Mónica Martín

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G20 2.0

Septiembre 8, 2009 · 1 comentario

G-20 2.0

Tenía una propuesta seria, por parte de mi suegra, de entrar en el blog de Risto y pegarle el post. Lo estuve pensando (cinco segundos) anoche y he decidido que no, que yo por mi misma no voy a entrar en su tocho-ombligo de modernillo funky enteraillo de la vida a decirle lo que pienso, que busque fuera si quiere información, que es lo que hace todo hijo de vecino, es más para ver la realidad hay que salir de casa, así que… tú mismo.

Tengo que volver a hablar de tu programa, lo siento. Igual tú no lo crees pero lo siento de verdad.

Veo que has descansado, el fin de semana te ha sentado bien. Has podido regocijarte en tu sumun-share televisivo. Te has hecho cosquillas con los dedos de los pies en la nuca, te has lamido el codo, te has tocado la punta de la nariz con la lengua… ah!… que no, que no lo has hecho… pues lo demás tampoco. Cambiar el tono, ofrecer algo que no sea un refrito pro-telecinco, darle un formato propio que se aleje de la vulgaridad; eso tampoco lo has hecho. Venga, no puede ser tan difícil, manda al cagao a la productora y haz lo que te salga de las pelotillas.

Ahora va en serio. No sé el resto de telespectadores, yo ayer pase la gripe y (griega) con tu programa, entiendo que es tuyo porque solo sales tú de cuerpo presente. Como toda gripe tuve cinco minutos de subida al ver que no tartamudeabas, cinco minutos de estancamiento febril al comprobar que era la misma mierda con distinto olor, cinco minutos de desconexión, es lo suyo después del estancamiento y por fin cinco minutos de ausencia. De una total y placida ausencia.

Me arrasque la barriga mientras seguía inventando criaturas con el Spores (prometo que dejaré los videojuegos y volveré a escribir solo necesito un poco de tiempo) y cuando deje de escuchar el tonillo nostradamico de tu voz pregunté:

Cariño, ¿Quién estaba en el número uno? y cariño que miraba la televisión desde hacia rato sin prestarle atención me contestó… ¿Ya has conseguido asociarte con los reptus inmundus?. Obviamente estaba más atenta a mi partida de rol entre criaturas del pleistoceno que a la lista.

Ya sabes… la lista. Esa lista en la que una chica que tiene un látigo y se pega de bruces con un mazo que parece la cola de un dinosaurio. Si, hombre esa lista que se supone que penaliza a los 20 peores personajes de la actualidad… joder! Que si, esa lista que iba a presentar un creativo de publicidad y con la que nos íbamos a quedar bocas. Macho!!! Esa lista que hizo un montón de audiencia el primer día y tras la cual un montón de corazoncitos como el mío hicieron ..chof. Ya lo has recordado. ¿A que si?

Esa lista que nos promestiste iba a revolucionar el mundo de las listas.

Esa lista no existe.

Tu programa me aburre. La televisión son minutos, lo decís todos los que estáis en ese mundo, minutos que hay que aprovechar para enganchar a la gente, de eso se trata, de quitar esos minutos de ocio que la potencial audiencia puede dedicar a otro hobby (por ejemplo a leer) o a otra cadena e invitarles a que se queden. Aprovecha esos minutos para rebelarte de una santa vez y hacer las cosas como quieres. No me creo que seas tan hortera (bueno tal vez después de lo del hummer si que lo seas).

En fin, esperaré a la versión 3.0, a ver si me convence aunque ya sabes lo que dicen por ahí… no hay dos sin tres.

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G20

Septiembre 5, 2009 · 3 comentarios

No iba a hacerlo, pero después de ver dos programas seguidos ya tengo más criterio del que él mismo ha tenido en algunas ocasiones para enterrar en su psicopática verborrea a algunos pobres inocentes que tan solo estaban peleando contra viento y marea por hacerse un hueco en el mundo de la música.
Risto, deja los platos de TV y escribe libros, se te da mejor.
No es que yo sea defensora acerrima de Jesus Vazquez, me cae bien, eso si; ni tampoco lo soy de los triunfitos siempre he creído que debía hacerse una selección más cercana a la composición y menos basada en la imagen y las voces que son capaces de reinterpretar espectacularmente; pero después de ver los dos programas de G-20 he sentido una especie de desilusión aderezada de curiosidad. Empezaré primero por la curiosidad; si hay algo que me ha gustado de Risto, de entre todo lo que ha parido, ha sido su libro. Su primer libro “El pensamiento negativo”, es vivo, inteligente, cachondo, mordaz, no tiene nada que ver con la mala educación a la que últimamente nos tenía sometidos el personaje de Risto; pensé ilusa de mí que tal vez en OT, estaba limitado, que podría hacer y sobre todo decir cosas mucho más interesantes de las que decía si la cadena le daba un poco de libertad creativa, pero tengo que decir que me he llevado una gran decepción. El formato del programa me parece superficial, el énfasis de Risto forzado, está perdido, desorientado y cuando tiene que rematar al toro a duras penas si consigue marearlo. Seguro que JV se está frotando las manos en el sillón de su casa mientras ve como un día tras otro (de momento) Risto no consigue conducir adecuadamente su nuevo proyecto.

