Pensamiento azul sobre fondo blanco. Me hablas sobre el cerebro, su estructura, sus juegos, las pasadas que nos juega en la antesala de la recompesa. Me acomodo, ante mí se dibuja la palabra orgasmo y un sentimiento inanimado de vergüenza recorre mi espalda. Llegamos a la conclusión, ya sabes, la de que Vangok se amputó la oreja no en un ataque de ego artistico sino en un arrebato de dolor auditivo. Me creo perdida, envuelta en un papel celofan que recuerda a una canción de Jazz. La resaca es una poderosa arma de autoconocimiento.
Me escribe, me escribe mucho desde hace mucho tiempo. El pasado vuelve a mi como si yo quisiera abrirle la puerta. Cepillo con una escoba la arena de mi puerta. En mi sueños pesco camarones de colores, de nuevo extiendo redes, vuelvo a nadar entre las gambas de un estanque cristalino, de nuevo lloro de emoción y eso me hace feliz… vuelvo a sentirme viva.
Pensamiento azul sobre fondo blanco. Te sonrio, he vuelto a sentarme sobre mi hipotalamo. Ya no quiero ser nada, abandonar cualquier postura es lo unico que me importa. Te veo resplandecer, en el calor de la noche, me afilo los colmillos, me relamo buscando en la oscuridad tu abrazo incierto. Como una gata, sin saber que esquina de tu cuerpo es la más adecuada para restregarme, me apreto contra tu espalda quedandome dormida, soñando que ya haciamos el amor, sabiendo que reinventabamos el sexo. Me despiertas, de nuevo caes sobre mi, eres torre de babel que ha dejado de comprender el orden que existe en los archivos de la mente. De pronto eres aura que no se ve, marea que recorre acantilados gigantes, animal que ataca, mastil en el que hundirme, verso que no se scribe, beso que no se da, agua que ya no bebes.
Eres la sed que me empuja a beber.
Pensamiento blanco sobre fondo azul, tu saliva es la pagina en la que escribo que ya no puedo hacer promesas sobre el futuro desde que Dios me dijo que solo él controlaba el destino de todas las personas y las cosas.
En la medio de la noche sueño, que los lagos del planeta son infinitamente azules, que ya casi nadie muere por amor, que la noche fresca sigue al día templado. Que la lluvia es una promesa de recompensa y que en realidad nunca es demasiado tarde sino una sabe dejar atrás las cosas.
Sexual Healing
Junio 20, 2009 · 1 comentario
→ 1 comentarioCategorías: Uncategorized
Etiquetado: Amor, Relatos
Yo, soy del Celso.
Mayo 30, 2009 · 2 comentarios
El que ha muerto tenía los ojos grises como el plumaje de un halcón peregrino. Se habían vuelto pequeños con el paso del tiempo, permanecían avidos en sus cuencas y aunque contaban entre los dos la historia más cruenta de la España reciente nunca dejaron de ser vivarachos e inquietos.
Los ojos de todo abuelito que se preste son vivarachos.
Cuando una perdida te sobreviene, así, de pronto, como sobrevienen las perdidas, una es incapaz de reaccionar de una forma mediantenamente digna. Ni aún esperando esta cruenta noticia resulta facil mantener el carácter castellano y la compostura. Admiro a las personas que son capaces de no llorar, ni gemir, ni patalear en el suelo, ni decir absolutamente nada cuando alguien que es muy querido para ellos se les va. Yo sabía la noticia, no era desconocida para mí, sabía que iba a suceder en poco tiempo, luego paso lo del sueño, de nuevo. Soñé el fin de semana anterior que entraba en nuestra alcoba y tenía como veinte años menos, llevaba sus gafas de leer puestas y le pregunte , ¿abuelo que estas buscando?. Y me contestó: Mi libro, me voy. Su libro era por supuesto el Quijote en castellano antiguo. En ese momento supe que el final estaba cerca. Le vi bien, con un poco de prisa, pero sano, otra vez vivo, otra vez resuelto a cruzarse España de cabo a rabo aunque fuera caminando. Lo demás fue cuestión de esperar.
Esperar.
A que las plantas echaran flores.
A que hiciera mucho calor.
A que amarillearan los senderos del pueblo en todas partes excepto en el lugar oportuno, la laguna que esta cerca del cementerio.
A que se hiciera de día, por si podía abrir los ojos y ver de nuevo el sol.
A que fuera lunes porque el fin de semana es el momento de descansar despues de una dura semana de jornadas “allí fuera”.
A que la vida entera y no solo una mala época volviera a pasar por delante de sus ojos, esta vez apagados y moribundos.
