Pensamiento azul sobre fondo blanco. Me hablas sobre el cerebro, su estructura, sus juegos, las pasadas que nos juega en la antesala de la recompesa. Me acomodo, ante mí se dibuja la palabra orgasmo y un sentimiento inanimado de vergüenza recorre mi espalda. Llegamos a la conclusión, ya sabes, la de que Vangok se amputó la oreja no en un ataque de ego artistico sino en un arrebato de dolor auditivo. Me creo perdida, envuelta en un papel celofan que recuerda a una canción de Jazz. La resaca es una poderosa arma de autoconocimiento.
Me escribe, me escribe mucho desde hace mucho tiempo. El pasado vuelve a mi como si yo quisiera abrirle la puerta. Cepillo con una escoba la arena de mi puerta. En mi sueños pesco camarones de colores, de nuevo extiendo redes, vuelvo a nadar entre las gambas de un estanque cristalino, de nuevo lloro de emoción y eso me hace feliz… vuelvo a sentirme viva.
Pensamiento azul sobre fondo blanco. Te sonrio, he vuelto a sentarme sobre mi hipotalamo. Ya no quiero ser nada, abandonar cualquier postura es lo unico que me importa. Te veo resplandecer, en el calor de la noche, me afilo los colmillos, me relamo buscando en la oscuridad tu abrazo incierto. Como una gata, sin saber que esquina de tu cuerpo es la más adecuada para restregarme, me apreto contra tu espalda quedandome dormida, soñando que ya haciamos el amor, sabiendo que reinventabamos el sexo. Me despiertas, de nuevo caes sobre mi, eres torre de babel que ha dejado de comprender el orden que existe en los archivos de la mente. De pronto eres aura que no se ve, marea que recorre acantilados gigantes, animal que ataca, mastil en el que hundirme, verso que no se scribe, beso que no se da, agua que ya no bebes.
Eres la sed que me empuja a beber.
Pensamiento blanco sobre fondo azul, tu saliva es la pagina en la que escribo que ya no puedo hacer promesas sobre el futuro desde que Dios me dijo que solo él controlaba el destino de todas las personas y las cosas.
En la medio de la noche sueño, que los lagos del planeta son infinitamente azules, que ya casi nadie muere por amor, que la noche fresca sigue al día templado. Que la lluvia es una promesa de recompensa y que en realidad nunca es demasiado tarde sino una sabe dejar atrás las cosas.
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Sexual Healing
Junio 20, 2009 · 1 comentario
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Yo, soy del Celso.
Mayo 30, 2009 · 2 comentarios
El que ha muerto tenía los ojos grises como el plumaje de un halcón peregrino. Se habían vuelto pequeños con el paso del tiempo, permanecían avidos en sus cuencas y aunque contaban entre los dos la historia más cruenta de la España reciente nunca dejaron de ser vivarachos e inquietos.
Los ojos de todo abuelito que se preste son vivarachos.
Cuando una perdida te sobreviene, así, de pronto, como sobrevienen las perdidas, una es incapaz de reaccionar de una forma mediantenamente digna. Ni aún esperando esta cruenta noticia resulta facil mantener el carácter castellano y la compostura. Admiro a las personas que son capaces de no llorar, ni gemir, ni patalear en el suelo, ni decir absolutamente nada cuando alguien que es muy querido para ellos se les va. Yo sabía la noticia, no era desconocida para mí, sabía que iba a suceder en poco tiempo, luego paso lo del sueño, de nuevo. Soñé el fin de semana anterior que entraba en nuestra alcoba y tenía como veinte años menos, llevaba sus gafas de leer puestas y le pregunte , ¿abuelo que estas buscando?. Y me contestó: Mi libro, me voy. Su libro era por supuesto el Quijote en castellano antiguo. En ese momento supe que el final estaba cerca. Le vi bien, con un poco de prisa, pero sano, otra vez vivo, otra vez resuelto a cruzarse España de cabo a rabo aunque fuera caminando. Lo demás fue cuestión de esperar.
Esperar.
A que las plantas echaran flores.
A que hiciera mucho calor.
A que amarillearan los senderos del pueblo en todas partes excepto en el lugar oportuno, la laguna que esta cerca del cementerio.