Seguro que alguna risilla malevola se le escapa, es humano.

Si yo fuera él iría cambiando algunas cosas, para empezar haría criticas de verdad, ya que el mastodontico cuerpo de Teresa de la Vega no me parece argumento suficiente para incluirlo en un G20. Me centraría más en los temas que verdaderamente interesan a la población y sacaría más contenido callejero y menos de peli porno, ya que el exponer en macropantallas imágenes de otros tiempos de Miriam de la Piedra me pareció soez y de mal gusto. La chica del látigo está pasada de moda y el sky de la lista me recuerda al salpicadero de un mil doscientos, no hablemos del mazo que es menos efectivo en causar impresión al espectador que Zapatero en intentar sacarnos de la crisis.

La televisión, la mires como la mires, últimamente es una bazofia, solo se habla de Belen Esteban, el Jesulin, la Campanario y la madre que los parió a todos. Se habla de ellos, como si fueran un asunto de estado, poneros a contar los minutos de televisión que ocupan y os daréis cuenta de que en este país es más importante que Andreita se coma el pollo a que todos tengamos un puesto de trabajo digno, una formación que se equipare con la europea o una cultura y educación que parezcan suficientes como para que las civilizaciones venideras nos recuerden. Aquí no, este es el país del lingotazo, del cachondeo, de la compra de votos a base de cheques guardería, promesas infinitas de 400 euros, planes de estimulo de la economía estúpidos que han hecho llenar los bolsillos del amigo de otro amigo que a su vez tiene un primo que ahora se dedica a fabricar carteles; por eso; puede que solo por eso, yo esperaba más de Risto, esperaba que hiciera un programa de denuncia Social solido, coherente, inteligente, morboso y qué me he encontrado, pues un tímido especulador sin argumentos sólidos que si se tuviera que juzgar a sí mismo, se nominaría directamente.

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Visibilidad

Julio 26, 2009 · 8 comentarios

portada_Visibilidad 

Para aquellos y aquellas que estabais esperando, mi  nuevo libro ya se encuentra a la venta.

Os dejo el enlace

http://www.bubok.com/libros/13361/Visibilidad

 

Espero os guste.

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Sexual Healing

Junio 20, 2009 · 1 comentario

Pensamiento azul sobre fondo blanco. Me hablas sobre el cerebro, su estructura, sus juegos, las pasadas que nos juega en la antesala de la recompesa. Me acomodo, ante mí se dibuja la palabra orgasmo y un sentimiento inanimado de vergüenza recorre mi espalda. Llegamos a la conclusión, ya sabes, la de que Vangok se amputó la oreja no en un ataque de ego artistico sino en un arrebato de dolor auditivo. Me creo perdida, envuelta en un papel celofan que recuerda a una canción de Jazz. La resaca es una poderosa arma de autoconocimiento.
Me escribe, me escribe mucho desde hace mucho tiempo. El pasado vuelve a mi como si yo quisiera abrirle la puerta. Cepillo con una escoba la arena de mi puerta. En mi sueños pesco camarones de colores, de nuevo extiendo redes, vuelvo a nadar entre las gambas de un estanque cristalino, de nuevo lloro de emoción y eso me hace feliz… vuelvo a sentirme viva.
Pensamiento azul sobre fondo blanco. Te sonrio, he vuelto a sentarme sobre mi hipotalamo. Ya no quiero ser nada, abandonar cualquier postura es lo unico que me importa. Te veo resplandecer, en el calor de la noche, me afilo los colmillos, me relamo buscando en la oscuridad tu abrazo incierto. Como una gata, sin saber que esquina de tu cuerpo es la más adecuada para restregarme, me apreto contra tu espalda quedandome dormida, soñando que ya haciamos el amor, sabiendo que reinventabamos el sexo. Me despiertas, de nuevo caes sobre mi, eres torre de babel que ha dejado de comprender el orden que existe en los archivos de la mente. De pronto eres aura que no se ve, marea que recorre acantilados gigantes, animal que ataca, mastil en el que hundirme, verso que no se scribe, beso que no se da, agua que ya no bebes.
Eres la sed que me empuja a beber.
Pensamiento blanco sobre fondo azul, tu saliva es la pagina en la que escribo que ya no puedo hacer promesas sobre el futuro desde que Dios me dijo que solo él controlaba el destino de todas las personas y las cosas.
En la medio de la noche sueño, que los lagos del planeta son infinitamente azules, que ya casi nadie muere por amor, que la noche fresca sigue al día templado. Que la lluvia es una promesa de recompensa y que en realidad nunca es demasiado tarde sino una sabe dejar atrás las cosas.

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H1N1

Abril 28, 2009 · Dejar un comentario

Imagínate que un día está de que te mueras. Del palo de empezar a enfermar sin motivo mientras un virus malévolo y conducido por nuestro gobiernos, desgobierna las calles. Tantas veces lo he visto en alguna película de tinte catastrófico, tantas, que verme en una situación así, gustándome tanto el género tendría gracia. Y ahora ¿qué?, me preguntaría mientras un sibilino y persistente pánico siembra las calles y ahora… qué.