A que la paz y el descanso entraran por su cuerpo y volviera a ser el mismo, como aquellas tardes en las que siendo muy pequeña me llevaba con él al huerto y me enseñaba a hacer los surcos en la tierra, a regar, a atar las plantas de tomate a una caña para que no se veniceran por el peso. Me enseñaba a compreder que la sandía y el melón deben tener un tamaño idoneo de recogida, que uno debe ser cuidadoso y no destrozar aquello en lo que ha trabajado con tanto empeño durante muchos días al sol. Me enseñaba que montarse en un burro era el mejor medio de transporte en pleno agosto, que hay lugares donde es mejor no subir con un coche, que una piedra puede ser un trozo de papel higiencio y que siempre existe un buen momento para leer un libro.
Me enseñó que en la vida es mejor no escoger bandos, que todos los que pretenden convertirte en algo terminaran haciendote sufrir. Que hay veces en las que no hay más remedio y que en esas ocasiones hay que ser muy valiente y llorar, llorar hasta que todo el dolor que uno tiene dentro salga fuera.
¿No teneis la sensación de que con cada muerte que vivis se pierde un trozo de vuestra propia vida?. Yo creo que en esta ocasión he dejado resbalar por aquellos senderos un trocito muy querido y muy pequeño de mi infancia.
→ 2 comentariosCategorías: Amigos · Leyendas · Relatos
Etiquetado: Relatos
H1N1
Abril 28, 2009 · Deja un comentario
Imagínate que un día está de que te mueras. Del palo de empezar a enfermar sin motivo mientras un virus malévolo y conducido por nuestro gobiernos, desgobierna las calles. Tantas veces lo he visto en alguna película de tinte catastrófico, tantas, que verme en una situación así, gustándome tanto el género tendría gracia. Y ahora ¿qué?, me preguntaría mientras un sibilino y persistente pánico siembra las calles y ahora… qué.
Últimamente y gracias al último libro que me he leído me ha dado por hacer listas de cosas, es gracioso haberme sentido tan preocupada por ese viaje que no hice, por esa chica que no abordé, por esa otra que si fue abordada, por las millones de barbaridades que he dicho y he hecho en público, especialmente cuando era de noche, había salido de farra y me ponía el mundo por montera. Es graciosísimo, lo he pensado mucho… la respuesta, ya sabes, la de ¿Qué harías si supieras que vas a morir en diez días? Y la verdad es que no tengo una respuesta. Lo gracioso es que no tengo una respuesta. Lo habéis pensado en serio, no en un mundo idílico sino en uno gobernado por el miedo, por el pánico, por el desastre funcional a todos los niveles, lo habéis pensando en medio de una jungla en la que lo único que importa es la supervivencia.
He sobrevivido a dos atentados, he estado en el lugar equivocado y he dejado de estarlo y mi destino era estar allí y no se cumplió, por eso creo que soy una superviviente, no porque haya hecho nada especial por librarme de ninguna catástrofe sino porque el azar me ha ayudado a no estar en el sitio que tendría que estar cuando todo pasase. El retraso de un tren, una promesa de inicio de una vida mejor, un padre.
Me importaría una mierda lo que piensa la gente si dentro de diez días se declarase una pandemia mortal, sería tan importante lo que somos y lo que aparentamos ser y lo que es más importante, cómo de importante es como viva su vida tu vecino si la tuya propia está en peligro.
Piénsalo en serio, ¿te hace feliz esta vida?
→ Deja un ComentarioCategorías: Uncategorized
Etiquetado: Tontunas
Shiva
Abril 3, 2009 · 2 comentarios
Hoy el post lleva impreso el rollo coca-cola.
Solo quedan 113 días para el lanzamiento de mi último trabajo, con una sorpresa que nadie se espera. Podeis visualizar mejor el contenido del script (contador) desde mi página personal http://www.monicamartin.es/. WordPress no admite Js. Por lo demás no adelanto nada, os aseguro que la espera mercerá la pena y será absolutamente asequible.
Por cierto, ¿Cuántos de los que habeis votado en la encuesta de la izquierda a favor de “Como un templo” lo habeis hecho a conciencia?
Para los despistados, Sin Control aún continua a la venta, desde Bubok. Nueva edición, nuevo precio. http://www.bubok.com/libros/5090/sin-control
Es lo que tiene haber nacido en esta época, una igual vale para diseñar una página web, que para maquetar y editar un libro, que para ponerlo a la venta en un portal, que para escribir artículos de opinión, novelas, relatos y poesía. Me siento como Shiva, no por haber alcanzado el grado de Deidad sino porque en algunas ocasiones necesito cuatro brazos. Desde luego continuar con esta marcha sería totalmente impensable sino fuera por el apoyo de algunos y algunas de vosotras que continuais ahí a pesar de todo y no solo hablo de amigos y familia, que tambien, hablo de los incondicionales.
El post tambíen va de felicitaciones, quiero felicitar a Libertad Morán por su último artículo sobre series que incluyen personajes Lesbicos. He disfrutado leyendolo, como sé que a veces entra por aquí aprovecho. Felicidades, buen artículo.
Tirón de orejas para el jurado de Fama…¡La imunidad para Yure ya!!!!!!!!. Increíblemente sexy, trabajadora y creativa, si esta mujer no se merece ese gesto de reconocimiento me amputo la mano derecha en mi proximo sueño.
