Mónica Martín

Un cuento de hadas diferente

Enero 28, 2010 · 1 comentario

Quiero compartir con vosotros una historía que me ha enviado hoy mi mujer.

La princesa y el sapo

Érase una vez una princesa que vivía en un reino muy, muy lejano. Su piel era pálida como la porcelana, según lo reglamentario en alguien de su condición, pero la genética le había jugado una mala pasada en lo demás; su cabello no era rubio como el trigo, ni sus ojos azules como el cielo, así que los príncipes preferían a las otras princesas antes que a ella, más que nada para seguir la tradición. Ya había cumplido y pasado los dieciséis años, que es la edad estipulada para encontrar al príncipe azul, pero todos acababan con sus amigas de cabello como el trigo y ojos como el cielo.
Un día, mientras paseaba por el bosque y cogía amapolas, se encontró con un sapo que tomaba el sol en una charca. El bicho le hizo un gesto para que se acercara y le explicó que en realidad era un príncipe muy apuesto al que una malvada bruja había hechizado, y que sólo el beso de una princesa le devolvería su forma.

A la princesa le daba mucho asco el sapo, pero se convenció de que el esfuerzo merecía la pena, así que cerró los ojos y le besó.

Y al abrirlos sólo había un sapo. “Uh…”, dijo él, “a lo mejor es que tiene que ser un beso de amor. La bruja no me dio muchos detalles”.

La princesa empezó a salir con el sapo, porque era el modo más fácil de enamorarse de alguien. Ni sus amigas ni sus padres creían la historia de que él fuese en realidad un príncipe, y querían que le dejara, pero ella tenía tantas ganas de ver su verdadera forma que siguió intentándolo.

“Ya me he enamorado de ti”, le dijo un día la princesa, “pero sigues sin cambiar”. “A lo mejor es que tenemos que hacer el amor”, contestó él. La princesa realmente quería al sapo, pero seguía siendo un bicho repugnante, y la simple idea de imaginarse la escena le horrorizaba. Sin embargo, lo llevó a su habitación en la torre e hizo el amor con él. Era la única forma de que cambiase.

Un rato después, la princesa se sentía triste y asqueada mientras en la cama, a su lado, el sapo se fumaba alegremente un cigarrillo. Él aseguró que no entendía por qué no había cambiado, que quizá tenían que encontrar la forma de hacerlo mejor, más perfecto.

Durante los meses siguientes, lo intentaron una y otra vez, cada día, de diferentes maneras. El sapo iba sugiriendo cosas nuevas, pero ninguna funcionaba. “Va a ser que tenemos que casarnos”, dijo al fin.

En ese tiempo, muchos príncipes se fijaron en ella. Al madurar habían descubierto que tener el cabello como el trigo y los ojos como el cielo no eran ni con mucho las cualidades más importantes en una mujer, pero ya era tarde. La princesa estaba segura de que su príncipe era el mejor de todos, y de que muy pronto los demás lo verían igual que lo veía ella.

Todo el mundo le dijo a la princesa que no se casara con él; que si no había cambiado ya, nunca lo haría. Pero ella tenía fe en que derrotarían juntos a la bruja malvada, y se casaron. Y el sapo seguía siendo un sapo.

“Cuando tengamos nuestro primer hijo, entonces”. Tuvieron dos hijos, un niño y una niña. Los dos eran bajitos, con la piel verde, y tenían la desagradable costumbre de cazar moscas en público con su lengua de metro y medio. Y el sapo, por supuesto, seguía siendo un sapo.

La princesa siempre estaba triste y vivía sumida en la desesperación. Muchas veces llegaba a su límite y tomaba la decisión de dejar al sapo, pero él le suplicaba que no lo hiciera, que la necesitaba, que sólo con su ayuda podría acabar con la maldición de la bruja. Y como ella le quería, se arrepentía y seguía a su lado. Y así pasaron los años, y el sapo seguía siendo un sapo, aunque tenía innumerables respuestas y excusas que darle a su esposa en cada ocasión.

“Cuando seamos reyes”, fue lo siguiente. Los padres de la princesa murieron, ellos se convirtieron en reyes, y el sapo seguía siendo un sapo. “¡Ya lo entiendo!”, exclamó desde el trono, “será uno de nuestros hijos quien vivirá emocionantes aventuras y encontrará la cura”.

Su hijo no destacaba por su inteligencia ni por su afán de aventuras. Además dejó embarazada a la hija de un duque importante (que sí tenía el cabello como el trigo y los ojos como el cielo, pero era extremadamente vulnerable a los efectos del licor) y tuvo que hacerse cargo de su nueva familia, así que ya no le quedó tiempo para viajar en busca de dragones que derrotar, doncellas que desvirgar ni curas milagrosas que descubrir.