Últimamente y gracias al último libro que me he leído me ha dado por hacer listas de cosas, es gracioso haberme sentido tan preocupada por ese viaje que no hice, por esa chica que no abordé, por esa otra que si fue abordada, por las millones de barbaridades que he dicho y he hecho en público, especialmente cuando era de noche, había salido de farra y me ponía el mundo por montera. Es graciosísimo, lo he pensado mucho… la respuesta, ya sabes, la de ¿Qué harías si supieras que vas a morir en diez días? Y la verdad es que no tengo una respuesta. Lo gracioso es que no tengo una respuesta. Lo habéis pensado en serio, no en un mundo idílico sino en uno gobernado por el miedo, por el pánico, por el desastre funcional a todos los niveles, lo habéis pensando en medio de una jungla en la que lo único que importa es la supervivencia.

He sobrevivido a dos atentados, he estado en el lugar equivocado y he dejado de estarlo y mi destino era estar allí y no se cumplió, por eso creo que soy una superviviente, no porque haya hecho nada especial por librarme de ninguna catástrofe sino porque el azar me ha ayudado a no estar en el sitio que tendría que estar cuando todo pasase. El retraso de un tren, una promesa de inicio de una vida mejor, un padre.

Me importaría una mierda lo que piensa la gente si dentro de diez días se declarase una pandemia mortal, sería tan importante lo que somos y lo que aparentamos ser y lo que es más importante, cómo de importante es como viva su vida tu vecino si la tuya propia está en peligro.

Piénsalo en serio, ¿te hace feliz esta vida?

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Fronteras.

Marzo 27, 2009 · 1 comentario

frontera1En ocasiones nos da por mirar hacia el horizonte, es en esos días despejados y luminosos en los que nos sentimos menos humanos; dotados tal vez, de una sustancia divina que nos confiere la suficiente fuerza, física y mental que necesitamos para afrontar nuestro día a día; en los que no somos conscientes de lo que tenemos. No nos hacemos la pregunta, esa pregunta molesta y capciosa que retumba en los momentos de espera en los que el tiempo ha parecido detenerse. Momentos en los que estamos obligados a ser un mero receptáculo de la vida. Véase, el trayecto en tren hasta llegar al trabajo; léase, la duermevela que quiere removernos cuando estamos a un paso de caer en las incunables manos de morfeo.

Todos tenemos una pregunta, es de ley, pero casi nadie está dispuesto a averiguar la respuesta.

Mientras tanto seguimos, criptonita en mano con nuestro ritmo.
6 AM. Suena el despertador. Desayuno, ducha, conducir hasta la estación.
7:45 AM . Coge tren o el tren te coge, que más da, llega un momento en el cual una pierde la perspectiva de las cosas.
8:12 AM. Sal de tren. Coge Metro.
8:45 AM. Llego al trabajo…
Me enfado
Trabajo
Me enfado
Trabajo
Me vuelvo a enfadar
Trabajo
Me siento insatisfecha pero no existe otra opción
Eso me enfada mucho más
Llega la hora de comer.
Tapper.
Más criptonita.
Vuelta al trabajo
¿Hoy se irá pronto?, Espero que si, es lo único que me da esperanza
Vegeto
Trabajo
Vegeto barra trabajo barra vegeto
Es mi hora salgo.
Corremos hasta el metro.
Tren

Me duele la espalda y la cabeza. Se me duermen las piernas. Hoy ha llegado hasta la misma llaga de mi orgullo, y que tenga cada día que soportar semejante sarta de argumentos sin sentido, que tenga que soportar la estupidez suprema venida hasta mi puerto cada día laborable de mi vida. Es lo que hay, pues sí, es lo que hay. Encojamos los hombros por el momento.
15 correos por jornada y cada día tengo las cosas menos claras. Me aburro, me exaspero, me siento iridiscente en el quicio de mi silla. Rutina. Eso es la rutina, una sustancia que se te pega por todas partes como si fuera aceite y no hay manera de despegarlo. Parece que me han untado de alquitrán y después me han emplumado, todo con el objeto de reírse abiertamente de mi.

Realizo esa cuenta mental de nuevo. Llevo realizando esta cuenta unos cuantos meses.
Hora y media ida más hora y media vuelta igual a tres horas.
Tres por cinco igual a quince horas semanales.
Quince horas semanales por cuatro igual a sesenta horas al mes, es decir una semana y media de horas laborables se pierden todos los meses en mis trayectos tele transportables camino del trabajo. 60 horas mensuales de mi vida se escapan por las vías del tren, sesenta horas de mi vida son invertidas en absolutamente nada. Algunas veces leo o escribo, otras escribo o leo. Las menos, gran parte del tiempo lo invierto en vegetar y evitar la pregunta. Ya sabes que pregunta.