Saludos, navegantes, que lo paseis bien en Semana Santa.
→ 2 comentariosCategorías: Información
Fronteras.
Marzo 27, 2009 · 1 comentario
En ocasiones nos da por mirar hacia el horizonte, es en esos días despejados y luminosos en los que nos sentimos menos humanos; dotados tal vez, de una sustancia divina que nos confiere la suficiente fuerza, física y mental que necesitamos para afrontar nuestro día a día; en los que no somos conscientes de lo que tenemos. No nos hacemos la pregunta, esa pregunta molesta y capciosa que retumba en los momentos de espera en los que el tiempo ha parecido detenerse. Momentos en los que estamos obligados a ser un mero receptáculo de la vida. Véase, el trayecto en tren hasta llegar al trabajo; léase, la duermevela que quiere removernos cuando estamos a un paso de caer en las incunables manos de morfeo.
Todos tenemos una pregunta, es de ley, pero casi nadie está dispuesto a averiguar la respuesta.
Mientras tanto seguimos, criptonita en mano con nuestro ritmo.
6 AM. Suena el despertador. Desayuno, ducha, conducir hasta la estación.
7:45 AM . Coge tren o el tren te coge, que más da, llega un momento en el cual una pierde la perspectiva de las cosas.
8:12 AM. Sal de tren. Coge Metro.
8:45 AM. Llego al trabajo…
Me enfado
Trabajo
Me enfado
Trabajo
Me vuelvo a enfadar
Trabajo
Me siento insatisfecha pero no existe otra opción
Eso me enfada mucho más
Llega la hora de comer.
Tapper.
Más criptonita.
Vuelta al trabajo
¿Hoy se irá pronto?, Espero que si, es lo único que me da esperanza
Vegeto
Trabajo
Vegeto barra trabajo barra vegeto
Es mi hora salgo.
Corremos hasta el metro.
Tren
Me duele la espalda y la cabeza. Se me duermen las piernas. Hoy ha llegado hasta la misma llaga de mi orgullo, y que tenga cada día que soportar semejante sarta de argumentos sin sentido, que tenga que soportar la estupidez suprema venida hasta mi puerto cada día laborable de mi vida. Es lo que hay, pues sí, es lo que hay. Encojamos los hombros por el momento.
15 correos por jornada y cada día tengo las cosas menos claras. Me aburro, me exaspero, me siento iridiscente en el quicio de mi silla. Rutina. Eso es la rutina, una sustancia que se te pega por todas partes como si fuera aceite y no hay manera de despegarlo. Parece que me han untado de alquitrán y después me han emplumado, todo con el objeto de reírse abiertamente de mi.
Realizo esa cuenta mental de nuevo. Llevo realizando esta cuenta unos cuantos meses.
Hora y media ida más hora y media vuelta igual a tres horas.
Tres por cinco igual a quince horas semanales.
Quince horas semanales por cuatro igual a sesenta horas al mes, es decir una semana y media de horas laborables se pierden todos los meses en mis trayectos tele transportables camino del trabajo. 60 horas mensuales de mi vida se escapan por las vías del tren, sesenta horas de mi vida son invertidas en absolutamente nada. Algunas veces leo o escribo, otras escribo o leo. Las menos, gran parte del tiempo lo invierto en vegetar y evitar la pregunta. Ya sabes que pregunta.
Pisotones, empujones, caídas, apretones, el aliento de la gente que te respira en la nariz. La prisa, la impaciencia, los retrasos, los esqueletos de yonquis que todas las tardes vienen a pedirme dinero para comerse la heroína No les llega, para comprar pan, necesitan un chute.
Después de nuevo el coche. Son las ocho de la tarde. Tengo suerte hoy mi cabeza no explotó.
Ana dice en España tenéis miedo.
Pues si lo tenemos, por eso nos hemos convertido en los santos esclavos de esta patria. Alguien tiene que darle comer a los bancos, pobrecitos, a ellos tampoco les llega para comprar el pan necesitan su dosis y es que la ambición nunca es pagada con moneda suficiente. Buen invento el de la moneda, si señor, el problema es que su producción estaba avocada a ser infinita. Cuantos problemas se ahorraría el ser humano si necesitará cada vez menos en lugar de necesitar cada vez más.