Su hija, una muchacha poco agraciada, bastante tenía con intentar superar su propia depresión y su adicción a lamer la espalda de sus congéneres con propiedades alucinógenas.

Mucho tiempo después, la princesa yacía en su lecho de muerte, rodeada de su esposo y sus hijos y nietos mutantes. “Me prometiste que ibas a cambiar”, le recriminó al sapo, “y nunca lo hiciste”. “Aún no es tarde”, aseguró él. “Nos reuniremos de nuevo en el paraíso, y allí me verás con mi verdadera forma”.

Y la princesa murió confiada, creyendo que encontraría a su amor verdadero por fin. Pero de haber existido otra vida, allí el sapo seguiría siendo sólo un sapo.

La princesa y el sapo

Érase una vez una princesa que vivía en un reino muy, muy lejano. Su piel era pálida como la porcelana, según lo reglamentario en alguien de su condición, pero la genética le había jugado una mala pasada en lo demás; su cabello no era rubio como el trigo, ni sus ojos azules como el cielo, así que los príncipes preferían a las otras princesas antes que a ella, más que nada para seguir la tradición. Ya había cumplido y pasado los dieciséis años, que es la edad estipulada para encontrar al príncipe azul, pero todos acababan con sus amigas de cabello como el trigo y ojos como el cielo.
Un día, mientras paseaba por el bosque y cogía amapolas, se encontró con un sapo que tomaba el sol en una charca. El bicho le hizo un gesto para que se acercara y le explicó que en realidad era un príncipe muy apuesto al que una malvada bruja había hechizado, y que sólo el beso de una princesa le devolvería su forma.

A la princesa le daba mucho asco el sapo, pero se convenció de que el esfuerzo merecía la pena, así que cerró los ojos y le besó.

Y al abrirlos sólo había un sapo. “Uh…”, dijo él, “a lo mejor es que tiene que ser un beso de amor. La bruja no me dio muchos detalles”.

La princesa empezó a salir con el sapo, porque era el modo más fácil de enamorarse de alguien. Ni sus amigas ni sus padres creían la historia de que él fuese en realidad un príncipe, y querían que le dejara, pero ella tenía tantas ganas de ver su verdadera forma que siguió intentándolo.

“Ya me he enamorado de ti”, le dijo un día la princesa, “pero sigues sin cambiar”. “A lo mejor es que tenemos que hacer el amor”, contestó él. La princesa realmente quería al sapo, pero seguía siendo un bicho repugnante, y la simple idea de imaginarse la escena le horrorizaba. Sin embargo, lo llevó a su habitación en la torre e hizo el amor con él. Era la única forma de que cambiase.

Un rato después, la princesa se sentía triste y asqueada mientras en la cama, a su lado, el sapo se fumaba alegremente un cigarrillo. Él aseguró que no entendía por qué no había cambiado, que quizá tenían que encontrar la forma de hacerlo mejor, más perfecto.

Durante los meses siguientes, lo intentaron una y otra vez, cada día, de diferentes maneras. El sapo iba sugiriendo cosas nuevas, pero ninguna funcionaba. “Va a ser que tenemos que casarnos”, dijo al fin.

En ese tiempo, muchos príncipes se fijaron en ella. Al madurar habían descubierto que tener el cabello como el trigo y los ojos como el cielo no eran ni con mucho las cualidades más importantes en una mujer, pero ya era tarde. La princesa estaba segura de que su príncipe era el mejor de todos, y de que muy pronto los demás lo verían igual que lo veía ella.

Todo el mundo le dijo a la princesa que no se casara con él; que si no había cambiado ya, nunca lo haría. Pero ella tenía fe en que derrotarían juntos a la bruja malvada, y se casaron. Y el sapo seguía siendo un sapo.

“Cuando tengamos nuestro primer hijo, entonces”. Tuvieron dos hijos, un niño y una niña. Los dos eran bajitos, con la piel verde, y tenían la desagradable costumbre de cazar moscas en público con su lengua de metro y medio. Y el sapo, por supuesto, seguía siendo un sapo.

La princesa siempre estaba triste y vivía sumida en la desesperación. Muchas veces llegaba a su límite y tomaba la decisión de dejar al sapo, pero él le suplicaba que no lo hiciera, que la necesitaba, que sólo con su ayuda podría acabar con la maldición de la bruja. Y como ella le quería, se arrepentía y seguía a su lado. Y así pasaron los años, y el sapo seguía siendo un sapo, aunque tenía innumerables respuestas y excusas que darle a su esposa en cada ocasión.

