Al final del camino

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No sé muy bien cómo llegué hasta allí. Un día estaba paseando y comencé a caminar y caminar, porque no tenía otra cosa que hacer, porque me apetecía, porque en realidad lo único que tenía delante era un larguísimo y fino camino que llegaba hasta donde se pierde la vista humana y comienza el horizonte. Paso tras paso, en la soledad de esa eterna marcha, empecé a recordar a las personas que en el pasado caminaron junto a mí. También recordé a los que hicieron parte de su propio tramo en mi espalda por mucho tiempo y que consiguieron que todos terminásemos agotados. Pensé, pensé mucho sobre el pasado. Sobre lo que fue importante y sobre lo que ya no lo era. El hecho de caminar, de hacer ese esfuerzo por no quedarse entre las sombras, aún corriendo el riesgo de mojarse, calarse, morirse; ese simple hecho consigue que te vuelvas más fuerte.

Puede que no más rápido, la impaciencia nunca ha sido una de mis virtudes, pero si más fuerte.

Me acuerdo de la persona que empezó ese camino, como había conseguido vestirse y calzarse de forma absolutamente irrisoria y caótica y vi a la persona que, tras finalizar ese camino nada fácil, se miraba en un espejo que estaba en ese sitio tan lejano donde la vista se pierde con el horizonte y no me dio nada. Ni un poco de nada.Ni un ápice de temor o de duda. Nada. Bueno, si, tal vez un poco de nostalgia, tal vez un poco de amargura en la lengua al evocar algunos de los tramos, tal vez, algo que sonaba a una voz lejana del pasado que quería volver a la luz pero, que se apagaba tras el primer chillido.

Ha vuelto el invierno. A través de los cristales de esta oficina caótica no para de llover. La tarde está gris, fría, húmeda, como alguno de los pasajes de la senda que tuve que atravesar. Como alguna de las personas que me encontré en esa senda que ahora veo lejana y de las que guardo un cariñoso pero lejano y , sobre todo, sano recuerdo. Veo la lluvia como una cortina. Como una cortina espesa que tapa la poca luz que queda en este día tan otoñalmente típico pero, ya no me da miedo. No me miedo empezar otro camino, ahora que por fin acabé con este. Ni encontrarme con nadie, ni mirar a la gente a los ojos porque cualquier atisbo de rabia que hubiera dentro de mí y que me hacía un poco débil, sencillamente ha muerto.

Y con él, y con él todas las grietas por las que podía colarse la duda, la culpa y la tristeza.Ya no estoy triste, puedo decirlo con seguridad. Puedo decirlo con certeza.

Hoy me he sentado en este sitio. En este. En el que la luz entra por los claros de este cielo tapiado y gris, tan plomizo, tan seguro de sí mismo, tan esperanzador. Me he sentado porque ya no tengo prisa, ni tengo obligación, ni necesidad, ni en realidad, tengo nada de lo que tenía antes. Me he sentado porque quería empaparme de esta lluvia otoñal, porque sentirla en la piel me hace feliz. Hace que me sienta viva.

Miro mis manos.Mojadas. Color piel. Se han aclimatado con rapidez a lo que parecía ser una tormenta que duraría cien años.
Ahora puedo levantarme y marchar hacia delante. Puedo seguir caminando porque he descubierto que este camino que ande con la mayoría de vosotros lo hice porque quería. No porque, no estar junto a algunos de vosotros, me fuese a llevar a la soledad sino porque verdaderamente me importabais y me importaba mucho lo que pensarais de mí. Hoy, que estoy aquí sentada mirando hacia delante ya no os veo. Ya no veo, ni quiero esa “cosa” que teniamos que nos ponía tristes. Veo otro camino, un futuro, otra gente, que hace poco, tal vez en esta transición finita de colinas ha ido cogiéndome del brazo.
Nos reímos, nos reímos mucho. No esperamos que unos porten a otros y eso me hace feliz porque no siento que haya contraído deudas. Siento que estoy donde quiero estar porque cuando miro al frente veo con ilusión el futuro.

Un comentario sobre “Al final del camino

    nossia escribió:
    febrero 20, 2013 en 4:02 pm

    Cuanto más te leo más me engancha tu manera de escribir…..En estos días estoy guardando un ratito de mi tiempo para leer un relato tuyo…..Ayer tocó este. Todos me han fascinado, pero con este me he sentido tan identificada que me he asustado, jajajajajajajjajja

    Felicidades por cada camino recorrido, por desechar el camino de tierra y sumergirte en este tan bien asfaltado.

    Besines!

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