A que se hiciera de día, por si podía abrir los ojos y ver de nuevo el sol.
A que fuera lunes porque el fin de semana es el momento de descansar despues de una dura semana de jornadas “allí fuera”.
A que la vida entera y no solo una mala época volviera a pasar por delante de sus ojos, esta vez apagados y moribundos.
A que la paz y el descanso entraran por su cuerpo y volviera a ser el mismo, como aquellas tardes en las que siendo muy pequeña me llevaba con él al huerto y me enseñaba a hacer los surcos en la tierra, a regar, a atar las plantas de tomate a una caña para que no se veniceran por el peso. Me enseñaba a compreder que la sandía y el melón deben tener un tamaño idoneo de recogida, que uno debe ser cuidadoso y no destrozar aquello en lo que ha trabajado con tanto empeño durante muchos días al sol. Me enseñaba que montarse en un burro era el mejor medio de transporte en pleno agosto, que hay lugares donde es mejor no subir con un coche, que una piedra puede ser un trozo de papel higiencio y que siempre existe un buen momento para leer un libro.
Me enseñó que en la vida es mejor no escoger bandos, que todos los que pretenden convertirte en algo terminaran haciendote sufrir. Que hay veces en las que no hay más remedio y que en esas ocasiones hay que ser muy valiente y llorar, llorar hasta que todo el dolor que uno tiene dentro salga fuera.
¿No teneis la sensación de que con cada muerte que vivis se pierde un trozo de vuestra propia vida?. Yo creo que en esta ocasión he dejado resbalar por aquellos senderos un trocito muy querido y muy pequeño de mi infancia.
El cosario
Noviembre 18, 2008 · 5 comentarios
Hay días, como hoy, en los que me hubiera gustado escoger otro camino. En los que me planteo que tendría que haber actuado con inteligencia y no con la impulsividad que me caracteriza. Debería haber hecho cuajo y cerrado puertas para continuar con una vida feliz y tranquila, ese era el plan.
El plan que tenían mis allegados para mí. Búscate un buen trabajo, mantén una vida lo más comedida y respetuosa con los demás posibles y ante todo sé feliz. Como si fuera tan fácil, ser feliz digo, intentar meterse en unos márgenes, ser una persona más entre un millón. Atarse los zapatos sin despeinarse.
Hoy tengo ante mí una personilla a la que me siento incapaz de decirle lo mismo. Haz tu vida, mantén un camino lineal, respetuoso y adecuado con tu tiempo. Sé feliz. Trabaja. Sé feliz. Sé como los demás.
No pude, no puedo, sencillamente, por eso le regale una caja vacía. Quería que la llenase de proyectos, que fuera metiendo en ella todas las pequeñas y grandes cosas que de verdad le importaran. Cosas por las que una debe pelear y cosas por las que no debería alterársele ni un músculo del cuerpo.
Yo encontré mi camino, indigno, nada comedido, casi siempre irrespetuoso. Distinto a lo que viene siendo una senda común de elefantes atados con sus cadenas. No me adapto ni a tiros, da igual el agujero laboral en el que me meta. Todos me parecen lo mismo, cuerdas de esclavos domesticados con miedo a perder lo que es suyo. Mira que tenía razón la que nunca tuvo planes de futuro: Las cosas, escucha, nos poseen. Fue lo único que me quedó de ella. Las cosas nos poseen. Después de esto se marchó para siempre, me vio coger el camino fácil, ser una esclava y se marchó para siempre. No se dio cuenta de que tarde o temprano reventaría, tan solo era cuestión de tiempo.
No la extraño, a ella no. Sé que lo breve cuanto más breve mejor y solo por esa frase le guardo el lugar más privilegiado de mi memoria. Cuando todos los demás recuerdos se hayan borrado seguro que me queda esa frase. Así, latente, sin asociación afectiva al respecto, con mucha culpa insonora pero viva.
Cómo se le dice a una personilla que quieres que camine hacia donde sea pero que se mueva cuando sabes que los pasos que tú has dado son en parte erróneos. Cómo se dan consejos de la vida sin tener ni puta idea de lo que es la vida.
¿Qué puede hacerse, enana, con un cosario?
