Mónica Martín

Entradas de Marzo 2009

Fronteras.

Marzo 27, 2009 · 1 comentario

frontera1En ocasiones nos da por mirar hacia el horizonte, es en esos días despejados y luminosos en los que nos sentimos menos humanos; dotados tal vez, de una sustancia divina que nos confiere la suficiente fuerza, física y mental que necesitamos para afrontar nuestro día a día; en los que no somos conscientes de lo que tenemos. No nos hacemos la pregunta, esa pregunta molesta y capciosa que retumba en los momentos de espera en los que el tiempo ha parecido detenerse. Momentos en los que estamos obligados a ser un mero receptáculo de la vida. Véase, el trayecto en tren hasta llegar al trabajo; léase, la duermevela que quiere removernos cuando estamos a un paso de caer en las incunables manos de morfeo.

Todos tenemos una pregunta, es de ley, pero casi nadie está dispuesto a averiguar la respuesta.

Mientras tanto seguimos, criptonita en mano con nuestro ritmo.
6 AM. Suena el despertador. Desayuno, ducha, conducir hasta la estación.
7:45 AM . Coge tren o el tren te coge, que más da, llega un momento en el cual una pierde la perspectiva de las cosas.
8:12 AM. Sal de tren. Coge Metro.
8:45 AM. Llego al trabajo…
Me enfado
Trabajo
Me enfado
Trabajo
Me vuelvo a enfadar
Trabajo
Me siento insatisfecha pero no existe otra opción
Eso me enfada mucho más
Llega la hora de comer.
Tapper.
Más criptonita.
Vuelta al trabajo
¿Hoy se irá pronto?, Espero que si, es lo único que me da esperanza
Vegeto
Trabajo
Vegeto barra trabajo barra vegeto
Es mi hora salgo.
Corremos hasta el metro.
Tren

Me duele la espalda y la cabeza. Se me duermen las piernas. Hoy ha llegado hasta la misma llaga de mi orgullo, y que tenga cada día que soportar semejante sarta de argumentos sin sentido, que tenga que soportar la estupidez suprema venida hasta mi puerto cada día laborable de mi vida. Es lo que hay, pues sí, es lo que hay. Encojamos los hombros por el momento.
15 correos por jornada y cada día tengo las cosas menos claras. Me aburro, me exaspero, me siento iridiscente en el quicio de mi silla. Rutina. Eso es la rutina, una sustancia que se te pega por todas partes como si fuera aceite y no hay manera de despegarlo. Parece que me han untado de alquitrán y después me han emplumado, todo con el objeto de reírse abiertamente de mi.

Realizo esa cuenta mental de nuevo. Llevo realizando esta cuenta unos cuantos meses.
Hora y media ida más hora y media vuelta igual a tres horas.
Tres por cinco igual a quince horas semanales.
Quince horas semanales por cuatro igual a sesenta horas al mes, es decir una semana y media de horas laborables se pierden todos los meses en mis trayectos tele transportables camino del trabajo. 60 horas mensuales de mi vida se escapan por las vías del tren, sesenta horas de mi vida son invertidas en absolutamente nada. Algunas veces leo o escribo, otras escribo o leo. Las menos, gran parte del tiempo lo invierto en vegetar y evitar la pregunta. Ya sabes que pregunta.

Pisotones, empujones, caídas, apretones, el aliento de la gente que te respira en la nariz. La prisa, la impaciencia, los retrasos, los esqueletos de yonquis que todas las tardes vienen a pedirme dinero para comerse la heroína No les llega, para comprar pan, necesitan un chute.
Después de nuevo el coche. Son las ocho de la tarde. Tengo suerte hoy mi cabeza no explotó.
Ana dice en España tenéis miedo.
Pues si lo tenemos, por eso nos hemos convertido en los santos esclavos de esta patria. Alguien tiene que darle comer a los bancos, pobrecitos, a ellos tampoco les llega para comprar el pan necesitan su dosis y es que la ambición nunca es pagada con moneda suficiente. Buen invento el de la moneda, si señor, el problema es que su producción estaba avocada a ser infinita. Cuantos problemas se ahorraría el ser humano si necesitará cada vez menos en lugar de necesitar cada vez más.