“Cuando seamos reyes”, fue lo siguiente. Los padres de la princesa murieron, ellos se convirtieron en reyes, y el sapo seguía siendo un sapo. “¡Ya lo entiendo!”, exclamó desde el trono, “será uno de nuestros hijos quien vivirá emocionantes aventuras y encontrará la cura”.

Su hijo no destacaba por su inteligencia ni por su afán de aventuras. Además dejó embarazada a la hija de un duque importante (que sí tenía el cabello como el trigo y los ojos como el cielo, pero era extremadamente vulnerable a los efectos del licor) y tuvo que hacerse cargo de su nueva familia, así que ya no le quedó tiempo para viajar en busca de dragones que derrotar, doncellas que desvirgar ni curas milagrosas que descubrir.

Su hija, una muchacha poco agraciada, bastante tenía con intentar superar su propia depresión y su adicción a lamer la espalda de sus congéneres con propiedades alucinógenas.

Mucho tiempo después, la princesa yacía en su lecho de muerte, rodeada de su esposo y sus hijos y nietos mutantes. “Me prometiste que ibas a cambiar”, le recriminó al sapo, “y nunca lo hiciste”. “Aún no es tarde”, aseguró él. “Nos reuniremos de nuevo en el paraíso, y allí me verás con mi verdadera forma”.

Y la princesa murió confiada, creyendo que encontraría a su amor verdadero por fin. Pero de haber existido otra vida, allí el sapo seguiría siendo sólo un sapo.

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En apoyo a Haití

Enero 25, 2010 · Dejar un comentario

Hagamos que este mundo sea menos malo

http://www.20minutos.es/noticia/611332/0/comisiones/bancarias/haiti/

Firmar es solo un minuto y conseguiremos mucho.

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Para este maldito año nuevo

Enero 4, 2010 · 2 comentarios

Mis buenos propósitos para este año.

En negativo.

No necesito apuntarme al gimnasio, ya voy desde hace seis meses. En mi caso no está resultando nada efectivo en cuanto al hecho de perder peso puesto que sigo pesando lo mismo e incluso más, pero sin embargo es totalmente eficiente en cuanto a recuperación pulmonar y sino prueba a cantar la canción “Libre”, de Nino Bravo, después de seis meses de Spining.

No necesito prometerme que nuevamente dejaré de fumar, mis pulmones y yo llegamos al sano acuerdo de fumar solo cuando nos apeteciera, lo cual para mi suerte es casi nunca, solo fumo cuando bebo o escribo. No suelo beber mucho, pero escribir si, el día que vuelva de mi retiro espiritual comenzaré una terapia para dejar de fumar; eso o tendréis un bonito cadáver de escritora que deja una estupenda novela.

No voy a apuntarme a ningún curso de inglés, ni de francés, ni de aleman, cuando has viajado lo suficiente comprendes que nuestro nivel de Inglés es cuanto menos inútil y sino prueba a pedir una cerveza en ingles en un aeropuerto, ya verás como hay un chaval muy majo que te contesta… ¿rubia, negra?. La gente que realmente interioriza una lengua es la que está en permanente contacto con ella, hay que meterse esto en la cabeza. Estudiarlo sin interiorizarlo es una perdida de tiempo.

No voy a hacer régimen, me gusta comer, mis análisis están bien al que no le guste que se de la vuelta.

No invocaré mi suerte en el amor por medio de bragas de colores, lectura de cartas del tarot y otras conductas esquizoides. La responsabilidad de mis actos depende de mí y de mi pareja, y aquí lo único que funciona es el sentido común, la paciencia, la compresión y el respeto por uno mismo y por los demás. Y el amor se entiende, pero hay veces que solo el amor (solo, solo) no alcanza.

Y ahora en positivo:

Tatuarme un orgasmo es mejor que un disgusto.

Y creo que con esto ya puedo inaugurar el 2010 tranquilamente.

Feliz año nuevo a todos.

Por cierto ¿Vuestras promesas?

→ 2 comentariosCategorías: Amigos

Hasta aquí puedo leer

Diciembre 12, 2009 · 7 comentarios

 

Han encendido las luces del puerto, me siento como un condenado a muerte. Soy culpable de casi todo , no derrocho energía cuando es lo que se espera de mi, no derrocho casi nada, pero eso en el fondo no puede ser tan malo. Paseo abrazada a la mentira por la inmensidad de gran vía, aquí solo existe el recuerdo de tus ojos, de los otros luceros que alumbran mis noches más oscuras.

Las que no duermo, pues esas.

