Mónica Martín

Entradas de Noviembre 2008

Sin control Reeditado a través de Bubok

Noviembre 25, 2008 · 1 comentario

Tras una larga espera, me alegra comunicaros, a través de mi blog, que he decidido reeditar “Sin control” de forma independiente a través de Bubok.

Espero con este gesto llegar a todas aquellas personas que se han puesto en contacto conmigo indicandome la imposibilidad de conseguir esta novela.

Portada Sin control


De nuevo quiero reiteraros mi agradecimiento por vuestro apoyo incondicional, a todos vosotros y vosotras que siempre, en los buenos y malos momentos habeis puesto ese pequeño rayito de luz en mi camino de baldosas amarillas.

A todos vosotros va dedicado este libro.

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Paganini

Noviembre 21, 2008 · 1 comentario

Hoy las musas no me acompañan así que he decidido dejaros un cuento que leí hace tiempo. Espero que lo disfrutéis.

 

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(Miguel A. B)
Algunos decían que Paganini era muy raro. Otros, que era sobrenatural. Las notas mágicas que salían de su violín tenían un sonido diferente. Por eso nadie quería perder la oportunidad de ver su espectáculo. Una noche, el escenario de un auditorio repleto de admiradores estaba preparado para recibirlo.
La orquesta entró y fue aplaudida. El director, a su vez, fue muy ovacionado. Pero cuando apareció triunfante la figura de Paganini, aquello fue el delirio. Paganini acomodó el violín contra su hombro, y lo que siguió fue indescriptible: blancas y negras, fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas parecían tener alas y volar con el toque de aquellos dedos encantados.
De repente, un extraño sonido interrumpió el ensueño de la platea: una de las cuerdas del violín de Paganini se había roto.
El director se detuvo. La orquesta dejó de tocar. El público contuvo el aliento. Pero Paganini, mirando su partitura, siguió extrayendo sonidos deliciosos de un violín con problemas. El director y la orquesta, admirados, volvieron a tocar. El público se calmó.
De repente, otro sonido perturbador atrajo la atención de los asistentes. Otra cuerda del violín de Paganini había saltado por los aires.
El director se detuvo de nuevo. La orquesta volvió a dejar de tocar. Paganini, no. Como si nada hubiera ocurrido, olvidó las dificultades y siguió arrancando sonidos imposibles. El director y la orquesta, impresionados, volvieron a tocar.
Pero el público no podía imaginar lo que iba a ocurrir a continuación. Todas las personas, asombradas, gritaron un ¡Ohhhhhh! que retumbó por toda la sal: una tercer cuerda del violín de Paganini se había quebrado.
El director se detuvo. La orquesta también. El público quedó en suspenso. Pero Paganini, como si fuera un contorsionista musical, arrancó todos los sonidos posibles de la única cuerda que quedaba en el violín destruido. Ninguna nota fue olvidada.
El director, embelesado, se animó. La orquesta se motivó. El público pasó del silencio a la euforia, de la inercia al delirio. Paganini alcanzó la gloria.
Su nombre perdura a través del tiempo. Él no es un violinista genial. Es el símbolo del que continúa adelante aun en medio de las dificultades, de los problemas y de todo lo que parece imposible.

Categorías: Relatos
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El cosario

Noviembre 18, 2008 · 5 comentarios

Hay días, como hoy, en los que me hubiera gustado escoger otro camino. En los que me planteo que tendría que haber actuado con inteligencia y no con la impulsividad que me caracteriza. Debería haber hecho cuajo y cerrado puertas para continuar con una vida feliz y tranquila, ese era el plan.

 

El plan que tenían mis allegados para mí. Búscate un buen trabajo, mantén una vida lo más comedida y respetuosa con los demás posibles y ante todo sé feliz. Como si fuera tan fácil, ser feliz digo, intentar meterse en unos márgenes, ser una persona más entre un millón. Atarse los zapatos sin despeinarse.

 

Hoy tengo ante mí una personilla a la que me siento incapaz de decirle lo mismo. Haz tu vida, mantén un camino lineal, respetuoso y adecuado con tu tiempo. Sé feliz. Trabaja. Sé feliz. Sé como los demás.

 

No pude, no puedo, sencillamente, por eso le regale una caja vacía. Quería que la llenase de proyectos, que fuera metiendo en ella todas las pequeñas y grandes cosas que de verdad le importaran. Cosas por las que una debe pelear y cosas por las que no debería alterársele ni un músculo del cuerpo.

