El río que calienta hace a tus pájaros volar

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Me he dejado arrastrar al pozo de mis emociones por “Pájaros de papel”, como dice Maruja Torres, no habría otra manera mejor de hacerlo sino llorando como una perra. Lucho en contra de eso, de que esa bola de emociones que se forma rápidamente en mi esófago me arrastre al húmedo mundo de las emociones. Lucho por no llorar, pero mi cerebro que sigue siendo más listo que yo desde que me acuerdo, tira de mí hacia él y dado su volumen corpuscular, ganar la batalla de la resistencia emocional me resulta a todas luces imposible.

 

Hay veces que me dan los buenos días solo por llorar, no podéis imaginaros lo bien que sienta eso. Cuando estas a lágrima viva, emocionada, descontrolada, absorta en un mundo imaginario y de pronto alguien te toca la mano y te dice. “Buenos días, bienvenida”. – “Buenos días, mister T”- Deja de existir todo, el espacio, el tiempo, el presente, el pasado y el futuro. Solo está esa mano y tú y si eres capaz por un momento de salir de tu propio ombligo y darte cuenta del calor humano que te transmiten, pienso, podrías estar a salvo. Porque tal vez emocionarse no sea malo, tal vez lo realmente terrorífico sea que dentro de esta sociedad tan práctica se nos exija ir en contra de nuestra propia naturaleza.

No tener sexo.

No comer lo que nos resulte placentero.

No llorar como una perra.

Y después exigirte que seas feliz, no puedo con la imposición actual respecto a la felicidad. Todos los libros que te hablan de ser feliz no tienen ni puta idea de lo que están hablando.

Estudia, trabaja, pártete el lomo, haz deporte, ten hijos, lee libros sesudos sobre autoayuda que te proporcionaran la formula mágica. Redecora tu casa con una marca sueca y entre tanto asegúrate de ser feliz, de no derramar una lágrima. Muéstrate siempre bella, esbelta, inteligente y agradable. Se empática. Trabaja una sonrisa de oreja a oreja y cuando sientas ganas de llorar, tan solo aprieta fuerte los dientes. Tan fuerte que esa noche sueñes que a fuerza de apretar se han partido en cristales diminutos. Tanto que a menudo puedas justificar una pesadilla detrás de otra.

 

Esto no iba de las emociones o sí, sino de lo selectiva que una se vuelve con la edad. Llevo siglos para leerme textos que deberían leerse en minutos. Llevo años para ver películas que antes no tuvieron forma de novela. Llevo siglos cambiando de película cuando en la ficha aparece la palabra “melodrama”. No hubiera visto “pájaros de papel” si en el elenco no apareciera Imanol Arias, que está sencillamente soberbio. Nadie transmite la amargura como él. ¿Quieres que te den los buenos días mientras lloras? Ponte pájaros de papel que es excesiva en todo menos en exigirte que te tragues tus propias lágrimas.

Esto no iba de imposiciones prácticas dentro de la sociedad sino de lo realmente importante, del fluir de los ríos templados que surgen dentro de nosotros. Clasificar la emocionalidad, apunta, tal vez sea la forma de evitar el sentirla y empezar a comprenderla.

Un comentario sobre “El río que calienta hace a tus pájaros volar

    Mori escribió:
    abril 15, 2011 en 8:11 pm

    Venga, me animo a verla, a ver si consigue ponerme los pelos de punta…

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