Pisotones, empujones, caídas, apretones, el aliento de la gente que te respira en la nariz. La prisa, la impaciencia, los retrasos, los esqueletos de yonquis que todas las tardes vienen a pedirme dinero para comerse la heroína No les llega, para comprar pan, necesitan un chute.
Después de nuevo el coche. Son las ocho de la tarde. Tengo suerte hoy mi cabeza no explotó.
Ana dice en España tenéis miedo.
Pues si lo tenemos, por eso nos hemos convertido en los santos esclavos de esta patria. Alguien tiene que darle comer a los bancos, pobrecitos, a ellos tampoco les llega para comprar el pan necesitan su dosis y es que la ambición nunca es pagada con moneda suficiente. Buen invento el de la moneda, si señor, el problema es que su producción estaba avocada a ser infinita. Cuantos problemas se ahorraría el ser humano si necesitará cada vez menos en lugar de necesitar cada vez más.

Mi momento, 45 minutos de Spining, allí me imagino entre verdes praderas que un día crucé. Vuelvo a sentir el sol en mi cara, el viento, el olor de los pinos, la frustración de haber hecho cuarenta kilómetros en vez de sesenta. La criptonita fluye por mis venas, es lo primero que hago en todo el día porque realmente quiero hacerlo, lo primero que es exclusivamente territorio privado, es mi momento de victoria a través del sufrimiento. Mi mente se pone en modo trabajo. Soy off. Estoy off. Solo respiro, recuerdo a mi padre enseñándome a montar en bici. Los músculos son un río de sangre que me hace sentirme poderosa, ni siquiera yo misma conozco el alcance de mi fortaleza; aquí arriba me siento invencible, preparada llegar a cualquier sitio. Este pensamiento peligroso me domina, no seré la primera ciclista que inicia un viaje del que quizá no retorne. Tienes que conocer tus fuerzas, tu limite, medirte. Existe un punto de no retorno, hay que conocerlo o tal vez se haga demasiado tarde para volver, por eso exploraba cada día mi resistencia física y mental. Con la mental no tenía problema , en general no la he tenido nunca, me siento lo suficiente fuerte mentalmente para afrontar cualquier reto mental que se me plantee.

Soy Parkman con los ojos en blanco, recorriendo lugares que no conozco. Aquí ni siquiera escribir es importante, lo importante es llegar, no importa cuanto duela. No importa cuanto se haya perdido por el camino, a menudo todo lo que no es realmente vital e importante para el ser humano se convierte en el mayor escollo con el que creemos encontrarnos. No lo encontramos lo llevamos con nosotros y resulta insufrible continuar hacia delante mientras no nos demos cuenta de cuanto peso llevamos a las espaladas. El lastre tiene que ser liberado del equipaje para poder continuar, sin sentar precedente, esto es una máxima en la vida.

Abro los ojos, el bipper automático me ha despertado, relajo, relajo, relajo. Respiro, respiro, respiro.
Sin ninguna declaración de intenciones por el momento, por el momento lo importante soy yo, llegar hasta la meta, la frontera, el límite es la meta. Conocerlo, porque aún me es desconocido. El limite es no entrar en el juego de quien juega en lugar de explorar. En lugar de explotar. Explota, me gustan las vísceras ajenas.

Llega el fin de semana, para engrasar las máquinas nos hacemos 8 kilómetros, ni siquiera sudo. Me divierte eso sí, probar que mi burra aún funciona con un mínimo mantenimiento. Somos parecidas, yo no necesito mantenimiento, sin embargo continuo funcionando.

Un día ya no miras más hacia el horizonte, bueno tal vez sí, de vez en cuando mientras estoy tumbada en la cama con la rodilla derecha inflamada, haciendo cuentas sobre las horas que he perdido sobre cuantas veces me he sentido frustrada por no haber llegado al límite; atisbo el horizonte que sigue ahí, inalcanzable y me hago, dolorosa lesión en poder de mi cuerpo, la siguiente pregunta, ya sabes, la pregunta… ¿no será que de verdad mi frontera era inalcanzable?

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Alba

Febrero 6, 2009 · 5 comentarios

 

 

¿Lo mejor?, su sonrisa. Sus ojos. Su sonrisa. Todavía hoy no consigo decidirme.

 

Cada día la veo en el tren. Taconazo, pelo liso, negro, sedoso. Piel blanca y suave. Una sonrisa blanca y perfecta de esas que clavan dos hoyuelos en las mejillas. No es perfecta pero a mí me encanta. Desprende un inquebrantable olor a cereza, pasas por su lado y ya estas perdida. La miras, puedes pasar horas mirándola y cada vez verás el atardecer cayendo de su mirada. Al fondo del vagón la luna que recorre mi imaginación cuando la veo entrar por la puerta de mi vagón de metro.

 

No sé mucho de lo que en mi despierta pero creo que está comenzando a darme miedo.

Un, dos, tres paradas. Tac, tac, tac. Posiciona sus rodillas marcando una equis perfecta y yo enamorada por completo de su quiniela. Esa equis, yo, estamos vendidos por completo. Anulo mis quehaceres diarios y persigo su esponjosa melena con mis oídos. Siempre se me hace tarde contemplándola.

 

Como si tuviera tiempo para eso, como si aún tuviera tiempo para eso.

 

El caso es, que aún, no sé como ha sucedido. Sencillamente pasó, como pasan las cosas que tienen que pasar a tiempo, como pasan las cosas que descubren facetas de una misma que han estado durante mucho tiempo ausentes.

