La chispa que se apaga

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No sé cómo decírselo, a ella, a Laura, que tan enamorada está de mí. Permanecía tumbada en la cama con esa mirada fija e imperturbable en la pared, cómo la de un náufrago que busca un destello de ayuda en el horizonte. Ha dejado su cuerpo lacerado en una quietud plausible. Me aburre, no sonríe, parece que sí apenas respira. Pasamos las últimas tardes que nos vimos mirando al televisor, a una caja negra que nos muestra la vida y las andanzas de famosillos de medio pelo y siempre soy yo el que habla, el que inicia la conversación. ¿Sabes Johny?, cuando la conocí era toda energía y pasión, compartíamos los mismos intereses, la misma inquietud por la vida. LA VIDA, Johny, la vida. No te hagas ilusiones, yo por lo menos no me las hago, ya no. No hay nada más que pueda depararnos la vida o al menos esta. Puede haber otras vidas, era uno de nuestros temas favoritos, la reencarnación, es una auténtica pena que no llegase hasta el final, quiero decir Laura, Johny, porque puede que así hubiésemos descubierto las respuestas a nuestras preguntas. Ella hubiese regresado de la muerte convertida en mariposa, yo la habría reconocido y entonces sabríamos si hay vida detrás de esta vida , porque mira Johny, yo en esta vida sé que hay vida y tú lo sabes amigo pero y ella ¿Qué es lo que ella sabe que nosotros no sepamos? . Pataditas de placer en el corazón Johny, ya no nos queda ni canción favorita, ni tiempo para buscarla.

A veces se lo pregunto ¿Sabes?, y no quiere contestarme, no quiere decirme donde está ahora y yo la miro, como puede mirar un niño hambriento a su madre, pero Laura, mi amorcito, nunca se digna ni siquiera a mirarme.

Y sin embargo frente a este sentimiento que se apaga detrás de su indiferencia sigue habiendo esperanza, la esperanza, Jonhy, el más adulto de todos mis pecados, me hacía fuegos artificiales con sus pastillas en la cocina y ella jamás se giró para bendecirme, amigo, ni para insultarme. Simplemente estaba ahí quieta, paralizada en su tragedia personal, cargándome a mi de su mala suerte como si yo pudiera hacer algo. Como si ahora pudiera hacer algo.

Maldita sea mi estampa Johny, no puedo olvidarme de su pelo, no es que me sobrecoja lo que en otro tiempo fue una melena espesa y lisa, es que su herida; la que atraviesa su cráneo de costado a costado; cambia de color por momentos, tan pronto se forja en un línea de hormigas rosas como que se vuelve violácea y le pregunto si le duele, Johny, tío, por mi madre que se lo pregunto en voz alta pero nunca atina, jamás atina a contestarme.

Maldita sea mi estampa, Johny, ni siquiera se molesta en hablarme.

Yo sé que tengo la culpa, ¿Sabes?, que nunca volverá a ser lo mismo, que las cosas se me fueron de las manos, que fui yo, el que noche tras noche que pasaba cazando cenicientas y botellas hice montañitas demoledoras de impaciencia que ella me ponía encima de la mesa. Me ilustraba esas cuentas, ¿Sabes?, me hacía un ábaco de rutina todas las mañanas en el desayuno y ya entre nosotros solo quedaba tiempo para discutir y para remendar. Para romper y para pegar. Para apagar Johny, para intentar apagar esa llama desbocada de reproches. No era amor, el amor seguro ha de ser más tranquilo, más sereno. Ella buscaba mis ojos y cuando los encontraba, amigo, cuando los había encontrado me decía que estaba mintiendo , qué sabrá ella de las mentiras , qué sabe ella de las que son mis hermanas, mis amigas , mis mentoras. Qué puede saber una mujer como ella que sencillamente ha sido esplendida , de un hombre cómo yo , que ha entregado su vida por su familia. Por qué hablan de renunciar a los sueños y de la frustración las personas que no han dejado nada. Las personas que no se han dejado a sí mismas.

Me agotaba la paciencia, entre gritos, peleas, reproches y reconciliaciones, yo trabajaba como un cabrón, como un cabrón amigo y tú lo sabes mejor que nadie y no me dejaba tiempo ni para respirar. Cuando volvía del trabajo aún tenía los platos en el fregadero y mi ropa sucia y no se atenía a razones, me soltaba el rollo feminista del cincuenta por ciento y de la igualdad en las relaciones y yo me cagaba en la madre que parió a la terapia de pareja. Y te juro tío que esto no tiene nada que ver con mi madre y yo no tengo el síndrome de Peter Pan como decía el terapeuta aquel. Intenté convencerles a ambos, a ella y a él, de que yo era un adulto, de que yo era un tío hecho y derecho y entonces ella me dijo que yo no sería hombre hasta que no fuese padre y buscamos una casa más grande.

Maldita sea mi estampa, Johny, la enorme casita de chocolate para nuestros niños tenía escaleras.

Pero aquella casa en vez de hacernos más grandes nos hacia más pequeños. Éramos; si cabe amigo; todavía más miserables y ruines. Nos buscábamos la espalda solo para azotarla. Nos buscábamos la cara tan solo para arañarla. Nos buscábamos en la oscuridad para apagar la llama, para apagar la llama.

Y ahora que conseguimos extinguirla, ahora que esta chispa se apaga, quiero que me hable y que me grité, amigo , como antes me gritaba. Que yo no busco su perdón Johny, ni quiero perdonarla, solo quiero que de una vez me mire, ¿Sabes?, Despertarla. Ver que en esta silla no esta muerta.

Maldita sea mi estampa. Maldita sea mi estampa.