¿Te he contado ya que mi cerebro se ha recubierto de melanina?, ¿que no quedan esperanzas dentro de mi resaca?, ¿que esta maldita tos me esta matando?, me río yo de la gripe A, a cualquier personaje publico que insiste en que nos vacunemos de dios sabe que, le pasaba yo un par de días este catarro, se iba a volver adicto al jarabe de codeína.

En el obtuso agujero de mi mente, ya no desfilan palabras, son constelaciones que se escapan serenas en las miradas ausentes de los transeúntes. Hay montajes de ilusiones, promesas de trafico impracticable, oscuridad invernal, frío primaveral, ausencia de nieve, de empleo, de caridad cristiana. Hay millones de parados que se despeñan en la noche madrileña. A las puertas de navidad compran suerte en forma de cupones de colores, se desgarran la tarjeta de crédito en caros restaurantes inhabitados. Reapareces, o lo que viene a ser lo mismo, una chica que viste tu peinado, su pelo largo, oscuro, brillante ondea como una bandera que me anuncia barra libre, suspiro como una gata, me acuerdo de tu manos.

Me revuelvo, pero eso ya no importa, el asiento trasero es casi mio.

Han pasado catorce meses, mi resistencia está llegando al límite, ya no puedo más, necesito confesar, hablar de ti, contarles que estoy enamorada, que me case con quien quería y no con quien debía, que al principio quería sentirme libre de decir la verdad pero que con el tiempo he comprendido que son gente sincera, normal, noble y que no tengo porque seguir ocultándome de nada.

La metáfora es la vida, no la navidad, hasta aquí lo tengo claro.

Vuelvo a mirar por la ventanilla del coche, de nuevo te veo, esta vez es tu pose, esa que tienes mientras tamborileas con los dedos tus labios, esa que usas cuando te peinas la coleta perfecta que calzas cada mañana. El flequillo cayendo en medio de tu frente, los ojos fijos en el café, la ausencia de tu madrugador gesto está pintada en el rostro de una turista japonesa, con los ojos rasgados obtura la vida. No eres tú, es tu recuerdo, al arrullo de un león despierta algo entre mis piernas, parece mentira que estando tan lejos, estés siempre tan cerca de mi. Tan dentro de mi.

Y es que hace falta algo más que el simple deseo de estar compartiendo vida contigo para despertar dentro de mi emociones tan básicas como el suicidio colectivo, la revolución francesa, el fin del mundo y una nueva edad del hombre, hace falta ser mucha hembra y mejor persona para conseguir que me vuelva loca, y tú sin duda lo lograste sin esfuerzo desde el primer momento que pusiste tus ojos, tus manos y el resto de tu cuerpo sobre mi.

La metáfora no es la cama, sino lo que yo creo que hago dentro de ella.

Supuras pasión por los costados, regalas energía, transmites dinamismo y eso despierta en mi una feroz atracción que hace que todas, y cuando digo todas son todas, mis barreras se derrumben.

Hablamos del tiempo, estamos llegando a nuevos ministerios, no del tiempo que hace sino del que pasa, no puedo evitar reírme a pecho descubierto, esta vez no es una imagen proyectada sobre ti, sino tu misma la que vienes a sentarte entre nosotros. Evoco, cada acto que sello contigo, cada aeróbico momento orgasmico, cada íntimo, placentero, imperturbable, esencial, emotivo, húmedo, instintivo, creativo, divertido, estupendo, intenso, profundo y por supuesto interminable momento que tengo contigo y me río, ellos me miran, yo solo me río

Tengo claro que la metáfora no es la verdad sino como cada uno la interpreta y la cuenta.

Vuelo hacia el tren, de camino pierdo veinte céntimos, es el regalo que dejo en la capital de España para que el transporte publico siga funcionando como debe, me doy cuenta de que ya no soy lo que era, me he vuelto veloz y resistente, será que quizá esta vez han tenido razón los médicos, el deporte es bueno, me ayuda a competir en carreras de velocidad con trenes bicolores.

Recuerda F=N*A. Fuerza= Masa* Aceleracion. Segunda ley de Newton.

Según esta formula, ayer, era toda yo, una mole infinita de fuerza que sacó el billete a tiempo, recorrió con sus 76 kilos de peso 100 metros y doscientos escalones en 30 segundos, quiebro primero a la derecha, después a la izquierda, luego de nuevo a la derecha y por ultimo al frente. Ningún récord mundial por el momento batido, solo muchas ganas de esconderme en la guarida de tu pecho y encontrar la calma que me roba la gran ciudad. Luces de colores, insisto, grabadas en una extranjera del mundo, provocan deseos inconscientes de huir.

Para ello segunda ley de Newton, indispensable.

En el fondo seguimos siendo animalillos a los que una excesiva información luminosa perturba.