 

Recorro su espalda, es una cascada que moja lentamente mis pensamientos.

Los ojos, culpables, se llenan de lágrimas.

 

 

Aprieto la mandíbula, finjo que no la miro, pero los ojos, mis ojos, aún culpables se escapan directamente hacia su mirada. Ella no me esquiva, nunca esquiva una mirada mía. Se sabe poderosa en esa jungla de cabezas.

 

Obviamente no está a mi alcance y sin embargo mantengo la esperanza de que lo pueda estar en un futuro. Se sonríe cuando me encuentra observando el color de sus medias, hace como sino me viera pero en realidad yo sé que no pierde detalle. Lo mejor de no ser detallista es que una puede permitirse el lujo de no perder detalle.

 

Se llamará Miriam, Lucía, Laura. ¿Se llamará cualquier cosa que yo quiera llamarla?

Tiene los ojos negros. Eso ya lo dije antes, por ejemplo son de color azabache.

¿He dicho ya que son preciosos?

¿He dicho ya que por muy fijamente que la mires nunca pestañea?

 

Al principio, cuando comenzamos a observarnos, yo volvía a casa del trabajo y ella de cualquier parte. Ahora se acabó el trabajo, pero yo igual sigo volviendo a la misma hora y al mismo vagón de tren y allí está ella, entrando por la puerta. Sobrecogida, errante, vestida de indiferencia.

 

Después aquellas tres paradas en las y yo me esforzaré en no cruzar mis ojos con los suyos. Pura vergüenza, miedo, indecisión, pero sus ojos y los míos siempre se encuentran. Como quiera que se llame, sonríe a pies juntillas, y a mí se me caen de un plumazo las cien recetas sobre como cocinar un amor a escondidas.

 

Cierro el tarro de las palabras fritas, es la única manera de permanecer impermeable a la carnalidad que despierta en mi semejante ejemplar de hembra. Sin manías, ya lo dije, para eso no me queda tiempo.

Agoto mi paciencia, no tengo valor para perseguirla calle abajo, aunque lo confieso me gustaría, me gustaría mucho. Seguirla calle abajo, saber donde vive, ver balancearse sus caderas por la gran vía. Rehuir su pelo entre la muchedumbre y descubrir al fin que alguien que no soy yo la está esperando.

 

No lo hago, yo, como todas las tardes espero una parada más y continuo mi camino, un camino que desando imaginando el olor de su piel, el tacto de sus manos, como será aquello que está escondido en el vértice de sus piernas. Siento la húmeda inconsciencia de mi pasado entrando en mi memoria. Me acuerdo de cuantas veces he gritado en la oscuridad de una noche cálida y ni por asomo puedo compararlo a los deseos que despierta en mí, por ejemplo Laura. Esa equis y un frío detonador suben desde la planta de mis pies provocando un hormigueo inusitado

.

Ya sé, ya sé lo que significa esa maraña de sensaciones, me apresuro, pronto la sangre se agolpará en torno a mis piernas, henchirá las caprichosas zonas mi cuerpo y el dolor propio de una erección incorrecta me dará el primer aviso. Como cenicienta he de volver a casa antes de que suenen las doce campanadas. Llorar sobre la almohada, gemir en silencio mientras apago cada tarde la hoguera que despierta su imagen. Vomito orgasmos en su nombre, estaría bien que se llamara Laura, aunque si fuese Helena tampoco me importaría lo más mínimo. Mis manos se pierden en un húmedo y solitario baile, tras cerrar la puerta de mi cuarto apenas soporto mi propio espacio. No tardo nada, mi mente ha hecho el resto por el camino. Brindo a su salud, me siento feliz de haber conocido la excitación en estado puro.

 

Lo digo, son muchos minutos que se suman alargando una vida. La mía. Y es que el deseo es sobre todo esperanza. Vitalidad. Dolor. Querer llenarse y no conseguirlo más que por un tiempo. Es ser taza de cristal que se vacía y vuelve a llenarse. Es, por ejemplo, regresar a ese vagón de metro deseando que me diga al oído cualquier cosa.

 

Convencionalismos aparte. Tendría suficiente con un Lo sé.

Sé lo que haces, lo que sueñas, lo que esperas, lo que evocas. Sé, como se llaman todas las tardes en las que riegas mi imagen con el salado río de tu cuerpo. Sé que te desarmas cuando imaginas mi cuerpo caliente deshaciéndose entre tus dedos.

No quiero un saludo, quiero, necesito, el murmullo de sus labios rozando mis oídos

Mi vientre. Mis caderas.

No quiero palabras, necesito batirme en duelo con su lengua.

No quiero nada que no pueda darme, si es que dándome lo que necesito evito conocerla.