 

Yo encontré mi camino, indigno, nada comedido, casi siempre irrespetuoso. Distinto a lo que viene siendo una senda común de elefantes atados con sus cadenas. No me adapto ni a tiros, da igual el agujero laboral en el que me meta. Todos me parecen lo mismo, cuerdas de esclavos domesticados con miedo a perder lo que es suyo. Mira que tenía razón la que nunca tuvo planes de futuro: Las cosas, escucha, nos poseen. Fue lo único que me quedó de ella. Las cosas nos poseen. Después de esto se marchó para siempre, me vio coger el camino fácil, ser una esclava y se marchó para siempre. No se dio cuenta de que tarde o temprano reventaría, tan solo era cuestión de tiempo.

 

No la extraño, a ella no. Sé que lo breve cuanto más breve mejor y solo por esa frase le guardo el lugar más privilegiado de mi memoria. Cuando todos los demás recuerdos se hayan borrado seguro que me queda esa frase. Así, latente, sin asociación afectiva al respecto, con mucha culpa insonora pero viva.

 

Cómo se le dice a una personilla que quieres que camine hacia donde sea pero que se mueva cuando sabes que los pasos que tú has dado son en parte erróneos. Cómo se dan consejos de la vida sin tener ni puta idea de lo que es la vida.

 

¿Qué puede hacerse, enana, con un cosario?

Categorías: Cuentos
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Había una vez la libertad…

Noviembre 17, 2008 · 2 comentarios

Ya no tengo miedo, hace mucho que vivo sola. No en el sentido estricto de la palabra sino en el más literal posible. Hace tiempo que desgraciadamente la única persona capaz de entender mi carácter, mi acritud y mi expresividad desapareció por completo de un mundo que yo una vez creí posible.

Las cosas cuanto más claras mejor, perece que solía decirme. Adolezco su franqueza, echo en falta su honestidad, su valentía y su coraje. Extraño lo buena persona que era, su voz profunda, su quehacer en las más pequeñas cosas. Sus alegrías ante el mínimo triunfo, su entusiasmo. Te contagiaba, le daba importancia a lo que realmente era importante y obviaba lo que era innecesario.

No sé como sucedió solo sé, que como en las mejores historias de amor que se han contado desde que el mundo es mundo, la gente empezó a murmurar y a notar que una relación que se daba por sí misma terminaría siendo peligrosa.

Las personas bebieron de un estanque caliente que iba encendiéndolo todo a su paso y algunas almas malditas se encargaron de rodear nuestro nicho y hacernos pedazos. Vinieron a por nosotras, pequeña gran jefa, con puñales y espadas, con antorchas en mitad de la noche, con el odio encendido que sienten las personas incapaces de demostrar lo que valen.

No estábamos preparadas para este mundo, la gente no soporta que les digas las cosas a la cara sin ocultarte. No quieren que destaques lo que no te gusta de ellos, o de su imagen, o de lo que en ese momento estés mirando. No pueden ver más allá, igual tienen otros rasgos que te gustan pero eso nunca importa; necesitan ese odio, ese rencor, ese lugar oscuro en el que refugiarse. Necesitan odiarte, no quererte, amenazarte, poner en peligro tus flaquezas. Necesitan despreciar tus disculpas, les hace sentirse mejor.

Ver como poco a poco vas hundiéndote, necesitan que desaparezcas por completo y les dejes tu sitio y cuando ya no estas avanzan implacables hacia otro sitio que puedan ocupar.

Yo nunca creí en esto. Ni en los monos espaciales como decía Palaniuk, ni en los tontos por ciento como decía Sabina, ni las divas con contratos prematrimoniales como Madonna, ni en general en cualquier persona que pueda mirarse en un espejo sin sentirse alguna vez mal por algo que haya hecho.

No creo en el orgullo, ni en la soberbia, ni en la mejor manera de decir las cosas, las cosas se dicen de la única manera posible, diciéndolas. No creo en las personas que lo miden todo, porque todo está escrito y todo puede ser leído. Creo en la gente que cree en si misma y que igual es capaz de verse con defectos y aceptar una disculpa.

A mi me encanta aceptar una disculpa.

 

 

Categorías: Relatos
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Yes, We can!