Mi momento, 45 minutos de Spining, allí me imagino entre verdes praderas que un día crucé. Vuelvo a sentir el sol en mi cara, el viento, el olor de los pinos, la frustración de haber hecho cuarenta kilómetros en vez de sesenta. La criptonita fluye por mis venas, es lo primero que hago en todo el día porque realmente quiero hacerlo, lo primero que es exclusivamente territorio privado, es mi momento de victoria a través del sufrimiento. Mi mente se pone en modo trabajo. Soy off. Estoy off. Solo respiro, recuerdo a mi padre enseñándome a montar en bici. Los músculos son un río de sangre que me hace sentirme poderosa, ni siquiera yo misma conozco el alcance de mi fortaleza; aquí arriba me siento invencible, preparada llegar a cualquier sitio. Este pensamiento peligroso me domina, no seré la primera ciclista que inicia un viaje del que quizá no retorne. Tienes que conocer tus fuerzas, tu limite, medirte. Existe un punto de no retorno, hay que conocerlo o tal vez se haga demasiado tarde para volver, por eso exploraba cada día mi resistencia física y mental. Con la mental no tenía problema , en general no la he tenido nunca, me siento lo suficiente fuerte mentalmente para afrontar cualquier reto mental que se me plantee.

Soy Parkman con los ojos en blanco, recorriendo lugares que no conozco. Aquí ni siquiera escribir es importante, lo importante es llegar, no importa cuanto duela. No importa cuanto se haya perdido por el camino, a menudo todo lo que no es realmente vital e importante para el ser humano se convierte en el mayor escollo con el que creemos encontrarnos. No lo encontramos lo llevamos con nosotros y resulta insufrible continuar hacia delante mientras no nos demos cuenta de cuanto peso llevamos a las espaladas. El lastre tiene que ser liberado del equipaje para poder continuar, sin sentar precedente, esto es una máxima en la vida.

Abro los ojos, el bipper automático me ha despertado, relajo, relajo, relajo. Respiro, respiro, respiro.
Sin ninguna declaración de intenciones por el momento, por el momento lo importante soy yo, llegar hasta la meta, la frontera, el límite es la meta. Conocerlo, porque aún me es desconocido. El limite es no entrar en el juego de quien juega en lugar de explorar. En lugar de explotar. Explota, me gustan las vísceras ajenas.

Llega el fin de semana, para engrasar las máquinas nos hacemos 8 kilómetros, ni siquiera sudo. Me divierte eso sí, probar que mi burra aún funciona con un mínimo mantenimiento. Somos parecidas, yo no necesito mantenimiento, sin embargo continuo funcionando.

Un día ya no miras más hacia el horizonte, bueno tal vez sí, de vez en cuando mientras estoy tumbada en la cama con la rodilla derecha inflamada, haciendo cuentas sobre las horas que he perdido sobre cuantas veces me he sentido frustrada por no haber llegado al límite; atisbo el horizonte que sigue ahí, inalcanzable y me hago, dolorosa lesión en poder de mi cuerpo, la siguiente pregunta, ya sabes, la pregunta… ¿no será que de verdad mi frontera era inalcanzable?

Categorías: Viajes
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Parole, Parole, Parole

Marzo 3, 2009 · 2 comentarios

Han pasado unos cuantos días. Echo de menos su olor. Vilma, yo, nos paseamos a tientas por la oscuridad de su recuerdo. La línea del recuerdo es como la de la soledad, relativa, temblorosa, pública. Este fin de semana no ha habido cañas. Echo de menos mi tiempo de cañas, de juntarnos unas cuantas, de hablar. Hubo sin embargo un bocata de calamares en Atocha, un grupo de adolescentes americanos que hacían ascos a una paella. Un beso, un abrazo, más fotos con las vacas de colores, una despedida furtiva y como siempre, después de todo, el miedo. Miedo a ser descubierta. Miedo a sentirme descubierta. Después una hermana y otra y otra y un reencuentro , Mariangeles, más mujer de lo que solía recodarla y más cansada también.

Ella y todos los años que la acompañan.

La certeza.

La certeza, dice:

- Voy a ser abuela.

Joder. Neni, la marigelis, abuela. Que fuerte!

- Todos los días salimos a buscar trabajo y después… depués ¿qué?

Miramos en redondo alrededor del puente de humo que nos rodea.

- Las Voldam.

- Las voldam? – Esto no son cañas son voldam no es lo mismo.

- Chato – Grita – Las voldam… El chato, que no tendrá más de 25, confiesa, a su pesar que no le quedan. Se encoge de hombros como sino puediera hacer otra cosa.

- No me quedan- Dice.

Y yo siento que la tercera guerra mundial se abre paso en escena. Hamsira, se rie con dolor del reflejo plantar-talonar, se deshace en sonrisas. Llega el momento de la verdad. Hablamos de tíos.Es lo que toca hay que opinar. Después hablamos de mi, pataditas en el corazón, sigo pidiendo té, todo mi cuerpo quiere té. Conozco demasiado bien el punto en el que la línea, esta vez del control, se difumina.