 

Esta tarde me he dormido, pasé una mala noche y caí rendida después de comer. Llego tarde a mi cita, corro escaleras abajo y cuando todavía falta un minuto para coger el vagón en el que suelo sentarme a esperarla noto una mano que se posa en mi cintura. El andén es un infestado río de cabezas en el que no puedo identificar que animal me atrapa, siento miedo y al mismo tiempo la tranquilidad de su permeable olor a cereza. Solo es un roce casual que no tendría la más mínima importancia si no fuera porque es la mano que guía mis manos. La siento, el tren no llega y sus dedos continúan apretando el contorno de mi cadera. Me rodea, posa su otra mano y me atrae contra su pelvis. Rodeadas de gente me siento indefensa, no sé que puedo decir o hacer. Tengo miedo a moverme y perder para siempre la oportunidad de sentir su cuerpo tan cerca. No intenta hacerse hueco, asegurarse un puesto entre la multitud de un andén atestado en hora punta, quiere saber lo que yo sé. Sentir lo que yo siento. Ver lo que reflejan mis ojos cuando miran los suyos. Aprieta mi cuerpo contra el suyo, el calor de su sexo rompe las distancias, casi no puedo respirar. Siento sus pechos hundirse lentamente en mi espalda. Su aliento, inesperado, no dice nada pero anuncia el desenlace de una batalla extremadamente larga.

No pares.

No te alejes.

Esta será la última vez que nos veamos.

 

El tren llega, las puertas se abren y pasa detrás de mí. Vuelve a clavarse en medio del vagón, dibujando su letra favorita. Desmadejada, descompuesta, sin un mínimo de dignidad, ya no me siento frente a ella a observar la lánguida caída de sus pestañas sino que me aposto frente a sus ojos, sujetándome de la misma barra. Rozando su mano con la mía, así intento demostrarle que no tengo miedo, aunque en el fondo me flaqueen las piernas. Fijo sus pupilas con las mías, protagonizamos un duelo que sabe a victoria. Me balanceo, quiero ser movimiento de aire en una extenuante danza que hoy está marcada por los astros.

 

Nena, no puedo dejar de mirar tus ojos. Nena, no puedo dejar de mirar tus labios.

 

¿He dicho ya que siento autentica pasión por el transporte público?

Que cuando necesito cariño me pierdo entre la gente que sumida en su vertiginoso ritmo de vida no se da cuenta de la energía que desprende.

 

Tac, tac, tac. Hoy tus tacones no silban se han quedado mudos. Me estaban esperando.

 

Una, dos y en medio de un túnel el metro se para. Se apaga la luz y el tubo de emergencia ilumina el sadismo entre los asustados rostros de la gente, gritos apagados en la sombra anuncian una avería tremendamente oportuna. Nadie pierde la calma. Ella y yo nos miramos cada vez más cerca. Apoyamos su frente y la mía dibujando un espejo. La respiración común de doscientas personas va viciando el ambiente. Su boca se acerca, su aliento fresco delata que no está más sediento quien menos bebe sino quien más corre. El latir de dos centenas y dos medios corazones que van a destiempo son el medidor perfecto para estos pasos. Acércate, los minutos son un concepto relativo cuando lo que premia no levanta a medio metro del suelo. Caprichosa me toca, antes de besarme, me toca y juro por dios que estoy tan húmeda que hace que su mano se detenga.

Sinvergüenza, ¿Es que no vas a besarme?

Este es el juego, ¿Nos tocamos sin besarnos?

Convencionalismos aparte, reina, me hubiera encantado escuchar tu voz pero ya que esto es lo que hay no me queda más remedio que dejar de dudar y entreabrir un poco las piernas porque a pesar de lo que creamos no nos queda tanto tiempo. Creo que esta será la última vez que nos veamos.

 

Entiende el mensaje a la primera y comienza a agitar su mano, con cuidado para no despertar sospechas entre nuestros vecinos de angustiosa espera. Arranca y se detiene. Parecemos dos amigas que están asustadas y se abrazan, nadie se extraña de la surrealista estampa que formamos, puesto que a nuestro alrededor la gente ha comenzado a perder la calma. Están ocupados hiperventilando su miseria, crecen como arboles en el miedo que sienten a morir mientras mi cuerpo tiembla en esta explosión de vida. La oscuridad sigue llenando el túnel, mi mente y mi cuerpo se vacían en el placer de saberse descubiertos. Quiero besarla pero el deseo de llegar hasta el final me lo impide.

 

30 años de inconsciencia y al fin puedo decir que mi vida ha merecido la pena.

 

Me convulsiono sobre su batir desmesurado y elegante, sobre sus tacones. La seda de su pelo y su blanca piel. Sobre el sabor de su cuello, que si fue mío, sobre los millones de cosas que jamás podré decirle. Sobre su mano que se llenó de una sexualidad plena y desatada. Sobre ese descaro y ese atrevimiento. Sobre aquellos que no pueden sentirse libres, sobre la histeria colectiva me rompo, me hundo, me deshago, mis rodillas no soportan mi peso. Riego el algodón blanco de mi ropa interior. Para no gritar muerdo su abrigo y unas lagrimas de rabia, alegría y desesperación anuncian el final del episodio más raro que he vivido en toda mi vida.

 

Esto es amor o por lo menos se le parece bastante.

 

A escondidas recupero el aliento y todavía entre sus brazos le pregunto su nombre. Con la dulzura propia de lo inviolable me contesta. Alba. Mi nombre es Alba.