Noviembre 10, 2008 · 1 comentario

2obama-copiaMe gusta Obama. Me gusta lo que representa Obama, cada vez que veo su foto en una portada de un periodico cualquiera, se me eriza el vello de todo el cuerpo de pies a cabeza. Incluso ahora a traspies, ahora que recuerdo algunos títulares me noto emocionada y sobre todo esperanzada.

No sé si el mundo es consciente de lo que representa el hecho de que un hombre de color, con ideas muy proximas a la izquierda Europea haya salido victorioso de la cruzada que son las elecciones en EEUU. No es tanto por su piel, el destino, sino por quien le vota, el origen y hacia quien va dirigido su discurso, a todos.

Su historia me emociona, es la historia de los pobres, de los que allí no tienen apenas opción, de los apadrinados de la clase obrera, de los que nunca ganan. La historía de todas las minorías que están hartas de ser cuidadanos de segunda y la historía de los que no estan en esta lista y necesitan un cambio. Esta es la historía de un país que necesita reeescribir su historía y con ella abrir la puerta a una nueva política internacional que nos hará un mundo mejor.

Aquí está:

El hombre de verbo fácil

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Las palabras exactas.

Noviembre 3, 2008 · 4 comentarios

20minutos.es Gente

La Reina Sofía: “Es respetable que los gays se casen, pero que no se llame matrimonio”

Sobre los matrimonios homosexuales dicecomprender, aceptar y respetarque haya personas con otra tendencia sexual, pero ¿que se sientan orgullosos por ser gays? ¿Qué se suban a una carroza y salgan en manifestaciones? Si todos los que no somos gays saliéramos en manifestación… colapsaríamos el tráfico. Si esas personas quieren vivir juntas, vestirse de novios y casarse, pueden estar en su derecho, o no, según las leyes de su país: pero que a eso no lo llamen matrimonio, porque no lo es. Hay muchos nombres posibles: contrato social, contrato de unión”.

De esta forma tan original y maravillosa empezaba yo mi mañana. La noticia extraída del periodico 20 minutos ha hecho que la sangre hierva por mi torrente sanguineo, a mi que siempre me ha gustado la reina, que me ha parecido una señora de pies a cabeza, una imagen, un ejemplo, un perfecto escaparate de lo que debería ser cualquier monarca venido a más del siglo veintiuno. ¡Abajo dragones y mazmorras!, me he repetido hasta la saciedad pensando en la clase politica, pero sin embargo al evocar las figuras reales, no sé, tal vez algo del florido pensil resurgía dentro mí abriendo los recuerdos de una tierna y lejana infancia y las alejaba de cualquiera de mis criticas insanas.

Y de pronto la realidad como lo que es, inesperada y fría, abierta a la polemica y despiadada. Esto no terminará nunca. La persecución , la ira, el sobrecogimiento y el miedo. La rabia, la impotencia, el sentirse siempre como algo distinto aunque luchemos para no ser ni más ni menos que lo somos.

Y de pronto esta realidad que está tan sucia que ya no hay forma de limpiarla, es igual que ahora rectifiquemos y digamos que no se han interpretado bien nuestras palabras. Se ha dicho, lo que se piensa en un momento flaco Sofi, se ha dicho en privado como si estuvieramos andando en babuchas reales por los salones, se ha dicho bajito, pero se ha dicho.

Yo tengo las palabras exactas mira, se llama alergía a lo diferente, se llama disculpa en tu nombre, se llama rectificación que me creo en mi total derecho de pedirle a cualquier persona que me trate como a un ciudadano de segunda. Yo, querida, pago mis impuestos. Me levanto cada día a las seis de la mañana y casi no llego nunca a fin de mes. Autopublico mis libros para que la gente tenga la opción de leerlos y te garantizo que no me lucro por ello. Hago lo que puedo por mantener una vida respetable con mi entorno. Curro hasta reventar y me trago lo que consejeros que no se merecen el dinero que ganan me piden que les haga y nadie me da un salario sobredimensionado de por ejemplo 200000 euros anuales como a otras. Analizo para ellos gilipolleces, he caido en el cuento del tonto por ciento para ganarme la vida y no creas que me gusta, yo quisiera ser por ejemplo alicia en el país de las maravillas y opinar alegremente en babuchas sobre la vida de los demás. He pagado mi boda con el sudor de mi frente y no tengo chofer, así vivimos los pelebeyos.

Pagando impuestos para mantener este estado de derecho que por fin nos ha reconocido como lo que somos iguales ante los demás, por mucho que digan, opinen y piensen.

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