Mientras tanto pierdo la cordura, un chico de color , cualquier color, se sienta a mi lado. Miro su piel, me parece bellísima. Está dormido. Transpira satinidad por los poros, es como una sabana de color chocolate, uniforme, tridimensional, inamovible. Parece una estatua mientras duerme, me acuerdo del David de Miguel Ángel.

Miro por la ventanilla del tren con la música a todo trapo, por un momento las farolas se reflejan en la ventanilla y la ventanilla en las farolas y así hacemos una constelación, la ventanilla y yo, de planetas y estrellas solitarias, me acuerdo del descubrimiento hace unos años de la supe tierra, si hombre, ese planeta que es 1,5 veces la tierra y cinco veces más pesado y que se supone cubierto de océanos o de rocas y que esta pegado a una estrella enana que es como nuestro sol pero mucho más frío. Un planeta que es bonito, pero no pivota y por eso no es la tierra, iba para tierra y se quedó en super tierra. Un planeta que comparte universo con nosotros que podría ser nuestro tesssssooorooooo sino fuera porque está a 20 años luz, es una faena que cada año luz venga a ser unos cuantos billones de kilómetros.

Oscuridad absoluta, he perdido mi constelación.

Tengo claro que la metáfora no es el universo sino como nos comportamos dentro él.

Tengo claro que esto no es la navidad sino lo siguiente, lo que está después de los chutes de glucosa, la efusividad, las comidas con los amigos y familiares, los regalos, las rebajas, los turrones, los huevos de pascua, ese maldito papa noel que sigue siendo rojo. Tengo claro que esto no es el portal de belén, ni el árbol, ni el tío que caga esperando que María escupa a Jesús por la vagina virgen. Tengo claro que no son los reyes magos, ni sabina, ni los millones de personas que exprimen sus últimos recursos con la esperanza de pasar la noche más buena de la mejor manera posible. Tengo claro que esto no es la noche de trivial después del atracón, ni los cubatas, ni el cigarro que me fumo porque deje de fumar cuando quería.

Tengo claro que esto no la historia es lo que sigue a la histeria cuando alguien nos dice hasta aquí puedo leer…

El resto tendrás que vivirlo tú.

Felices (y sucintas) Fiestas.

→ 7 comentariosCategorías: Leyendas · Viajes

G20 2.0

Septiembre 8, 2009 · 1 comentario

G-20 2.0

Tenía una propuesta seria, por parte de mi suegra, de entrar en el blog de Risto y pegarle el post. Lo estuve pensando (cinco segundos) anoche y he decidido que no, que yo por mi misma no voy a entrar en su tocho-ombligo de modernillo funky enteraillo de la vida a decirle lo que pienso, que busque fuera si quiere información, que es lo que hace todo hijo de vecino, es más para ver la realidad hay que salir de casa, así que… tú mismo.

Tengo que volver a hablar de tu programa, lo siento. Igual tú no lo crees pero lo siento de verdad.

Veo que has descansado, el fin de semana te ha sentado bien. Has podido regocijarte en tu sumun-share televisivo. Te has hecho cosquillas con los dedos de los pies en la nuca, te has lamido el codo, te has tocado la punta de la nariz con la lengua… ah!… que no, que no lo has hecho… pues lo demás tampoco. Cambiar el tono, ofrecer algo que no sea un refrito pro-telecinco, darle un formato propio que se aleje de la vulgaridad; eso tampoco lo has hecho. Venga, no puede ser tan difícil, manda al cagao a la productora y haz lo que te salga de las pelotillas.

Ahora va en serio. No sé el resto de telespectadores, yo ayer pase la gripe y (griega) con tu programa, entiendo que es tuyo porque solo sales tú de cuerpo presente. Como toda gripe tuve cinco minutos de subida al ver que no tartamudeabas, cinco minutos de estancamiento febril al comprobar que era la misma mierda con distinto olor, cinco minutos de desconexión, es lo suyo después del estancamiento y por fin cinco minutos de ausencia. De una total y placida ausencia.

Me arrasque la barriga mientras seguía inventando criaturas con el Spores (prometo que dejaré los videojuegos y volveré a escribir solo necesito un poco de tiempo) y cuando deje de escuchar el tonillo nostradamico de tu voz pregunté:

Cariño, ¿Quién estaba en el número uno? y cariño que miraba la televisión desde hacia rato sin prestarle atención me contestó… ¿Ya has conseguido asociarte con los reptus inmundus?. Obviamente estaba más atenta a mi partida de rol entre criaturas del pleistoceno que a la lista.