 

Recuperamos la normalidad, la luz ilumina el gentío. Nos miramos a los ojos, nos sonreímos y nos vamos alejando la una de la otra. Para no complicar más las cosas, contamos hasta tres. Llegamos, punto y final de la historia. Alba se desliza entre la gente como un alud de primaveras sin aflorar y desaparece guiñándome un ojo.

 

La satisfacción se mezcla con el duelo por su marcha.

Y qué los más bellos amaneceres de este mundo sean tan cortos.

Y qué los más bellos amaneceres de mi mundo pertenezcan a otro…

 

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2-0-0-9.

Diciembre 30, 2008 · 7 comentarios

He hablado con dios, me ha pedido que sea honesta.
En sueños me ha advertido de un bloqueo.
Me ha mostrado un acuario lleno de peces que eran perseguidos por tiburones.
Me ha hecho golpear los cristales.
Me ha pedido que me refugie. Habrá frío, dolor y miseria.

El 2009 será el año de la reflexión que dará comienzo a un orden nuevo.
El 2009 será lo que nosotros queramos que sea, bastará con mantener los pies en la tierra y mente serena.

No soy nadie, sé que no soy nadie, por eso tengo que ser honesta. Hacer sopa de pimientos, romper algunas viejas amistades que no me aportan nada, disfrutar de mis nuevas ocupaciones.

El año que está a punto de entrar será el año en el que descubriré que el amor está dentro de mi, solo tengo que buscarlo, por eso necesito ser honesta. Librarme del miedo, abrir mi cuerpo igual que abro mi mente.

El año que está a punto de enterrar para siempre al que vivimos es un regalo que está por venir. En el que podremos al fin, cariño, irnos de viaje sin que suceda ninguna catástrofe. En el que tú crecerás más que el gigante Gulliver y yo me haré más pequeña como Alicia en el país de las maravillas.

El 2009 será la píldora del día después de la explosión de la burbuja, la recesión monetaria, la primera vez en la historia en la que el pueblo decide cambiar la historia. Las personas dejarán de consumir, volverán a los parques a pasear con sus hijos, apagarán la tele y concebirán una población distinta.

Nos curaremos de este cáncer de mierda que unos cuantos nos han inyectado.
Volveremos a mirarnos a los ojos.
Correremos por las calles como locos sin cabeza.
Habrá un baby boom.
Un apagón social, una catarsis colectiva.
Habrá una guerra de ideas que no llevarán a ninguna parte.
Las viejas pasiones se reavivarán con la pobreza y se olvidará todo aquello por lo que nuestros padres se partieron la espalda.

El año que viene cariño, tú y yo, seremos inmigrantes de la gran manzana. Nadie podrá detener nuestras ansias locas de permanecer ilegalmente bajo la luz de una fría farola en Central Park. Recorreremos la quinta, violaremos la zona cero. Lloraremos como idiotas al pisar suelo patria.
Nunca será tan doloroso volver a España como el día que nos demos cuenta que por fin la hemos disfrutado. Tu luna, la mía se enciende de un color dorado. Es dulce, espesa, corta.

Es la luna de la que disfrutan los enamorados o los que se hacen el amor, que viene a ser lo mismo.

Veremos las cosas de forma distinta. Seremos personas distintas.

El año que viene nos amaremos como salvajes vengándonos de todo el tiempo que perdimos pensando en mejorar en nuestros trabajos, en ser mejores de lo que en realidad se esperaba de nosotras.

Seré honesta. El año que viene seré lo que soy y dejaré de escribir pensando en que hubiera sido sino fuera lo que soy.

Dios me ha pedido que no vaya a misa, me ha dicho que las personas fanáticas terminan asesinando inocentes en la franja de Gaza. Me ha dicho que no vale la pena dejar que una idea te convierta en un asesino, que es mejor no llevar razón si lo que está en juego es la felicidad de uno mismo y de los que le rodean. Me ha dicho que tengo algo que el me dio y que deberé devolvérselo el día que muera. Me ha contado que los que se marcharon están bien, ahora tienen otra vida. Me ha animado a seguir siendo diferente.

Me ha pedido que viva como quiero, que pelee, que siga soñando, que no rechace mis enemigo pues solo demuestran que necesitan atención y ayuda. Me ha mandado una sencilla misión darle comida al necesitado, ropa al mugriento, agua al sediento, cariño al violento.

El año que viene, cariño, tú y yo habremos construido puentes, volado entre valles, soñado con un mundo mejor.

Habremos dejado de tener y seremos aves que vuelan libres por el cielo de compresión y el aprendizaje. Tú, por fin, serás de verdad Raquel y yo habré de convertirme por ejemplo en Mónica. Dejaremos nuestros apellidos a un lado y los fantasmas que nos rodean se marcharán cuando noten que ya no son necesarios.

Gracias a todos los que continuáis visitándome a pesar de mis faltas de ortografía, de mi inconstancia, de mi carácter, de mis imperfecciones como persona y como artista.

Todos sois mi gran esperanza.

