Oda a un calcetín sudao…

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Bajo esta estación, quiero….

Amigo de Lycra podrida,

Decirte adiós,

O lo que sea.

Te agradezco que hayas recorrido tantas millas conmigo pero ha llegado el momento, esperado momento, antes de que sea demasiado tarde.

Quiero,

Arrojarte a estas vías muertas,

Quiero,

Que llores descomposición mundana allá donde vayas porque ahora, mientras me despido recuerdo,

Y recuerdo

Y recuerdo,

Haciendo plaff

Plaff

Plaff

Y

Plaff

Como tu caliente esencia me hacía lavarte asiduamente, incluso con otra ropa que acogería tu olor como una maldición más, de ser, por ejemplo, cualquier tipo de tejido.

Perdóname cariño, con el tiempo te hice un calcetín mestizo. Te fuiste arrugando y oxidando. Ni tú, ni yo nos dimos cuenta de que te habías convertido en el mejor sirviente criollo. Yo quería violarte por las noches y tú, hortelano de las lycras, sin embargo, simplemente tú o puede que alguna parte de algún aquel; querías pequeño amigo oloroso, escapar de cualquier tipo de zapato y en esa forma de expresión tan molesta, ser libre.

Tengo para ti la mejor de las despedidas posibles, perdona si no es digno, pero tengo que taparme la nariz, aquí, frente a cincuenta personas que se suicidan pecera abajo.

Sí tuviera un mechero, no fuese verano y no hubiera llovido desde hace meses, te daría…

Te daría un final feliz, feliz y completo.

Me quedaría con tus cenizas. Yo, las pondría en un estante, en un estante de instantes.

De premios consabidos, baratos y presuntuosos.

Que alimentan mi ego dolido, doblado, absurdo y solitario.

Sobre placas de mármol prefabricado en cualquier chino pone,

A la mejor madre

60 céntimos cubiertos de un platino que con el vapor de la olla Express, siempre, siempre tiende a oxidarse.

A la mejor amiga

60 céntimos de oro cobrizo que se vuelve negro cuando lo friegas con mistol.

Al mejor jefe.

60 céntimos y que por este haya que pagar.

Al mejor perro.

60 céntimos, más, destinados a un animal o amante de, que jamás llegara a comprender,

Cuánto,

De verdad

Cuánto,

Le hemos querido.

Querido calcetín de mis entretelas, sinceramente espero,

Que allá donde vayas no tengas, no tengas, un amo más cruel que yo.

Espero que se acuerde de tu cumpleaños.

Que te anime y te cuide como te mereces, que al menos el detergente que utilice sea de marca. Que tan solo te escoja una vez al mes. Que sea solicito y atento, que no te lave con agua fría, que atienda a tus comentarios a la hora de comprar otro par de zapatos.

Que te resguarde del cajón de los calcetines antiguos que tanto vicio tienen.

Que no visite piscinas, ni campamentos.

Que utilice lejía solo cuando lleve chanclas.

Que no te deje a merced de sus animales de compañía y sobre todo,

Sobre todo,

Que sepa conjuntar la ropa de forma que la gente no mire a sus tobillos y piense que eres totalmente horrible.

Mónica Martín

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