Midnight in Paris

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Ayer vi una película sola hasta el final. Los que me conocéis, los que de verdad me conocéis, sabéis que esto es todo un logro para mí. La estaba viendo sola y no me quedé dormida, ni pestañeé, ni tuve la más mínima queja interior, ni tuve en ningún momento ganas de tirar el mando a distancia contra la pared. Sé que resulta raro pero, me resultó hasta una experiencia divertida.

Yo, que paso de la tele, que solo me engancho a lo que me da un verdadero motivo y necesito que me cuenten las historias desde un punto cinematográficamente disfrutable.

Yo, que he intentado borrar de mi vista cualquier rastro de prensa rosa.

Yo, que no tengo valor para encender la Tele sola y no sé manejar los mandos a dsitancia de los aparatos de mi casa porque me he negado, porque lo único que he necesitado siempre es lo que siempre me acompaña. Algo que se abre. Algo que se cierra. Algo que se lee. Algo de lo que te acuerdas porque merece la pena o que quemas en medio de una plaza pública.

Yo, me quedé hasta el final. Hasta que entendí por completo que aquello, no solo era una película de Woody Allen sino que además lo parecía. Hasta que comprendí que no era una solo una comedia romántica sino una pieza de existencialismo al más puro estilo Allen.

Me quedé, me quedé ahí, en el puro acto de sorprenderme al descubrir que me veía como en un espejo entre los personajes. Primero en uno, luego en otro, tuve la misma sensación que tengo cuando tengo lo que tengo entre las manos, esto es, un libro.

Me vi retratada en la caricatura cómica de un genio de la época: Hemingway, no en su obra, ya me gustaría ser la mitad de lo que fue Hemingway algún día, me vi retratada
de un modo absolutamente cómico en su representación como persona. En su tono, en su expresión, en su pose, en sus formas, en la rudeza de su discurso y su presencia. En esa veracidad con la que expresaba todo, su vida, su obra, su deseo, su imparable energía y fue este retrato, este y no otro, el que me situó en un lugar tan lejano de la actualidad que me hizo darme cuenta de que todas las personas somos una raras obras de arte que desfilan, en algún momento de su vida, por las húmedas, románticas e inquietas calles del Paris en el que nos ha tocado vivir.

La película : Midnight in Paris. (2011)

Nos habla de la necesidad que tiene el ser humano de idealizar cualquier tiempo que no sea el presente. En particular el personaje nos traslada al Paris de los años veinte, en el que la Boheme de una Europa que se encontraba en una predecadencia histórica plausible y económica, resurgía al caer la noche y llenaba la noche Parisina, o la noche de cualquier otro lugar del mundo en el que tuvieran cabida seres tan excepcionales, de una cultura tangible y veraz.

Recomendable para perderse en ella no una vez sino un ciento.

BRAVO ALLEN

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