El terapeuta no nos ayudo mucho, puede que porque ambos decidimos que no nos ayudara, fueron pasando las semanas y los meses y ella no se quedaba embarazada , corríamos de ginecólogo en especialista de pareja , ya casi nos habíamos dicho cuanto amor y odio nos teníamos. Ya casi nos lo habíamos dicho todo. Pero eso, me temo, tampoco fue suficiente. Estábamos como decían sus autores favoritos, rehaciendo nuestro antiguo amor, me cago en la madre que parió a la literatura, Johny, necesitaba respirar.

La enorme casita de chocolate se derretía ante los números rojos del banco, mi ropa interior despedía un hedor insoportable, ya estaba seco Johny, por dentro y por fuera. Seco. No me quedaba nada mas que darle, así la amaba Johny, tanto , amigo tanto, que le regalaba hasta la última partícula de oxigeno que me quedaba en los pulmones. No podía hacer nada más, yo no podía hacerla madre y ni con mucho tampoco podría hacerla feliz, pensaba esto día y noche , día y noche y dentro de mí se fue formando una acerada y visible acritud que empañaba las esquinas de nuestra casa.

Un atardecer como otro cualquiera volví a casa empantanado de polvo y la encontré llorando desconsoladamente delante de un Predictor, siempre compraba Predictor ; se aferraba a ese algodón químico como se aferran los locos a sus delirios ; me desplomé en el quicio de la cama y empezó de nuevo a decirme que era infeliz , que esa vida no le llenaba , que deseaba tener un hijo , que apenas ya si me conocía por lo desconocido que le era , yo era un ser extraño venido a menos , me había hecho pequeñito en su cabeza , era un ya no eres nadie , ya no soy nadie , ni mi esperma ni yo somos nadie y ambos rodamos pasillo afuera buscando una puerta que nos sacara de aquel manicomio de delirios conversos . Dentro de mi desgracia aún era el portador de la cartera de la casa, del sinsentido de la hombría, del orgullo herido. Quise marcharme amigo, nunca pretendí hacerla daño, solo pretendía alejarme de los placeres de la vida , solo quería ser viento libre de beso en beso , de labio en labio y correr de butaca en butaca, de diván en diván o de barra en barra y de cama en cama pero ella se interpuso en mi camino y lo hizo porque no soportaba la idea de perderme , a mí , al portador de ideas familiares ,de sueños, de dinero, de trabajo , al sostén de su polla favorita, al marido que tenía , al futuro padre de sus hijos , a mí, a la idea que tenía de mí, porque ella ,Johny ,no amaba mi persona, amaba la idea que tenía de mi persona. La triste, infeliz e irrealista idea que tienen las mujeres que necesitan a su padre.

Me empujaba, me empujaba, me gritaba, me tiraba de la camiseta sucia y maloliente me impedía marcharme y dejarla a solas consigo misma y su saliva esculpida en duermevela nos fue acercando a ambos al borde de esa escalera de caramelo que tenía la casita de chocolate y me deje llevar de nuevo por ese animal que portaba siempre orgullosamente todo lo que era yo, ese animal que había estado tantos meses enjaulado, esa pobre bestia que había estado violentando, secando y atizando. Quemando, enrabietando y explotando. Alimentado, desangrando y educando y la ira, Johny, la ira, una ira que nunca había visto tan de cerca se apoderó de mí, apartándola de un golpe de mi vista. Nunca más he vuelto a tenerla a la altura de mis ojos.

No lo he hecho nunca, Jonhy, nunca había pegado a una mujer , pero por un momento me sentí con ese poder, tío, con el poder de hacerla callar de una vez, con el poder que mi padre le enseñó a mi madre. El de hacerse respetar. Yo soy su marido, Johny, me debía respeto , me debía fidelidad y me debía obediencia y solté la mano , sí, y ella rodó peldaños abajo por una escalera que estará ahora abandonada y se quedó extendida allí. Sola, quieta, inmóvil, esperando que la recogiera. Y yo, como un imbécil, como si pudiera hacer algo más de lo que ya había hecho corrí y salte hasta alcanzarla e intenté recoger la sangre y ponerla otra vez en su sitio. Intenté por todos los medios reanimarla, pero ella no contestaba, puso esa mirada de odio en sus ojos y aún continua así ; postrada y paralítica en aquella casa enorme que ya nunca se llenara de nuestros hijos ; Continua así, amigo, sin mirarme y sin hablarme.

Al principio los médicos se lo tragaron , ¿Sabes?, que se había caído escaleras abajo pero después , a las pocas horas le salió ese moratón en la cara y los vecinos testificaron que nos habían oído discutir otra vez y me detuvieron allí mismo en la sala de urgencias con toda la gente mirándome mientras me arrastraban puertas afuera , esposado y con la ropa aún sin cambiar, lleno de mierda, como es mi vida , una autentica mierda.

Y ahora estoy aquí, amigo, deshaciendo esta cama entre los barrotes de San Judas, Patrón de las almas culpables en prisión preventiva y atando fuerte, muy fuerte los nudos entre ellas. Esta noche, será la noche, amigo, y solo quería despedirme de ti, porque sé que siempre has creído en mi inocencia, que yo no soy uno de esos cabrones que se la pasan dándole de hostias a la mujer, yo solo soy un pobre desgraciado que ha sacrificado su vida para intentar ser feliz. Yo lo he dado todo por lo que creo pero creo que en este mundo ya no puedo hacer nada más.

Dale recuerdos al Yayo, hermano, amigo , compañero, y perdóname por el daño que os he hecho, solo quiero que sepas que te quiero y que siempre te he querido.

NO ME OLVIDES.

MIKEL

Premio Especial del Jurado. Certamen Jóvenes Creadores Alcalá de Henares. 2004.

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