Mónica Martín

El instante

Junio 24, 2008 · 2 comentarios

Me apoyé en su hombro, su espalda, su torpe nuca.

No había ninguna libertad que darme, porque esta si, era mía.

Era como yo.

Dos pechos, dos almas, tres latidos… y después el batacazo al alcance de los besos.

Y la lengua, la saliva y el viento.

Y su boca en mi boca y mi cuerpo en su cuerpo.

Allí su calor encendido, el latido y el misterio.

Y una hembra y otra hembra, dos mitades un solo cuerpo.

Sin varones, ni fronteras. Sin culpa, ni lamentos.

Mónica Martín.

Categorías: Poesía
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2 respuestas hasta el momento ↓

  • bigsplash // Junio 25, 2008 a 2:39 am

    No es el grito de recuerdo el que
    mata; son los almíbares que alguna
    vez se escanciaron en las cavernas
    del alma, donde el relámpago ciega
    los sentidos y el hombre en bandeja
    se entrega al cadalso de sus pasiones.

    A viva voz clama el alma luz para
    vencer los arcanos recuerdos, que
    acechan como gárgolas incitantes
    del deseo, las ansias y los placeres
    Sí, mucha luz para seguir viviendo y
    ofrendas de Pan y Vino al Dios eterno.

  • Ana // Junio 25, 2008 a 4:19 pm

    Tremendo, me encanta, gracias por darnos un banquete con cada entrega.

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