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Con y sin nostalgía

Diciembre 12, 2008 · Dejar un comentario

No estaba muy convencida. La sinopsis me sonaba a refrito y al final, en el túnel de recoletos, terminé llorando amargamente por la distancia establecida entre los amantes, entre hijos y padres, entre conocidos y desconocidos. Si es que es Benedetti, se parece más un instrumento oratorio de Dios que a un escritor. Me gusta este libro. Parte fue escrita en su juventud, tiene la frescura de haberse escrito sin imginarse publicado, juzgado y valorado por ojos ajenos. Como escritor se sabe libre, como persona se siente perseguido. Es el poeta roto por la persecución. Asustado, cansado, exasperado, mártir… es Benedetti y millones de cosas que pasan cuando empiezan a establecerse bandos entre las personas.

Entre ellas por ejemplo, la crueldad.

Hay que desarrollar paciencia para leer a este monstruo literario, han pasado unas semanas desde terminé a penas doscientas páginas y todavía vuelven a mi escenas de sus relatos. Cruentas, sangrantes, amargas y saladas como el llanto y es Benedetti, el de la carta que habrás recibido millones de veces a tu correo, aquel a quien se le atribuyeron las palabras “con el tiempo uno aprende…” traza violentas líneas interrogatorias en la memoria de todos.

No permite olvidar, bien por él.
Tal vez así, se rompan los bandos, o puede que no… pero de todos modos… ¡Que bueno intentarlo!

Lloré leyendo al genio poeta, más incluso de lo que hubiera deseado. Solo por eso merece la pena hablar de un libro, porque te conmueve, porque no te sientes obligada, porque es un autentico placer reconocer el talento natural de la palabra en un momento histórico tan difícil como el que vivió y porque es un deber de cualquier escritor aprender de los maestros. Porque uno debería hablar sobre lo que quiere y no sobre lo que le imponen. Porque leer sin ganas es en el fondo una ofensa para el que escribe.

He encontrado una edición electrónica gratuita, otro gran gesto de uno de los más grandes.

http://www.alternativabolivariana.org/pdf/benedetti_con_y_sin_nostalgia.pdf

Que lo disfrutéis.

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Momento Fallen

Diciembre 5, 2008 · Dejar un comentario

Mi intención hoy era hablar sobre el último libro que me he leído, tenía ganas por el autor y por el libro, pero la sombra de la deflación planea con más fuerza por mi cabeza que la belleza literaria y mira que está mal que esto lo diga una escritora. Mi excusa es que soy híbrida. Ni escritora, ni lo contrario y eso me permite darme ciertas libertades que de otra manera serían inviables.

Por ejemplo, dejo de mirarme el ombligo cultural y bajo los pies a la tierra.

Trichet está cometiendo un error, estoy cien por cien deacuerdo con las bajadas uniformes y paulatinas del euribor para que el mercado se autorregule y la economía vuelva a caminar de nuevo, pero se está obviando de forma evidente que el desplome del euribor no solo afecta a las microeconomías familiares de la zona euro sino que también se utiliza como índice para regular el precio energía. La energía, venga está de la materia prima que venga, es necesaria para el crecimiento económico y con estas bajadas a la desesperada de euribor de los últimos meses se ha producido un abaratamiento que volverá loco el mercado. Freno, puede haber un efecto subida para todos y acabar con el sistema financiero actual. No nos sorprendamos si dentro de un par de años el caprichoso euribor se dispara varios puntos.

El problema, además de que el euribor estuviera por las nubes y no había quien lo soportará, era que los bienes y servicios que estaban saliendo a los mercados (cualquier mercado), eran indiscutiblemente altos para el nivel económico de los ciudadanos de a pie. Ahora es tarde para reemprender una nueva burbuja inmobiliaria hay que  apostar por el crecimiento económico sincero. Hay que apostar por I+D, por renovar lo que hay, por reciclar lo inservible. Hay que crear una economía que no destruya al ser humano sino que lo evolucione a niveles inesperados.

La vivienda no es un bien con el que comerciar o al menos no debería serlo.
En otro orden de cosas y para que os riáis un rato quiero pasaros un enlace. No pude dejar de reírme durante media hora…

<<Cuando nació mi hija tuvo unos problemillas de inmadurez en su sistema urinario y los médicos me comentaron que la niña podría coger infecciones con facilidad. Debido a ello y repitiendo, como en tantas ocasiones, los hábitos que practicó conmigo mi madre, cada vez que la niña va al baño en un bar, limpio meticulosamente y forro con tiras de papel la taza, le insisto en que no toque nada y le obligo a adoptar incómodas posturas en mi particular lucha contra los gérmenes.
Un día por casualidad, leyendo un anónimo texto en la Red, descubrí que esa costumbre tan femenina es la auténtica razón de que las mujeres vayamos juntas al cuarto de baño.
“La postura, que consiste en balacearte sobre el inodoro en un aposición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza, es difícil de mantener cuando tu vejiga está a punto de reventar. Cuando ‘tienes que ir’ a un baño público, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que dentro está Brad Pitt. Así que pides la vez y esperas paciente, sonriendo amablemente a las demás mujeres que también están discretamente cruzando piernas y brazos. Es la posición oficial de “me estoy meando’.
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