Hace tiempo, no mucho, me encontraba un poco bloqueada y al mismo tiempo con ganas de explorar; es por ello que empecé a escribir una especie de experimento en el fondo un poco absurdo, llamado 44 milímetros. Aunque dicho cuaderno de batalla resultó ser bastante útil, desde un punto de vista estrictamente creativo, me trajo consigo algunos problemillas internos; esto es en cristiano miedo; y por ese motivo tomé la decisión de parar el proyecto.
No creo que este cuaderno-bitacora de batalla vea la luz nunca, al menos mientras yo este viva y es que inevitablemente cuando una está dispuesta a todo por la vía creativa, lo irremediable es descubrir demasiadas cosas que asustan y que desagradan. Lo irremediable es verse expuesto.
Algunos relatos contenidos en este ejercicio si han visto la luz a través de mi último libro “Grandes éxitos y pequeños fracasos” . Estos son los escogidos por su belleza, por su momento, por la ternura con la que han sido escritos y por la ternura también con la que han sido leídos después.
De entre los ejercicios llevados a cabo en esta locura de proyecto se encuentra el siguiente que os invito a experimentar ya que puede ser muy útil en el día a día.
Toma un cuaderno en blanco, el más barato y transportable que encuentres y dedica diez minutos diarios a escribir.
Solo diez minutos. Date licencia para todo.
Cuando haya pasado un mes evalúa tu trabajo, nunca leas lo que has escrito cada día antes de que haya pasado un mes completo.
Para combatir mi furia diaria trace una variante:
Lo mismo, pero solo puedo hablar del día anterior. El resultado está siendo asombroso a nivel personal.
Dentro de un mes os cuento.

Cuando sucederá ese beso