Mi momento, 45 minutos de Spining, allí me imagino entre verdes praderas que un día crucé. Vuelvo a sentir el sol en mi cara, el viento, el olor de los pinos, la frustración de haber hecho cuarenta kilómetros en vez de sesenta. La criptonita fluye por mis venas, es lo primero que hago en todo el día porque realmente quiero hacerlo, lo primero que es exclusivamente territorio privado, es mi momento de victoria a través del sufrimiento. Mi mente se pone en modo trabajo. Soy off. Estoy off. Solo respiro, recuerdo a mi padre enseñándome a montar en bici. Los músculos son un río de sangre que me hace sentirme poderosa, ni siquiera yo misma conozco el alcance de mi fortaleza; aquí arriba me siento invencible, preparada llegar a cualquier sitio. Este pensamiento peligroso me domina, no seré la primera ciclista que inicia un viaje del que quizá no retorne. Tienes que conocer tus fuerzas, tu limite, medirte. Existe un punto de no retorno, hay que conocerlo o tal vez se haga demasiado tarde para volver, por eso exploraba cada día mi resistencia física y mental. Con la mental no tenía problema , en general no la he tenido nunca, me siento lo suficiente fuerte mentalmente para afrontar cualquier reto mental que se me plantee.
Soy Parkman con los ojos en blanco, recorriendo lugares que no conozco. Aquí ni siquiera escribir es importante, lo importante es llegar, no importa cuanto duela. No importa cuanto se haya perdido por el camino, a menudo todo lo que no es realmente vital e importante para el ser humano se convierte en el mayor escollo con el que creemos encontrarnos. No lo encontramos lo llevamos con nosotros y resulta insufrible continuar hacia delante mientras no nos demos cuenta de cuanto peso llevamos a las espaladas. El lastre tiene que ser liberado del equipaje para poder continuar, sin sentar precedente, esto es una máxima en la vida.
Abro los ojos, el bipper automático me ha despertado, relajo, relajo, relajo. Respiro, respiro, respiro.
Sin ninguna declaración de intenciones por el momento, por el momento lo importante soy yo, llegar hasta la meta, la frontera, el límite es la meta. Conocerlo, porque aún me es desconocido. El limite es no entrar en el juego de quien juega en lugar de explorar. En lugar de explotar. Explota, me gustan las vísceras ajenas.
Llega el fin de semana, para engrasar las máquinas nos hacemos 8 kilómetros, ni siquiera sudo. Me divierte eso sí, probar que mi burra aún funciona con un mínimo mantenimiento. Somos parecidas, yo no necesito mantenimiento, sin embargo continuo funcionando.
Un día ya no miras más hacia el horizonte, bueno tal vez sí, de vez en cuando mientras estoy tumbada en la cama con la rodilla derecha inflamada, haciendo cuentas sobre las horas que he perdido sobre cuantas veces me he sentido frustrada por no haber llegado al límite; atisbo el horizonte que sigue ahí, inalcanzable y me hago, dolorosa lesión en poder de mi cuerpo, la siguiente pregunta, ya sabes, la pregunta… ¿no será que de verdad mi frontera era inalcanzable?
→ 1 comentarioCategorías: Viajes
Etiquetado: Tontunas
Parole, Parole, Parole
Marzo 3, 2009 · 2 comentarios
Han pasado unos cuantos días. Echo de menos su olor. Vilma, yo, nos paseamos a tientas por la oscuridad de su recuerdo. La línea del recuerdo es como la de la soledad, relativa, temblorosa, pública. Este fin de semana no ha habido cañas. Echo de menos mi tiempo de cañas, de juntarnos unas cuantas, de hablar. Hubo sin embargo un bocata de calamares en Atocha, un grupo de adolescentes americanos que hacían ascos a una paella. Un beso, un abrazo, más fotos con las vacas de colores, una despedida furtiva y como siempre, después de todo, el miedo. Miedo a ser descubierta. Miedo a sentirme descubierta. Después una hermana y otra y otra y un reencuentro , Mariangeles, más mujer de lo que solía recodarla y más cansada también.
Ella y todos los años que la acompañan.
La certeza.
La certeza, dice:
- Voy a ser abuela.
Joder. Neni, la marigelis, abuela. Que fuerte!
- Todos los días salimos a buscar trabajo y después… depués ¿qué?
Miramos en redondo alrededor del puente de humo que nos rodea.
- Las Voldam.
- Las voldam? – Esto no son cañas son voldam no es lo mismo.
- Chato – Grita – Las voldam… El chato, que no tendrá más de 25, confiesa, a su pesar que no le quedan. Se encoge de hombros como sino puediera hacer otra cosa.
- No me quedan- Dice.
Y yo siento que la tercera guerra mundial se abre paso en escena. Hamsira, se rie con dolor del reflejo plantar-talonar, se deshace en sonrisas. Llega el momento de la verdad. Hablamos de tíos.Es lo que toca hay que opinar. Después hablamos de mi, pataditas en el corazón, sigo pidiendo té, todo mi cuerpo quiere té. Conozco demasiado bien el punto en el que la línea, esta vez del control, se difumina.
Marigelis abuela.
Y yo casada.
La vida, incluso cuando la crisis ha dejado de ser un tema de conversación, es cruel. Te permite ver como te haces mayor, como fisicamente estas cansada, como mentalemente te vuelves rígida y justo cuando te das cuenta que vas perdiendo la tarde de un sabado en discutir con un chaval porque los de la mesa de enfrente tienen Voldam y tú no, cae sobre ti todo el tiempo que pasa sin darte cuenta. Como un mazazo, de golpe y sin aviso, las ves ahí, naciendo justo desde tus ojos entrecerrados. Son arrugas, la piel se cae. Tengo miedo hamsira, me hago mayor.