Ya sabes… la lista. Esa lista en la que una chica que tiene un látigo y se pega de bruces con un mazo que parece la cola de un dinosaurio. Si, hombre esa lista que se supone que penaliza a los 20 peores personajes de la actualidad… joder! Que si, esa lista que iba a presentar un creativo de publicidad y con la que nos íbamos a quedar bocas. Macho!!! Esa lista que hizo un montón de audiencia el primer día y tras la cual un montón de corazoncitos como el mío hicieron ..chof. Ya lo has recordado. ¿A que si?

Esa lista que nos promestiste iba a revolucionar el mundo de las listas.

Esa lista no existe.

Tu programa me aburre. La televisión son minutos, lo decís todos los que estáis en ese mundo, minutos que hay que aprovechar para enganchar a la gente, de eso se trata, de quitar esos minutos de ocio que la potencial audiencia puede dedicar a otro hobby (por ejemplo a leer) o a otra cadena e invitarles a que se queden. Aprovecha esos minutos para rebelarte de una santa vez y hacer las cosas como quieres. No me creo que seas tan hortera (bueno tal vez después de lo del hummer si que lo seas).

En fin, esperaré a la versión 3.0, a ver si me convence aunque ya sabes lo que dicen por ahí… no hay dos sin tres.

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G20

Septiembre 5, 2009 · 3 comentarios

No iba a hacerlo, pero después de ver dos programas seguidos ya tengo más criterio del que él mismo ha tenido en algunas ocasiones para enterrar en su psicopática verborrea a algunos pobres inocentes que tan solo estaban peleando contra viento y marea por hacerse un hueco en el mundo de la música.
Risto, deja los platos de TV y escribe libros, se te da mejor.
No es que yo sea defensora acerrima de Jesus Vazquez, me cae bien, eso si; ni tampoco lo soy de los triunfitos siempre he creído que debía hacerse una selección más cercana a la composición y menos basada en la imagen y las voces que son capaces de reinterpretar espectacularmente; pero después de ver los dos programas de G-20 he sentido una especie de desilusión aderezada de curiosidad. Empezaré primero por la curiosidad; si hay algo que me ha gustado de Risto, de entre todo lo que ha parido, ha sido su libro. Su primer libro “El pensamiento negativo”, es vivo, inteligente, cachondo, mordaz, no tiene nada que ver con la mala educación a la que últimamente nos tenía sometidos el personaje de Risto; pensé ilusa de mí que tal vez en OT, estaba limitado, que podría hacer y sobre todo decir cosas mucho más interesantes de las que decía si la cadena le daba un poco de libertad creativa, pero tengo que decir que me he llevado una gran decepción. El formato del programa me parece superficial, el énfasis de Risto forzado, está perdido, desorientado y cuando tiene que rematar al toro a duras penas si consigue marearlo. Seguro que JV se está frotando las manos en el sillón de su casa mientras ve como un día tras otro (de momento) Risto no consigue conducir adecuadamente su nuevo proyecto.

Seguro que alguna risilla malevola se le escapa, es humano.

Si yo fuera él iría cambiando algunas cosas, para empezar haría criticas de verdad, ya que el mastodontico cuerpo de Teresa de la Vega no me parece argumento suficiente para incluirlo en un G20. Me centraría más en los temas que verdaderamente interesan a la población y sacaría más contenido callejero y menos de peli porno, ya que el exponer en macropantallas imágenes de otros tiempos de Miriam de la Piedra me pareció soez y de mal gusto. La chica del látigo está pasada de moda y el sky de la lista me recuerda al salpicadero de un mil doscientos, no hablemos del mazo que es menos efectivo en causar impresión al espectador que Zapatero en intentar sacarnos de la crisis.

La televisión, la mires como la mires, últimamente es una bazofia, solo se habla de Belen Esteban, el Jesulin, la Campanario y la madre que los parió a todos. Se habla de ellos, como si fueran un asunto de estado, poneros a contar los minutos de televisión que ocupan y os daréis cuenta de que en este país es más importante que Andreita se coma el pollo a que todos tengamos un puesto de trabajo digno, una formación que se equipare con la europea o una cultura y educación que parezcan suficientes como para que las civilizaciones venideras nos recuerden. Aquí no, este es el país del lingotazo, del cachondeo, de la compra de votos a base de cheques guardería, promesas infinitas de 400 euros, planes de estimulo de la economía estúpidos que han hecho llenar los bolsillos del amigo de otro amigo que a su vez tiene un primo que ahora se dedica a fabricar carteles; por eso; puede que solo por eso, yo esperaba más de Risto, esperaba que hiciera un programa de denuncia Social solido, coherente, inteligente, morboso y qué me he encontrado, pues un tímido especulador sin argumentos sólidos que si se tuviera que juzgar a sí mismo, se nominaría directamente.