Había una vez la libertad…
Noviembre 17, 2008 · 2 comentarios
Ya no tengo miedo, hace mucho que vivo sola. No en el sentido estricto de la palabra sino en el más literal posible. Hace tiempo que desgraciadamente la única persona capaz de entender mi carácter, mi acritud y mi expresividad desapareció por completo de un mundo que yo una vez creí posible.
Las cosas cuanto más claras mejor, perece que solía decirme. Adolezco su franqueza, echo en falta su honestidad, su valentía y su coraje. Extraño lo buena persona que era, su voz profunda, su quehacer en las más pequeñas cosas. Sus alegrías ante el mínimo triunfo, su entusiasmo. Te contagiaba, le daba importancia a lo que realmente era importante y obviaba lo que era innecesario.
No sé como sucedió solo sé, que como en las mejores historias de amor que se han contado desde que el mundo es mundo, la gente empezó a murmurar y a notar que una relación que se daba por sí misma terminaría siendo peligrosa.
Las personas bebieron de un estanque caliente que iba encendiéndolo todo a su paso y algunas almas malditas se encargaron de rodear nuestro nicho y hacernos pedazos. Vinieron a por nosotras, pequeña gran jefa, con puñales y espadas, con antorchas en mitad de la noche, con el odio encendido que sienten las personas incapaces de demostrar lo que valen.
No estábamos preparadas para este mundo, la gente no soporta que les digas las cosas a la cara sin ocultarte. No quieren que destaques lo que no te gusta de ellos, o de su imagen, o de lo que en ese momento estés mirando. No pueden ver más allá, igual tienen otros rasgos que te gustan pero eso nunca importa; necesitan ese odio, ese rencor, ese lugar oscuro en el que refugiarse. Necesitan odiarte, no quererte, amenazarte, poner en peligro tus flaquezas. Necesitan despreciar tus disculpas, les hace sentirse mejor.
Ver como poco a poco vas hundiéndote, necesitan que desaparezcas por completo y les dejes tu sitio y cuando ya no estas avanzan implacables hacia otro sitio que puedan ocupar.
Yo nunca creí en esto. Ni en los monos espaciales como decía Palaniuk, ni en los tontos por ciento como decía Sabina, ni las divas con contratos prematrimoniales como Madonna, ni en general en cualquier persona que pueda mirarse en un espejo sin sentirse alguna vez mal por algo que haya hecho.
No creo en el orgullo, ni en la soberbia, ni en la mejor manera de decir las cosas, las cosas se dicen de la única manera posible, diciéndolas. No creo en las personas que lo miden todo, porque todo está escrito y todo puede ser leído. Creo en la gente que cree en si misma y que igual es capaz de verse con defectos y aceptar una disculpa.
A mi me encanta aceptar una disculpa.
Grandes éxitos y pequeños fracasos
Octubre 7, 2008 · 1 comentario
He aquí una nueva criatura, os invito a conocerla y a disfrutarla:
La emoción es aquella expresión traidora que nos hace vulnerables ante los demás.
En este viaje, Mónica Martín, nos coge de la mano para llevarnos a lugares sitos en ninguna parte que alguna vez todos hemos atravesado.
La miseria humana y la alegría se unen en este canto de sirena con nombre propio que forma un calidoscopio de literatura antes inexplorada.
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Quills
Septiembre 2, 2008 · Dejar un comentario
Este mes me toca ser la pitufa gruñona. Quiero cortarme las venas con una memoria Usb. Ya está lo dije, es lo que me ha dicho el psicologo (en mi caso psicologa) y es lo que hago. No deberiamos mezclar lo personal y lo profesional. Me desahogo. Tengo que explotar y exploto. Mierda, mucha mierda, eso es lo que nos espera al final del truculento camino a la victoria. Esa que no sabes ni como es porque nunca la alcanzas.
De este arrebato tiene la culpa Quills (Quills y otras aberraciones que he tenido la suerte de leer en internet). ¿No la habeis visto?, es genial, es la vida del marques de Sade con el que me siento irremediablemente identificada, bueno más que centrarse en la vida se centra en la obra, lo retrata (al escritor) como un ser descarado, indecente, apostata, rebelde, cruel, sádico, onomatopeyico, parasitario, caprichoso, turbulento, oscuro y desafortunadamente comprendido con una bellisima Kate Winsley que hace las veces de mensajera del diablo.
