El cosario

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Hay días, como hoy, en los que me hubiera gustado escoger otro camino. En los que me planteo que tendría que haber actuado con inteligencia y no con la impulsividad que me caracteriza. Debería haber hecho cuajo y cerrado puertas para continuar con una vida feliz y tranquila, ese era el plan.

 

El plan que tenían mis allegados para mí. Búscate un buen trabajo, mantén una vida lo más comedida y respetuosa con los demás posibles y ante todo sé feliz. Como si fuera tan fácil, ser feliz digo, intentar meterse en unos márgenes, ser una persona más entre un millón. Atarse los zapatos sin despeinarse.

 

Hoy tengo ante mí una personilla a la que me siento incapaz de decirle lo mismo. Haz tu vida, mantén un camino lineal, respetuoso y adecuado con tu tiempo. Sé feliz. Trabaja. Sé feliz. Sé como los demás.

 

No pude, no puedo, sencillamente, por eso le regale una caja vacía. Quería que la llenase de proyectos, que fuera metiendo en ella todas las pequeñas y grandes cosas que de verdad le importaran. Cosas por las que una debe pelear y cosas por las que no debería alterársele ni un músculo del cuerpo.

 

Yo encontré mi camino, indigno, nada comedido, casi siempre irrespetuoso. Distinto a lo que viene siendo una senda común de elefantes atados con sus cadenas. No me adapto ni a tiros, da igual el agujero laboral en el que me meta. Todos me parecen lo mismo, cuerdas de esclavos domesticados con miedo a perder lo que es suyo. Mira que tenía razón la que nunca tuvo planes de futuro: Las cosas, escucha, nos poseen. Fue lo único que me quedó de ella. Las cosas nos poseen. Después de esto se marchó para siempre, me vio coger el camino fácil, ser una esclava y se marchó para siempre. No se dio cuenta de que tarde o temprano reventaría, tan solo era cuestión de tiempo.

 

No la extraño, a ella no. Sé que lo breve cuanto más breve mejor y solo por esa frase le guardo el lugar más privilegiado de mi memoria. Cuando todos los demás recuerdos se hayan borrado seguro que me queda esa frase. Así, latente, sin asociación afectiva al respecto, con mucha culpa insonora pero viva.

 

Cómo se le dice a una personilla que quieres que camine hacia donde sea pero que se mueva cuando sabes que los pasos que tú has dado son en parte erróneos. Cómo se dan consejos de la vida sin tener ni puta idea de lo que es la vida.

 

¿Qué puede hacerse, enana, con un cosario?

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5 comentarios sobre “El cosario

    Ana escribió:
    noviembre 18, 2008 en 6:17 pm

    Habemos personas que odiamos seguir patrones y nos negamos a ser etiquetados, somos libres y espontáneos, nos mueve una adrenalina misteriosa que nos hace carecer cuando otros tienen abundancia

    Rachel escribió:
    noviembre 19, 2008 en 12:00 am

    Solo hay que decirle como Jesucristo a la Lázaro: “levantante y anda”. O mejor aún como decía el gran Machado: “caminante no hay camino..”

    El que no se mueve se corcome el solo por dentro y por fuera, el movimiento es necesario. Es necesario andar para tropezarse.

    Conchi escribió:
    noviembre 20, 2008 en 11:09 am

    Es más importante saberse levantar, caer es facil y levantar a veces cuestas, pero tú puedes, no lo dudes. Un beso

    la nen escribió:
    noviembre 28, 2008 en 8:30 pm

    que conste que el cosario esta lleno de recuerdos y de momentos , y uno de los momentos mejores que tengo de ti es este cosario

    monicamartin escribió:
    noviembre 28, 2008 en 8:50 pm

    Que bonito sniff, snif… oye tenemos que hablar nen. Y a ver si me enseñas esas fotos que haces.

    Besos wapa!

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