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Morir de soledad

Agosto 23, 2009 · 1 comentario

Luna llena

Puedo ser planta y guarecernerme entre las sombras de un jardin deshabitado.

Puedo ser nube y cabalgar por un angosto cielo verniego.

Puedo ser estrella que a miles de millones de años luz te guiña los ojos.

Puedo ser un caballito de mar que se ha perdido en las aguas pacificas y cristalinas de una isla pintada en el oceano.

Puedo ser la bacteria que te mete en la cama.

El diablo que te ata a esa sensación.

Esa, ya sabes que dura 30 segundos.

Puedo ser un girasol que se abre ante tu presencia y gira en redondo en un campo solitario… quemado,ciego, ¿triste?

Puedo ser la canoa y la toalla y la arena.

Puedo ser la sombrilla que esta quince días esperando a ser desclavada.

Puedo ser la cerveza que se abre en la barra de una caseta de fiestas cualquiera.

Puedo ser cancion , quisiera o querria, sonar desnuda en una playa desierta mientras algunas manos y pies se empeñan y despeñan en hurgar entre la arena.

Puedo ser la luna, que brilla y brilla tanto que a cualquier amante exaspera.

Puedo ser la resaca, el porro, la cenicienta (cómo era) espera.

Puedo ser un tanga en saldo,

un dardo

una quimera.

Puedo ser polvo y volar entera

por las dunas de marruecos mientras un turista se entierra en el vago estres que llama a su puerta.

Puedo no ser nada

me gusatría que así fuera.

Pero aquí estoy y el hecho es que sería mejor sino estaría o estuviera.

Bailando sentada en el quicio de tu puerta

soñando que me deshaces en tus manos pequeñas,

bebiendome las ranas de esta laguna incierta.

Puedo ser aire,flor, manta, tenaza, esquela

puedo ser en realidad lo que quiera

me puedo repetir, repetir y repetir , esta es mi pequeña miseria

y aquí hago y deshago lo que se me antoja desde pequeña.

Puedo ser tu…. ¡Venga! Que mas quisieras

levantarte una mañana, abrirte en canal todas las venas

sentirte siempre viva

donde quiera que fueras

no depender de la opinión que dependen las abejas

que es, la de querer ser alguien sin saber siquiera quien eras

Puedo ser blanco, negro, un gris cualquiera

¿esto que es lo que es?

Ojala lo supiera…

empezó como una declaracion de amor y ahora es la fuerza

que me obliga a levantarme de esta silla

donde me sentaron a la fuerza,

donde me dieron esquinazo.

Mira,

aquí estoy despierta

abriendo los ojos.

Porque soy lo que soy y me da igual

a quien coño le duela.

Puedo ser planta, arroz, hombre o histeria

tu tambien puedes, busca dentro, sentiras la fuerza..

de tener que navegar rio arriba

como un salmón cualquiera

que solo quiere deshovar

su espermitos en la hiedra,

que es el rio, que es la naturaleza

que es toda la vida…

La vida entera

llena tus pulmones

esto es la madre tierra

que te dice puedes ser, eres lo unico

que aun muerto se desentierra.

Vive en la preciosa libertad

sé la lenta espera.

Play on

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Visibilidad

Julio 26, 2009 · 8 comentarios

portada_Visibilidad 

Para aquellos y aquellas que estabais esperando, mi  nuevo libro ya se encuentra a la venta.

Os dejo el enlace

http://www.bubok.com/libros/13361/Visibilidad

 

Espero os guste.

