Que no, que no… que no hay crisis.

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Yo creo que ya somos lo suficientemente adultos como para que no traten de maquillarnos una realidad que es, a todas luces, evidente y tácita. Hace unos meses creí en el hombre de los ojos azules, en el que habló de una leve desaceleración económica, de un serpávit que ahora me pregunto donde está. El hombre del traje con caídas perfectas, gestos unánimes y firmes, el hombre de gesto amargo y decepcionado con una oposición demasiado dura.
 
No se qué tipo de oposición hubiera sido la mejor pero desde luego la oposición en nuestro país es nefasta, en primer lugar durante cuatro años han tratado de dividir la opinión española y de lesionar los derechos de un porcentaje alto de ciudadanos, entre los cuales se encuentra el colectivo LGTB. En segundo lugar ahora en lugar de representar a quienes les votaron se dedican a enfrentarse, si hay crisis o no en la oposición es algo que se escapa a mi capacidad analítica lo que si puedo hacer es opinar como una ciudadana más de a pie y opino que el panorama político español está en toda su extensión en franco declive.  Y es que no hay ya ni quien represente como es debido a los ciudadanos, ni quien los proteja y mucho menos quien los tenga en cuenta.
 
Que no hay crisis. Yo me despeloto.
 
Es evidente que la hay. No es ya que los curritos de a pie no podamos permitirnos ciertos lujos medianamente caros, vacaciones idílicas o insultantes opulencias con el menú de cada día, no, es que sencillamente no podemos hacer frente a nuestro día a día, hasta tal punto esto es así que ha caído en picado el consumo de todos los bienes y servicios de primera necesidad de los consumidores. Señores y Señoras abanderados de la clase política actual y moderna que capitanean nuestro barco, dense una vuelta por cualquier supermercado el día veinte de cada mes y verán que está vacío. Es más realicen un estudio de consumo sobre los pagos a crédito de menos de 300 euros al mes por unidad familiar y comprobaran que mucha gente en nuestro país subsiste al golpe de tarjeta de crédito. Y la tarjeta mágica todo el mundo lo sabe es un peligro como no puede haber otro en el mundo, yo le tengo más miedo que al hombre del saco.
 
Sin adornos, seamos claros, la culpa de que la unidades familiares; sean estas de la índole que sean; no subsistan es suya por haber consentido que las constructoras, las petroleras y demás especies carroñeras a las que hemos sufragado caprichos, dietas y casas de ensueño nos desangraran total y abiertamente, bajo el beneplácito de una sistema judicial y político sobre el que tengo mis dudas.
 
Ahora, tengo que decir algo más, me alegro de esta “velada” crisis, ojala se estrellen todos en la más miserable ruina económica y sufran en sus propias carnes la ansiedad que sufrimos la gente honesta que trabajamos y pagamos nuestros impuestos cuando vemos que a pesar de nuestro esfuerzo es casi imposible subsistir.
 
 
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