La playa

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Soy ese grano de arena que pica en la playa, me siento aquí…

Y aquí

Y aquí.

No fumo, gracias, lo he dejado, desde que las algas de esta cala en la playa norte nos prohibieron los juegos malabares. Las canciones. El tabaco. El sexo.

Entre los granitos de esta playa calma es difícil evitar el contacto y no terminar retozando unos con los otros en esa perseguida orgía, que ahora, nadie sabe por qué se han empeñado las algas en castigar.

Puedes estar penado de muerte aquí, en esta playa calma, por deslizarte ladera abajo en una suave duna que haya quedado fría después de la última resaca.

Están tan frías, las dunas de la playa desde que las algas venenosas inundaron la costa.

Entre todos hemos intentado terminar con ellas, incluso el océano quiso ayudarnos y casi, casi lo habíamos logrado. Las gaviotas las arrancaban con sus picos, las rocas  se endurecían para que no anidaran y el océano golpeaba con fuerza a medida que se iba adentrando el invierno, pero de pronto un día…

Salió el sol.

Y un pequeño ejército de cangrejos surgió de nuestras entrañas,

Y después esa luz,

Y ese amanecer aplomado de brisa salina,

Ayudó,

Minuto a minuto,

A que las algas se multiplicaran y desde entonces, se inicio aquello de

Queda prohibido besar

Mirarse

Y ni tan siquiera tocarse.

Queda prohibido el tabaco y el alcohol.

Se prohíben los niños y los perros, sobre todo los perros.

Se prohíben los abuelos y las abuelas, ahora ya no queda tiempo que perder.

Tenemos demasiada prisa debemos multiplicarnos.

Se prohíbe amarse, la desnudez y la potencia.

Queda prohibido andar en bicicleta por la playa.

Los bañistas desnudos y los paganos.

Queda prohibido contarse secretos bajo la luz de la luna.

Y el calor.

Queda resuelta para siempre la confianza en esta playa, a partir de ya, nadie podrá poner una sola parte de si mismo sin correr el riesgo de ser tragado por el ejército de algas.

Yo quería ser arena, era el sueño de mi vida, juntarme con esta, este, aquel y aquella y formar esa turbia oleada de barro que se mete en los bañadores de los bañistas, sabiendo que corría el riesgo de ser evacuado en cualquier momento por el desagüe de una ducha de cualquier hotel de tercera.

Yo quería, pese al riesgo, montarme en el pico de una gaviota que me llevase a pleamar.

Y volar tan, tan alto.

Y tirarme al agua helada, salada y que un pez cualquiera me trague para que cuando muera entre sus espinas descanse y con las olas…

Las olas

Con el suave rugir de su lamento apagado regrese a la playa

Y quería ser esa paja metida en la boca de ese amante que besa a otro amante, que me escupe otra vez por el aire y cuando alcanzo la arena, me uno, me sumerjo, me unto.

Están allí cada uno, todos mis demás iguales.

Mis amigos, mis hermanos.

Yo era un simple granito de arena, pero a raíz de aquello de…

Queda prohibido tocarse.

No sé que va a ser de mí.

He pensado en fundirme con la roca unos cientos de años y quedarme allí un poco de tiempo, entre los mejillones, solo algunos siglos. He oído que las algas no duran mucho tiempo. Ya he hecho la maleta, como yo seguimos el camino del riachuelo salado muchos más que sabemos que en unas docenas de siglos no podremos hacer otra cosa que hablar con los mejillones, todo el mundo sabe lo aburridos que son los mejillones, no tienen arena, tema de conversación vamos, por eso todos nos miramos con esta tristeza.

Sin tocarnos eso sí, porque sigue estando prohibido.

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