Marigelis abuela.

Y yo casada.

La vida, incluso cuando la crisis ha dejado de ser un tema de conversación, es cruel. Te permite ver como te haces mayor, como fisicamente estas cansada, como mentalemente te vuelves rígida y justo cuando te das cuenta que vas perdiendo la tarde de un sabado en discutir con un chaval porque los de la mesa de enfrente tienen Voldam y tú no, cae sobre ti todo el tiempo que pasa sin darte cuenta. Como un mazazo, de golpe y sin aviso, las ves ahí, naciendo justo desde tus ojos entrecerrados. Son arrugas, la piel se cae. Tengo miedo hamsira, me hago mayor.

- Pues si, abuela.

Y yo soñando que de pronto me quedo embarazada, soñando en la soledad de su ausencia que tengo en casa nidos con pajaritos muy pequeños, elefantes y algunas otras especies animales que desconozco. Será que mi reloj biológico se ha despertado. Menudo marrón. Entre tanto pierdo el tiempo, hablo con mi perra. Espero su próxima llamada, hablamos durante horas, casi parece que no te has ido. Me acuestas y esa noche sueño que hemos hecho el amor como salvajes en el borde de una acantilado verde.

El mar al fondo.

Bravo.

El sabor de tus besos

Marigelis abuela y yo, yo deshecha con cada uno de los olores de ese sueño. Deshecha por los pajaritos, porque así de pronto me siento más mayor de lo que soy. Pasan las horas mi abuelo levanta cabeza. Iba a morirse pero ha decidido que de momento no le viene bien, mi madre me cuenta, abuela también toda ella, que el capellán del hospital se coló en su cuarto. Venía a darle los santos sacramentos.

- Vengo a darle los santos sacramentos-

Dijo

-Usted ¿Se arrepiente?

Dijo

Y mi abuelo contesto

Yo, no me arrepiento de nada

A mi me han hecho mucho daño, no me arrepiento de nada-

Es un genio. Los genios no deben morir, lo decía Mecano. Pasan las horas, Yoli no contesta a mis tam-tam cerebrales. Por cierto Marigelis, abuela… pero yoli, madre y yo, esposa. Todas con titulo oficial.

Vuelves a llamar de nuevo no te cuento lo del acantilado, me siento obscena. A cada golpe de tus palabras vuelve a mi tu recuerdo, el sabor de ese bocata en Atocha, lo guapa que estabas. La carnosidad de tus labios se graba a fuego en mi mente. Un escalofrío me parte. Me arrepiento de no haberte besado. Me siento como una imbecil. Te cuento que he ido a ver a mi mamá, que mi abuelo está mejor pero que se siente preocupado, después de la visita del capellán cree que vamos a enterrarle. No me cansaré de decirlo, hay personas que no saben, de verdad, cuando es totalmente innecesaria su presencia. Maldigo sus santos sacarmentos en siete lenguas muertas diferentes, después me quedo tan a gusto. Perjuro. Te digo, convencidisma, que un hijo mio jamas se bautizara a no ser que sea por decision propia y con la mayoria de edad en la mano. Y aún así tendría que ver si ya la iglesia paga a hacienda impuestos al mismo nivel que los demás ciudadanos. Me caigo de culo.

¿Desde cuando voy a tener niños?

Los nidos de pajaritos

Los elefantes

La marigelis

Las voldam Yoli, Lola, Ivan y la distancia.

Tú y el acantilado volveis a mi cabeza casi me alegro de que ya sea domingo.

 Mientras pienso no trabajo, mientras trabajo no pienso.. y no me acuerdo, por supuesto, de tus lunares

Y tu piel

Y tu espalda

Y esa sonrisa que me vuelve idiota.

De la buena suerte que tenemos (pajaritos incluidos)

Del tiempo que hace que no nos sentamos en un prado.

De como aprendí a leer entre lineas.

Del sabor salado de tu sexo.

Mientras trabajo no me acuerdo…

De las noches que paso buscando tu cuerpo en la cama mientras no estas.

De cuando estas y no te encuentro.

De cuando, por desgracia, tú si me encuentras y tienes los pies helados.

No me acuerdo

Del tiempo que pasa mientras los sueños idiotas de una mujer que teme ser madre, esposa, hija surgen de su mente y le recuerdan que puede que algún día sea demasiado tarde.

Y me siento frente a ti, incluso en la distancia y mirando tus ojos que imagino brillantes y negros me preguntas algo para lo que no tengo una respuesta,

Pero tú, ¿Desde cuando quieres tener hijos?

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