Café, zumo … ¿y ese montón de ropa?

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Es lunes, un espléndido día se abre paso frente a mí, no tengo otra cosa en la que perder mi tiempo que sentarme y escribir. Come, reza, ama. Café, zumo y letras. El sol brilla con una pasmosa luz invernal, dejó de gustarme el invierno cuando me di cuenta de que empezaba justo después de navidad. Viene a mi cabeza la película de ayer “Moon”, ciencia ficción con un argumento apto para no frikies. Nada de argumentos catastrofistas, intimismo lunar del bueno, del que le gusta a la gente rara que no tiene otra cosa mejor que hacer que doblegarse. ADN corrupto y millones de mini yoes (yoes era así, ¿verdad Laura?), el mejor escenario posible para luchar contra la siesta. Si alguien me pidiera que resumiera su argumento le haría la pregunta siguiente: ¿Hasta dónde llegó la última empresa para la que trabajaste?
Arrastrando los pies me dispongo a efectuar el ritual matutino. Partir las naranjas, hacer el café, quemar la leche, dar de beber a la perra, dar de beber a la gata. Pelearme con las zapatillas, estirar las ingles, los hombros, la espalda. Últimamente tengo la sensación de que en lugar de estar durmiendo estoy peleándome con la cama.
Malditas sabanas, cuando yo las puse eran las correctas.
Llego al salón, en realidad parece que he andado un kilómetro pero no hay más de cien metros ni menos de cuatro y entonces lo veo. No me lo creo, me froto los ojos, los abro y los cierro. Me rasco la cabeza, doy la vuelta me lavo la cara y regreso, al abrir de nuevo los ojos sigue ahí. No es un clon de mí, sino un enorme montón de ropa que me mira con ojos aviesos. Quisiera estar en la luna, haberme despertado de un accidente con un vehículo lunar y que un robot hubiera recogido todo. Cuando me echaron a la puta calle me hice una promesa a mi misma, la que nos hacemos todos igual, voy a necesitar un tiempo para cuidar de mi y sin embargo, de pronto, algo ha invadido mi salón, está tomando formas raras y no sé si plancharlo, doblarlo y guardarlo en el armario o sencillamente hacer una pira vikinga y prenderle fuego en la terraza.
Con ese espectacular sol rompiendo la mañana dan ganas de organizar un ritual pagano, perderse en la bruma matutina, deshacerse del pasado y darse los buenos días por primera vez en treinta y dos años.
Buenos días, bienvenida al chamán.
Buenos días Míster T.

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Un comentario sobre “Café, zumo … ¿y ese montón de ropa?

    tuhermanalamayor escribió:
    enero 24, 2011 en 4:47 pm

    oopto por la pira de ropa sucia, aunque claro esta cuando uno se queda en paro, comienza el año del consumismo: con-su-mismo pantalon, con-su-misma camiseta, etccc… un dia de estos te llevare a dar una vuelta con-migo y lo vas a entender a la perfeccion.
    Personalmente me gusta estar en la luna, pero creo que ya es hora de que hagamos algo con esta realidad que nos esta estallando en la cara.
    Felicidades, sigue despertandonos asi.

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