Por cierto, Winsley, como el vino mejora con los años, si tuviera minga me la pondría dura.
En una liberada Francia Sade habla de Follar (con mayusculas) y por ese motivo lo encierran en un manicomio, por ese motivo y porque de otra manera su bienamada esposa no hubiera visto un duro, a no ser que lo hubieran ejecutado en cuyo caso hubiera pillado una pasta. O no, eso nunca lo sabremos, lo que si sabemos es que gracias a ese encierro voluntario vieron la luz unas cuantas de sus obras, cada vez más bestias, carnales y crueles. Cuanto más vetado tenía el derecho de expresión con más violencia cobraban vida sus personajes, con mas fluidos de colores se intercambiaban sus escenas, con menos suerte sobrevivía el Marques.
En esta vida, oye tú, ¿qué hay que hacer para ser Marques?
Vale, y ahora la parte de las confesiones. Yo he leído el Marques de Sade, antes de esta maravillosa adaptación cinematográfica con la que he disfrutado como una enana en celo.
Cien latigazos.
Chica mala.
Contiene política o más bien apolítica (¿lo has leído? , no, pues entonces no me digas que solo habla de guarradas). Tiene mucho de anarquico, de resistencia a las clases sociales y bastante de anticlero. Es dificil de digerir pero se defiende mejor que cualquier guión de peli porno.
Todo tiene su momento . Quills se sale.
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Abriendo puertas, ventanas, esperanzas
Agosto 29, 2008 · 1 comentario
Odio mi trabajo, lo digo así de claro. Me cansa, me aburre, me exaspera, me condena a vivir una vida incompleta en la que utilizo la parte sana de mi cerebro que no ha sido destruida por la vida emocionalmente turbulenta que he llevado hasta que salí del armario.
Y el que este libre de pecado que venga y que lo diga bien alto. Yo trabajo por dinero, punto, y pensar que durante el resto de mi vida tendré que seguir trabajando en algo que no me gusta ni me disgusta sino sencillamente me ayuda a ganarme el pan, me deprime.
Últimamente me siento confusa, dolida, triste. Extraña. Como buscando algo que no encuentro, como queriendo rebelarme por todo y sin saber exactamente por qué.
Esto no me influye, yo llego, hago mi trabajo lo mejor que puedo, intento facilitarle la vida a mis compañeros que dependen del empeño que le ponga y así pasan las horas. Después llegan las seis como no, inevitablemente tengo que coger el autobús, pasar por el hotel donde todavía esperan personas desechas, todos los días veo policía, ambulancias, cámaras de televisión… cada vez menos y un escalofrío, un agradecimiento, una oración y un palpito fúnebre me recorren la espalda. No sé decir aquello de yo hubiera salido del avión como fuera, no sé ponerme gallito ante la desgracia de los demás pero cada día al pasar por la puerta de ese hotel se me escapan las lágrimas, los sentimientos perdidos, la necesidad de tener mi luna de miel, la necesidad de disfrutar de cualquier cosa. La esperanza, yo qué sé de no estar equivocada. La ilusión de sentir empatía. La alegría de continuar enamorada.
Lloro mucho, nadie lo sabe, soy una llorona. Me emociono con cualquier gilipollez. Eso en mi trabajo no lo saben, no me lo permito, no quiero abrirme, no quiero ser nadie, simplemente cada día quiero que lleguen las seis de la tarde, porque entonces puedo volver a pasar por la puerta de ese hotel y cuando llego a la puerta casi siempre llamo a alguien que quiero, a mi madre, a mi mujer, a alguno de mis hermanos, a mi mejor amiga y lo hago solo por escuchar su voz y no sentirme tan sola, tan triste, tan deprimida por todo ese tiempo que pasa sin pasar nada, solo cosas que me hacen odiar el día que decidí ser informática en lugar de escritora, solo cosas que me hacen prometerme a mi misma que voy a terminar esa novela que he comenzado y que va a ser lo mejor que he escrito.