- Pues si, abuela.
Y yo soñando que de pronto me quedo embarazada, soñando en la soledad de su ausencia que tengo en casa nidos con pajaritos muy pequeños, elefantes y algunas otras especies animales que desconozco. Será que mi reloj biológico se ha despertado. Menudo marrón. Entre tanto pierdo el tiempo, hablo con mi perra. Espero su próxima llamada, hablamos durante horas, casi parece que no te has ido. Me acuestas y esa noche sueño que hemos hecho el amor como salvajes en el borde de una acantilado verde.
El mar al fondo.
Bravo.
El sabor de tus besos
Marigelis abuela y yo, yo deshecha con cada uno de los olores de ese sueño. Deshecha por los pajaritos, porque así de pronto me siento más mayor de lo que soy. Pasan las horas mi abuelo levanta cabeza. Iba a morirse pero ha decidido que de momento no le viene bien, mi madre me cuenta, abuela también toda ella, que el capellán del hospital se coló en su cuarto. Venía a darle los santos sacramentos.
- Vengo a darle los santos sacramentos-
Dijo
-Usted ¿Se arrepiente?
Dijo
Y mi abuelo contesto
Yo, no me arrepiento de nada
A mi me han hecho mucho daño, no me arrepiento de nada-
Es un genio. Los genios no deben morir, lo decía Mecano. Pasan las horas, Yoli no contesta a mis tam-tam cerebrales. Por cierto Marigelis, abuela… pero yoli, madre y yo, esposa. Todas con titulo oficial.
Vuelves a llamar de nuevo no te cuento lo del acantilado, me siento obscena. A cada golpe de tus palabras vuelve a mi tu recuerdo, el sabor de ese bocata en Atocha, lo guapa que estabas. La carnosidad de tus labios se graba a fuego en mi mente. Un escalofrío me parte. Me arrepiento de no haberte besado. Me siento como una imbecil. Te cuento que he ido a ver a mi mamá, que mi abuelo está mejor pero que se siente preocupado, después de la visita del capellán cree que vamos a enterrarle. No me cansaré de decirlo, hay personas que no saben, de verdad, cuando es totalmente innecesaria su presencia. Maldigo sus santos sacarmentos en siete lenguas muertas diferentes, después me quedo tan a gusto. Perjuro. Te digo, convencidisma, que un hijo mio jamas se bautizara a no ser que sea por decision propia y con la mayoria de edad en la mano. Y aún así tendría que ver si ya la iglesia paga a hacienda impuestos al mismo nivel que los demás ciudadanos. Me caigo de culo.
¿Desde cuando voy a tener niños?
Los nidos de pajaritos
Los elefantes
La marigelis
Las voldam Yoli, Lola, Ivan y la distancia.
Tú y el acantilado volveis a mi cabeza casi me alegro de que ya sea domingo.
Mientras pienso no trabajo, mientras trabajo no pienso.. y no me acuerdo, por supuesto, de tus lunares
Y tu piel
Y tu espalda
Y esa sonrisa que me vuelve idiota.
De la buena suerte que tenemos (pajaritos incluidos)
Del tiempo que hace que no nos sentamos en un prado.
De como aprendí a leer entre lineas.
Del sabor salado de tu sexo.
Mientras trabajo no me acuerdo…
De las noches que paso buscando tu cuerpo en la cama mientras no estas.
De cuando estas y no te encuentro.
De cuando, por desgracia, tú si me encuentras y tienes los pies helados.
No me acuerdo
Del tiempo que pasa mientras los sueños idiotas de una mujer que teme ser madre, esposa, hija surgen de su mente y le recuerdan que puede que algún día sea demasiado tarde.
Y me siento frente a ti, incluso en la distancia y mirando tus ojos que imagino brillantes y negros me preguntas algo para lo que no tengo una respuesta,
Pero tú, ¿Desde cuando quieres tener hijos?
→ 2 comentariosCategorías: Amigos · Humor · Leyendas · Relatos
Alba
Febrero 6, 2009 · 5 comentarios
¿Lo mejor?, su sonrisa. Sus ojos. Su sonrisa. Todavía hoy no consigo decidirme.
Cada día la veo en el tren. Taconazo, pelo liso, negro, sedoso. Piel blanca y suave. Una sonrisa blanca y perfecta de esas que clavan dos hoyuelos en las mejillas. No es perfecta pero a mí me encanta. Desprende un inquebrantable olor a cereza, pasas por su lado y ya estas perdida. La miras, puedes pasar horas mirándola y cada vez verás el atardecer cayendo de su mirada. Al fondo del vagón la luna que recorre mi imaginación cuando la veo entrar por la puerta de mi vagón de metro.