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Sexual Healing

Junio 20, 2009 · 1 comentario

Pensamiento azul sobre fondo blanco. Me hablas sobre el cerebro, su estructura, sus juegos, las pasadas que nos juega en la antesala de la recompesa. Me acomodo, ante mí se dibuja la palabra orgasmo y un sentimiento inanimado de vergüenza recorre mi espalda. Llegamos a la conclusión, ya sabes, la de que Vangok se amputó la oreja no en un ataque de ego artistico sino en un arrebato de dolor auditivo. Me creo perdida, envuelta en un papel celofan que recuerda a una canción de Jazz. La resaca es una poderosa arma de autoconocimiento.
Me escribe, me escribe mucho desde hace mucho tiempo. El pasado vuelve a mi como si yo quisiera abrirle la puerta. Cepillo con una escoba la arena de mi puerta. En mi sueños pesco camarones de colores, de nuevo extiendo redes, vuelvo a nadar entre las gambas de un estanque cristalino, de nuevo lloro de emoción y eso me hace feliz… vuelvo a sentirme viva.
Pensamiento azul sobre fondo blanco. Te sonrio, he vuelto a sentarme sobre mi hipotalamo. Ya no quiero ser nada, abandonar cualquier postura es lo unico que me importa. Te veo resplandecer, en el calor de la noche, me afilo los colmillos, me relamo buscando en la oscuridad tu abrazo incierto. Como una gata, sin saber que esquina de tu cuerpo es la más adecuada para restregarme, me apreto contra tu espalda quedandome dormida, soñando que ya haciamos el amor, sabiendo que reinventabamos el sexo. Me despiertas, de nuevo caes sobre mi, eres torre de babel que ha dejado de comprender el orden que existe en los archivos de la mente. De pronto eres aura que no se ve, marea que recorre acantilados gigantes, animal que ataca, mastil en el que hundirme, verso que no se scribe, beso que no se da, agua que ya no bebes.
Eres la sed que me empuja a beber.
Pensamiento blanco sobre fondo azul, tu saliva es la pagina en la que escribo que ya no puedo hacer promesas sobre el futuro desde que Dios me dijo que solo él controlaba el destino de todas las personas y las cosas.
En la medio de la noche sueño, que los lagos del planeta son infinitamente azules, que ya casi nadie muere por amor, que la noche fresca sigue al día templado. Que la lluvia es una promesa de recompensa y que en realidad nunca es demasiado tarde sino una sabe dejar atrás las cosas.

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Yo, soy del Celso.

Mayo 30, 2009 · 2 comentarios

PortezueloEl que ha muerto tenía los ojos grises como el plumaje de un halcón peregrino. Se habían vuelto pequeños con el paso del tiempo, permanecían avidos en sus cuencas y aunque contaban entre los dos la historia más cruenta de la España reciente nunca dejaron de ser vivarachos e inquietos.
Los ojos de todo abuelito que se preste son vivarachos.
Cuando una perdida te sobreviene, así, de pronto, como sobrevienen las perdidas, una es incapaz de reaccionar de una forma mediantenamente digna. Ni aún esperando esta cruenta noticia resulta facil mantener el carácter castellano y la compostura. Admiro a las personas que son capaces de no llorar, ni gemir, ni patalear en el suelo, ni decir absolutamente nada cuando alguien que es muy querido para ellos se les va. Yo sabía la noticia, no era desconocida para mí, sabía que iba a suceder en poco tiempo, luego paso lo del sueño, de nuevo. Soñé el fin de semana anterior que entraba en nuestra alcoba y tenía como veinte años menos, llevaba sus gafas de leer puestas y le pregunte , ¿abuelo que estas buscando?. Y me contestó: Mi libro, me voy. Su libro era por supuesto el Quijote en castellano antiguo. En ese momento supe que el final estaba cerca. Le vi bien, con un poco de prisa, pero sano, otra vez vivo, otra vez resuelto a cruzarse España de cabo a rabo aunque fuera caminando. Lo demás fue cuestión de esperar.
Esperar.
A que las plantas echaran flores.
A que hiciera mucho calor.
A que amarillearan los senderos del pueblo en todas partes excepto en el lugar oportuno, la laguna que esta cerca del cementerio.
A que se hiciera de día, por si podía abrir los ojos y ver de nuevo el sol.
A que fuera lunes porque el fin de semana es el momento de descansar despues de una dura semana de jornadas “allí fuera”.
A que la vida entera y no solo una mala época volviera a pasar por delante de sus ojos, esta vez apagados y moribundos.
A que la paz y el descanso entraran por su cuerpo y volviera a ser el mismo, como aquellas tardes en las que siendo muy pequeña me llevaba con él al huerto y me enseñaba a hacer los surcos en la tierra, a regar, a atar las plantas de tomate a una caña para que no se veniceran por el peso. Me enseñaba a compreder que la sandía y el melón deben tener un tamaño idoneo de recogida, que uno debe ser cuidadoso y no destrozar aquello en lo que ha trabajado con tanto empeño durante muchos días al sol. Me enseñaba que montarse en un burro era el mejor medio de transporte en pleno agosto, que hay lugares donde es mejor no subir con un coche, que una piedra puede ser un trozo de papel higiencio y que siempre existe un buen momento para leer un libro.
Me enseñó que en la vida es mejor no escoger bandos, que todos los que pretenden convertirte en algo terminaran haciendote sufrir. Que hay veces en las que no hay más remedio y que en esas ocasiones hay que ser muy valiente y llorar, llorar hasta que todo el dolor que uno tiene dentro salga fuera.
¿No teneis la sensación de que con cada muerte que vivis se pierde un trozo de vuestra propia vida?. Yo creo que en esta ocasión he dejado resbalar por aquellos senderos un trocito muy querido y muy pequeño de mi infancia.

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