Negro sobre fondo blanco

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Hay veces, muchas, que pienso en la muerte. Como un hecho indiscutible y necesario en el ser humano. Yo no debería estar aquí, en la soledad y el silencio de mi desordenada casa pensando en esto pero, me resulta inevitable con este calor acordarme de la muerte, de ese paso que sucede sin que podamos andar el camino de retorno.

Creo que no tengo miedo a la muerte, he pensado mucho sobre ello, más en días como hoy en los que me siento rara, con esa mezcla de dolor y de alegría que me revuelven por dentro. Creo que en realidad le tengo miedo a la vida. Sé que lo usual de una persona que tiene un Blog y que encima es un personaje público, porque ha puesto sus palabras a disposición de las personas que las quieran, no es vomitar sus llagas emocionales. No lo haría, sino supiera que esto va a ser positivo para mí y para lo que llevo dentro, y para mis “Tomates” y relatos y novelas y demás relaciones que he establecido con mis pequeños hijos. No lo haría, pero es que, así, en general, me he dado cuenta de que necesitaba contaros algo que es vital para mí: me he dado cuenta de que le tengo miedo a la vida, a dejar la vida que tengo ahora, porque, la realidad es que me hace feliz. La realidad es que me hace feliz lo que he construido con la ayuda de las personas que me quieren y que al mismo tiempo me pone inmensamente triste que otras no puedan verlo.

Me acuerdo de muchas personas, en días como hoy, en los que hace mucho calor y me viene a la cabeza el día más caluroso y triste de mi vida, me acuerdo de muchas personas que un día estuvieron en mi vida pero, que después decidieron marcharse. Hablo con la muerte sobre este tema, la parca y yo hemos llegado a un acuerdo, el día que tenga que marcharme de este un mundo yo tendré que haberme encargado solo de una cosa: de hacer que mi recuerdo sea digno y ella me dará dos monedas, que pondrá sobre mis ojos y con las que podré pagar al barquero que me llevará a la otra orilla, donde me esperan todas las personas que quiero y que se fueron antes que yo. Personas que no pasaron por un juicio final, que no tuvieron que demostrar nada porque ya en vida lo demostraron todo.

Creo que no tengo miedo a la muerte, en realidad creo que a lo que tengo miedo es a no sentir nunca más la potencia de la vida.

Dicho lo cuál os comunico que no tenéis de que preocuparos porque esto no es una carta de despedida. Es la misiva de confirmación de que estoy aquí, y de que por supuesto sigo empeñada en conseguir que mi recuerdo sea digno, divertido e indeleble.

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