No sé mucho de lo que en mi despierta pero creo que está comenzando a darme miedo.
Un, dos, tres paradas. Tac, tac, tac. Posiciona sus rodillas marcando una equis perfecta y yo enamorada por completo de su quiniela. Esa equis, yo, estamos vendidos por completo. Anulo mis quehaceres diarios y persigo su esponjosa melena con mis oídos. Siempre se me hace tarde contemplándola.
Como si tuviera tiempo para eso, como si aún tuviera tiempo para eso.
El caso es, que aún, no sé como ha sucedido. Sencillamente pasó, como pasan las cosas que tienen que pasar a tiempo, como pasan las cosas que descubren facetas de una misma que han estado durante mucho tiempo ausentes.
Recorro su espalda, es una cascada que moja lentamente mis pensamientos.
Los ojos, culpables, se llenan de lágrimas.
Aprieto la mandíbula, finjo que no la miro, pero los ojos, mis ojos, aún culpables se escapan directamente hacia su mirada. Ella no me esquiva, nunca esquiva una mirada mía. Se sabe poderosa en esa jungla de cabezas.
Obviamente no está a mi alcance y sin embargo mantengo la esperanza de que lo pueda estar en un futuro. Se sonríe cuando me encuentra observando el color de sus medias, hace como sino me viera pero en realidad yo sé que no pierde detalle. Lo mejor de no ser detallista es que una puede permitirse el lujo de no perder detalle.
Se llamará Miriam, Lucía, Laura. ¿Se llamará cualquier cosa que yo quiera llamarla?
Tiene los ojos negros. Eso ya lo dije antes, por ejemplo son de color azabache.
¿He dicho ya que son preciosos?
¿He dicho ya que por muy fijamente que la mires nunca pestañea?
Al principio, cuando comenzamos a observarnos, yo volvía a casa del trabajo y ella de cualquier parte. Ahora se acabó el trabajo, pero yo igual sigo volviendo a la misma hora y al mismo vagón de tren y allí está ella, entrando por la puerta. Sobrecogida, errante, vestida de indiferencia.
Después aquellas tres paradas en las y yo me esforzaré en no cruzar mis ojos con los suyos. Pura vergüenza, miedo, indecisión, pero sus ojos y los míos siempre se encuentran. Como quiera que se llame, sonríe a pies juntillas, y a mí se me caen de un plumazo las cien recetas sobre como cocinar un amor a escondidas.
Cierro el tarro de las palabras fritas, es la única manera de permanecer impermeable a la carnalidad que despierta en mi semejante ejemplar de hembra. Sin manías, ya lo dije, para eso no me queda tiempo.
Agoto mi paciencia, no tengo valor para perseguirla calle abajo, aunque lo confieso me gustaría, me gustaría mucho. Seguirla calle abajo, saber donde vive, ver balancearse sus caderas por la gran vía. Rehuir su pelo entre la muchedumbre y descubrir al fin que alguien que no soy yo la está esperando.
No lo hago, yo, como todas las tardes espero una parada más y continuo mi camino, un camino que desando imaginando el olor de su piel, el tacto de sus manos, como será aquello que está escondido en el vértice de sus piernas. Siento la húmeda inconsciencia de mi pasado entrando en mi memoria. Me acuerdo de cuantas veces he gritado en la oscuridad de una noche cálida y ni por asomo puedo compararlo a los deseos que despierta en mí, por ejemplo Laura. Esa equis y un frío detonador suben desde la planta de mis pies provocando un hormigueo inusitado
.
Ya sé, ya sé lo que significa esa maraña de sensaciones, me apresuro, pronto la sangre se agolpará en torno a mis piernas, henchirá las caprichosas zonas mi cuerpo y el dolor propio de una erección incorrecta me dará el primer aviso. Como cenicienta he de volver a casa antes de que suenen las doce campanadas. Llorar sobre la almohada, gemir en silencio mientras apago cada tarde la hoguera que despierta su imagen. Vomito orgasmos en su nombre, estaría bien que se llamara Laura, aunque si fuese Helena tampoco me importaría lo más mínimo. Mis manos se pierden en un húmedo y solitario baile, tras cerrar la puerta de mi cuarto apenas soporto mi propio espacio. No tardo nada, mi mente ha hecho el resto por el camino. Brindo a su salud, me siento feliz de haber conocido la excitación en estado puro.
Lo digo, son muchos minutos que se suman alargando una vida. La mía. Y es que el deseo es sobre todo esperanza. Vitalidad. Dolor. Querer llenarse y no conseguirlo más que por un tiempo. Es ser taza de cristal que se vacía y vuelve a llenarse. Es, por ejemplo, regresar a ese vagón de metro deseando que me diga al oído cualquier cosa.
Convencionalismos aparte. Tendría suficiente con un Lo sé.
