos pasos, cautamente, intentando no ser oído por más alto y pálido que fuere. Era como un vampiro. Se había acostumbrado a vivir de noche. A veces sentía que podía volar, de lo flaco que estaba pero después, tomaba consciencia de que la realidad era solo un espejismo y ponía los ojos en blanco.

 

Tras la última canción había salido corriendo del escenario. Era increíblemente hermosa. En el primer instante que se encontraron pensó que con ella podía tener hijos. Unos hijos albinos, casi transparentes como el agua y tuvo la certeza de que a poco que hiciera bien, lo que decía que sabía hacer, terminaría perdidamente enamorado de ella.

 

Tocó el piano.

El acompañó las notas con su voz.

Y tras el primer ensayo, tras la primera conversación musical que tuvieron, quiso volverla loca.

Apretarla con sus enormes y calientes manos contra una pared. Rebuscar en su jersey y encontrar , tal vez, unos pequeños pezones de color rosado, con los que poder jugar.

Quiso penetrarla y con ello capturar el talento que tenía pero, al marcharse corriendo, se dio cuenta de que había misterios en ella que nunca sería capaz de dominar.

Por eso, y porque temía verse perdido de nuevo, salió corriendo tras sus pasos.

 

BAJO-LA-LLUVIASe quedó observando tras una farola cercana como se daban su primer beso. Vio las manos de la pianista enredarse en la ropa de aquella extraña, como sus lenguas se buscaban, y sus ojos, y las sombras que estaban alrededor de ellas, como él, que sentía la piel de su sexo estirarse. Estranguló el metal del alumbrado en un intento de evitar un gemido de placer. Una mezcla de rabia y deseo hizo que sus nudillos se volvieran blancos al rodear la farola. Respiraba despacio. Intentaba respirar despacio pero, su agitado aliento parecía un convulso río a punto de desbocarse. Metió el estomago hacia dentro con el objeto de convertirse en invisible. Se preguntaba si podía inplosionar. No quería ser descubierto. Quería permanecer en ese estado de vigía durante toda la eternidad aunque, en el fondo sintiera como un huracán de muertos levantarse entre sus pies.

Excitado y vulnerable, confuso, observó como se enredaban sus lenguas.

Le pareció una imagen bellísima.

Una imagen en la que le hubiera gustado participar.

El corazón entero vino a su boca, al darse cuenta de que no podrían tener esos cristalinos hijos y se acordó del niño elefante, de lo distinto que era de él y de como después se convirtieron en almas gemelas. Por un momento quiso hablarle pero, luego recordó que estaba muerto. Muerto o desaparecido o ambas cosas. Quiso beber. Quiso beber hasta caer inconsciente pero, la excitación que sentía al verlas. las ganas de estar en medio de ellas, la ambición de sentirse amado por las dos le mantenía despierto y sobrio.

 

Un persistente latido regaba la parte interior de sus muslos, al apoyarse en la farola sintió la fría humedad que resbalaba por el latón en su pene y se encogió de dolor. Se palpó el pecho, el ombligo, el sexo y se encontró.

Se encontró bajo la lluvia, deseando ser, solamente un sentimiento entre ellas.

Una fugaz expresión.

Un beso o cientos.

Annais se escondió en el cuello de la escritora,ésta por fin la abrazó. Se dieron un minuto, el tiempo justo para darse cuenta de que ya no volverían a ser solo amigas, puesto que la amante que había dentro de ellas se había despertado por fin, descubriendo un nuevo mundo a sus pies.

 

 

 

 

 

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10 comentarios sobre “(3) I`ve got you… under my skin

    Marisa escribió:
    marzo 10, 2013 en 6:26 pm

    Gran historia creada con pequeños relatos….enganchadisima semana a semana!!!
    Tienes muchisimas cosas bajo tu piel…gracias una vez mas por compartirlas.

    monicamartin escribió:
    marzo 10, 2013 en 9:10 pm

    Espero daros un final sorprendente. Me alegro de que guste, un montón, de verdad. Un beso

    Noemi (Murcia) escribió:
    marzo 11, 2013 en 8:21 am

    Lo leí este finde desde el móvil pero quiero darle otra lectura más tranquila.
    Me absorves con tus relatos, chiqui!!

    Precioso.
    Bss.

    alejagagliotta escribió:
    julio 15, 2013 en 1:44 pm

    Uuuff simplemente brutal, yo cada día más enamorada de todo lo que escribes!! Fantástica no, lo siguiente!!

    monicamartin escribió:
    julio 15, 2013 en 5:43 pm

    Gracias. Un abrazo!

    Noemi (Murcia) escribió:
    octubre 24, 2013 en 2:05 pm

    Y el siguiente capítulo???
    Annais te reclama!! 🙂

    Mónica Martin escribió:
    octubre 24, 2013 en 2:20 pm

    Mueren todos. Ya está Fin de la historia…. perdón es que estoy menstruando

    Noemi (Murcia) escribió:
    octubre 24, 2013 en 3:09 pm

    #Japuti!! Jajaja…
    Yo también y no soy tran cruel, snif.

    Mónica Martin escribió:
    octubre 24, 2013 en 3:13 pm

    Vaaaale , dejarme unos días que estoy más liaa que la pata un romano y necesito concentración. Concentración suprema. Cuando lo termine lo cuelgo gratis en la red (el relato completo) para lo podáis disfrutar totalmente las veces que queráis.

    Noemi (Murcia) escribió:
    octubre 24, 2013 en 3:17 pm

    Ains, ves como eres más buenecica que el pan??
    Guapa!! #PellizcoEnElMoflete!

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