Pero cuesta, cuesta mucho, sentarse, escribir, cansada como un perro, harta de todo, extasiada porque el tiempo pasa y de nuevo no pasa nada. Cuesta, porque inevitablemente cada día tengo que volver aquí o a otro lugar, porque eso no va a cambiar al menos de momento, en cambio lo que si se altera a cada momento es mi capacidad de resistencia ante una vida común, sin luna de miel, con miedo a volar, con días programados desde el inicio hasta el final, con esas cámaras de televisión a las que tan solo les importa la próxima familia que estallará en lágrimas ante un féretro vacío. Con esas miles de cámaras que probablemente también lleven a hombros personas que odian perseguir el dolor de los demás a cambio de un sueldo indigno, miserable y suscinto.
Cuesta pero jamás abandonaré aunque la única persona que continué leyéndome sea yo misma, aunque tenga que tragar la insoportable rutina que se come mis nervios, aunque tenga que escribir mientras duermo y no mientras vivo.
Jamás abandonaré lo único que me hace sentirme viva, porque la vida es en realidad lo único que tengo y que de momento nadie ha conseguido arrebatarme.
Y tú, me contestas a esta pregunta : ¿Qué harías si supieras que dentro de poco vas a morir?
Sobrevivir
Junio 23, 2008 · Dejar un comentario
Dicen que la buena suerte no es compañera de un artista, que si esta aparece su genialidad se corrompe y no regresa jamás. Tengo mis dudas sobre ello, si reviso la figura de Dalí, siento serias dudas al respecto.
Tal vez el problema este en que esperamos demasiado de la vida, fama, gloria y fortuna. Sobre todo fortuna y quizá deberíamos plantearnos de forma íntima y sincera si esa fama, esa fortuna y esa gloria nos hará realmente felices.
Concluía Punset en “Su camino a la felicidad”, que esa insatisfacción constante del ser humano no es más que un mecanismo biológico, son profundas cicatrices que nos llevan a superarnos en el deleite del placer y que si hay una verdadera definición de felicidad, tal vez ésta se aproxime a la fugacidad, al brevísimo espacio de tiempo que uno lo disfruta.
Véase como referencia un orgasmo. Una intensa búsqueda de placer que concluye en una explosión de sensaciones, en ocasiones tremendamente ruidosas.
Y ¿después?
¿Qué?
¿El vacío, otra búsqueda en el camino o un breve descanso?
Tal vez, ¿un cigarrito?
Cada cual que escoja la mejor forma de supervivencia en su propio caos. Yo me quedo descansando un poquito., acunada entre las sabanas limpias que me ha prestado esta noche efímera que es la vida. Saboreando el momento, transpirando normalidad. Vacilando en esos vestigios gallardos de reintentos. Orgullo de gitana comedida en la poderosa satisfacción que le da el poder de la sinceridad y la palabra. Pues grito, o callo, pero siempre soy yo misma. Descanso en la herencia, más bien chulería, desparpajo. Teatro de sombras que finalmente se queda en nada.
Buena suerte.
Otras noches suerte neutra.
Y en las noches venideras un calor que aplasta conatos de incendios verbales.
Es un deber humano sobrevivir a cualquier cumbre de felicidad que una se encuentre en su camino para recordar otros momentos de la vida menos altivos y que a fuerza de dolor forjaron el desarrollo de la paciencia, tan escasa y necesaria en estos días.
Y tú, ¿cómo sobreviviste a tu último momento de felicidad?
Para todo lo demás…
Junio 20, 2008 · 1 comentario
Metro de Madrid. Vuela.
Junio 12, 2008 · 2 comentarios
¿Paso o no paso?.Paso. A empujones, como sea, no puedo retrasarme. Otra vez contra la puerta, os conozco a casi todos en este vagón. Mala suerte, hoy me apretan contra el de la cebolleta. Que asco. Solo son las siete y media AM. y el pestazo a sudor ya corta la respiración. Parados. Por un momento se apaga la luz y un famélico fluorescente de emergencia nos alumbra en las tinieblas. Fuera la huelga arrasa con la paciencia de los conductores, los consumidores y otras especies venidas a menos.
Quiero ser hormiga por eso socavo trayectos amargos eneste agujero insano.