Sé lo que haces, lo que sueñas, lo que esperas, lo que evocas. Sé, como se llaman todas las tardes en las que riegas mi imagen con el salado río de tu cuerpo. Sé que te desarmas cuando imaginas mi cuerpo caliente deshaciéndose entre tus dedos.
No quiero un saludo, quiero, necesito, el murmullo de sus labios rozando mis oídos
Mi vientre. Mis caderas.
No quiero palabras, necesito batirme en duelo con su lengua.
No quiero nada que no pueda darme, si es que dándome lo que necesito evito conocerla.
Esta tarde me he dormido, pasé una mala noche y caí rendida después de comer. Llego tarde a mi cita, corro escaleras abajo y cuando todavía falta un minuto para coger el vagón en el que suelo sentarme a esperarla noto una mano que se posa en mi cintura. El andén es un infestado río de cabezas en el que no puedo identificar que animal me atrapa, siento miedo y al mismo tiempo la tranquilidad de su permeable olor a cereza. Solo es un roce casual que no tendría la más mínima importancia si no fuera porque es la mano que guía mis manos. La siento, el tren no llega y sus dedos continúan apretando el contorno de mi cadera. Me rodea, posa su otra mano y me atrae contra su pelvis. Rodeadas de gente me siento indefensa, no sé que puedo decir o hacer. Tengo miedo a moverme y perder para siempre la oportunidad de sentir su cuerpo tan cerca. No intenta hacerse hueco, asegurarse un puesto entre la multitud de un andén atestado en hora punta, quiere saber lo que yo sé. Sentir lo que yo siento. Ver lo que reflejan mis ojos cuando miran los suyos. Aprieta mi cuerpo contra el suyo, el calor de su sexo rompe las distancias, casi no puedo respirar. Siento sus pechos hundirse lentamente en mi espalda. Su aliento, inesperado, no dice nada pero anuncia el desenlace de una batalla extremadamente larga.
No pares.
No te alejes.
Esta será la última vez que nos veamos.
El tren llega, las puertas se abren y pasa detrás de mí. Vuelve a clavarse en medio del vagón, dibujando su letra favorita. Desmadejada, descompuesta, sin un mínimo de dignidad, ya no me siento frente a ella a observar la lánguida caída de sus pestañas sino que me aposto frente a sus ojos, sujetándome de la misma barra. Rozando su mano con la mía, así intento demostrarle que no tengo miedo, aunque en el fondo me flaqueen las piernas. Fijo sus pupilas con las mías, protagonizamos un duelo que sabe a victoria. Me balanceo, quiero ser movimiento de aire en una extenuante danza que hoy está marcada por los astros.
Nena, no puedo dejar de mirar tus ojos. Nena, no puedo dejar de mirar tus labios.
¿He dicho ya que siento autentica pasión por el transporte público?
Que cuando necesito cariño me pierdo entre la gente que sumida en su vertiginoso ritmo de vida no se da cuenta de la energía que desprende.
Tac, tac, tac. Hoy tus tacones no silban se han quedado mudos. Me estaban esperando.
Una, dos y en medio de un túnel el metro se para. Se apaga la luz y el tubo de emergencia ilumina el sadismo entre los asustados rostros de la gente, gritos apagados en la sombra anuncian una avería tremendamente oportuna. Nadie pierde la calma. Ella y yo nos miramos cada vez más cerca. Apoyamos su frente y la mía dibujando un espejo. La respiración común de doscientas personas va viciando el ambiente. Su boca se acerca, su aliento fresco delata que no está más sediento quien menos bebe sino quien más corre. El latir de dos centenas y dos medios corazones que van a destiempo son el medidor perfecto para estos pasos. Acércate, los minutos son un concepto relativo cuando lo que premia no levanta a medio metro del suelo. Caprichosa me toca, antes de besarme, me toca y juro por dios que estoy tan húmeda que hace que su mano se detenga.
Sinvergüenza, ¿Es que no vas a besarme?
Este es el juego, ¿Nos tocamos sin besarnos?
Convencionalismos aparte, reina, me hubiera encantado escuchar tu voz pero ya que esto es lo que hay no me queda más remedio que dejar de dudar y entreabrir un poco las piernas porque a pesar de lo que creamos no nos queda tanto tiempo. Creo que esta será la última vez que nos veamos.
Entiende el mensaje a la primera y comienza a agitar su mano, con cuidado para no despertar sospechas entre nuestros vecinos de angustiosa espera. Arranca y se detiene. Parecemos dos amigas que están asustadas y se abrazan, nadie se extraña de la surrealista estampa que formamos, puesto que a nuestro alrededor la gente ha comenzado a perder la calma. Están ocupados hiperventilando su miseria, crecen como arboles en el miedo que sienten a morir mientras mi cuerpo tiembla en esta explosión de vida. La oscuridad sigue llenando el túnel, mi mente y mi cuerpo se vacían en el placer de saberse descubiertos. Quiero besarla pero el deseo de llegar hasta el final me lo impide.
30 años de inconsciencia y al fin puedo decir que mi vida ha merecido la pena.
Me convulsiono sobre su batir desmesurado y elegante, sobre sus tacones. La seda de su pelo y su blanca piel. Sobre el sabor de su cuello, que si fue mío, sobre los millones de cosas que jamás podré decirle. Sobre su mano que se llenó de una sexualidad plena y desatada. Sobre ese descaro y ese atrevimiento. Sobre aquellos que no pueden sentirse libres, sobre la histeria colectiva me rompo, me hundo, me deshago, mis rodillas no soportan mi peso. Riego el algodón blanco de mi ropa interior. Para no gritar muerdo su abrigo y unas lagrimas de rabia, alegría y desesperación anuncian el final del episodio más raro que he vivido en toda mi vida.
Esto es amor o por lo menos se le parece bastante.
A escondidas recupero el aliento y todavía entre sus brazos le pregunto su nombre. Con la dulzura propia de lo inviolable me contesta. Alba. Mi nombre es Alba.
Recuperamos la normalidad, la luz ilumina el gentío. Nos miramos a los ojos, nos sonreímos y nos vamos alejando la una de la otra. Para no complicar más las cosas, contamos hasta tres. Llegamos, punto y final de la historia. Alba se desliza entre la gente como un alud de primaveras sin aflorar y desaparece guiñándome un ojo.
La satisfacción se mezcla con el duelo por su marcha.
Y qué los más bellos amaneceres de este mundo sean tan cortos.
Y qué los más bellos amaneceres de mi mundo pertenezcan a otro…
→ 5 comentariosCategorías: Uncategorized
Etiquetado: relato lesbico
Mañana hablaré sobre hoy…
Enero 20, 2009 · 1 comentario
Hace tiempo, no mucho, me encontraba un poco bloqueada y al mismo tiempo con ganas de explorar; es por ello que empecé a escribir una especie de experimento en el fondo un poco absurdo, llamado 44 milímetros. Aunque dicho cuaderno de batalla resultó ser bastante útil, desde un punto de vista estrictamente creativo, me trajo consigo algunos problemillas internos; esto es en cristiano miedo; y por ese motivo tomé la decisión de parar el proyecto.
No creo que este cuaderno-bitacora de batalla vea la luz nunca, al menos mientras yo este viva y es que inevitablemente cuando una está dispuesta a todo por la vía creativa, lo irremediable es descubrir demasiadas cosas que asustan y que desagradan. Lo irremediable es verse expuesto.
Algunos relatos contenidos en este ejercicio si han visto la luz a través de mi último libro “Grandes éxitos y pequeños fracasos” . Estos son los escogidos por su belleza, por su momento, por la ternura con la que han sido escritos y por la ternura también con la que han sido leídos después.
De entre los ejercicios llevados a cabo en esta locura de proyecto se encuentra el siguiente que os invito a experimentar ya que puede ser muy útil en el día a día.
Toma un cuaderno en blanco, el más barato y transportable que encuentres y dedica diez minutos diarios a escribir.
Solo diez minutos. Date licencia para todo.
Cuando haya pasado un mes evalúa tu trabajo, nunca leas lo que has escrito cada día antes de que haya pasado un mes completo.
Para combatir mi furia diaria trace una variante:
Lo mismo, pero solo puedo hablar del día anterior. El resultado está siendo asombroso a nivel personal.
Dentro de un mes os cuento.
→ 1 comentarioCategorías: Amigos · Cuentos
De otro planeta
Enero 14, 2009 · Deja un comentario
A través de Facebook he recibido la siguiente noticia. Quería haceros participes de ella y recomendaros que visiteis la revista Iguazú, tiene muy buena pinta.
Notas escritas por Mercedes Ramirez R.
A proposito del 1er aniversario del programa de radio “Desde fuera del Armario” que dirige mi socia, Carmen Rodriguez, y se transmite por Onda Jerez y otras 107 emisoras andaluzas. Nuestra amiga Nuria Rita Sebastian, editora “con carrito” de la Revista Iguazú y del Libro “¿De otro Planeta?, miradas cotidianas desde el universo Blog”, regala, por esta semana unicamente, una edición en PDF del libro. Lo recomiendo a todas, ampliamente. Es la recopilación de textos de 34 blogueras lesbianas, editados con un acertadísimo criterio por parte de Nuria. Es un trabajo excelente que para quienes no consigueron la Edición impresa, vale la pena leer. Pronto Nuria hará una edición revisada del libro. De paso recomiendo tambien Iguazú que es un hermoso trabajo periódico de literatura y cultura, dirigido por Nuria.
Aqui la descarga: http://idazki.net/revistaiguazu/?p=110

Desde Fuera del Armario:
http://www.desdefueradelarmario.com
Sobre “¿De otro planeta”?
http://www.idazki.net/deotroplaneta/
→ Deja un ComentarioCategorías: Cultura Lesbiana · Libros · Noticias
Etiquetado: Literatura Lesbica, Noticias